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Jueves, 17 de marzo de 2016

TANGERINE, ACIDEZ Y DULZURA

LOS ANGELES CAÍDOS

Dos ex prostitutas trans inspiraron y protagonizan esta frenética pero esencialista película de Sean Baker.

 Por Brian Majlin

“Los Angeles es un engaño con envoltorio bonito.” Con esa sola frase dicha al pasar en medio de la vertiginosa Tangerine, la road movie de Sean Baker que estrena hoy en el país y está protagonizada por dos actrices trans debutantes (ex prostitutas que inspiraron la historia), se deja entrever una realidad que la apertura cultural, la progresía discursiva y la ampliación de derechos LGTBI no puede embellecer: el promedio de edad de las transexuales latinoamericanas es de 35 años y la mayor parte sufre ataques transfóbicos que van de la humillación al asesinato. Y no parece haber trabajo para ellas más allá de la prostitución.

A este realismo aplastante y sofocante, repleto de violencia –simbólica, física, existencial y total–, la película protagonizada por Kitana Kiki Rodríguez y Mya Taylor, ambas nominadas a los Independent Spirit Awards, le opone un humor a prueba de odios: Sin Dee Rela (Rodríguez) sale de prisión y busca a Chester, su cafiolo y prometido, que la engañó durante los 28 días que estuvo detenida. Y, como deja entrever, también antes.

La búsqueda la lleva –de la mano de su mejor amiga Alexandra (Taylor)– por el bajo Los Angeles, en el que se mezclan prostitutas trans y mujeres (las menos, incluso rechazadas), cafiolos, dealers, policías que apañan, clientes en búsqueda de desahogo, clientes enamorados, clientes culpógenos, clientes avergonzados, familias que buscan respuestas y culpas en ellas, transfóbicos que las atacan y un cúmulo de anécdotas que configuran un día llamativo para el espectador pero normal –y posible– para ellas.

Se suman, de a una y con un ritmo arrollador, escenas captadas con tres Iphone 5 –una decisión tecnológica al servicio de la imagen corrosiva y corroída del bajofondo que retrata–, que reflejan la incertidumbre laboral, la falta de perspectivas, las dudas, la confianza desmedida y, detrás de la cáscara de la mandarina, la verdad desangelada en gajos: soledad, desamor, desconfianza, adulterio, amistad, amor platónico, amor carnal o mera carne.

Multipremiada y destacada en festivales como Sundance o el de Mar del Plata, Tangerine sorprende por la crudeza y la acidez puesta al servicio de la reflexión. Sin golpe bajo, sin apelar a lo peor que se intuye e incluso con dosis de humor ante lo que pareciera imposible de provocar risas. Si toda la discursiva actual busca dotar de derechos y reconocimiento y garantizar la existencia de todo el conjunto LGTBI, entendiendo su explotación o autoexplotación como resultado del abandono –de múltiples abandonos–, la película de Baker es un llamado a lo más esencial: son dos chicas que sufren, se ríen, se lamen las heridas, pelean por subsistir y buscan, como todos, el amor y la felicidad.

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