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Jueves, 6 de octubre de 2016

La era de la holopaja

¿Reemplazará el porno de realidad virtual al sexo? ¿Sueñan los jeropas con vaginas eléctricas?

 Por Hernán Panessi

Bienvenidos al futuro de la masturbación. A diferencia de otras, a esta ciencia ficción nadie se le anima: ¿reemplazará el porno de realidad virtual al sexo? La pregunta no es tan descabellada cuando bajan las mareas de artículos hablando sobre el presente inmediato del XXX: tendrá cascos o lentes o cascos con lentes, archivos y, hasta que se diga lo contrario, los líquidos de siempre.

A principio de 2016, fruto del advenimiento de la tecnología, la duda quedó instalada y, cuando se la tiraron a Sasha Grey, la más porno de las escritoras, la más indie de las actrices, frenó la rueda: dijo que no, que a ella no le gustaba. Sin embargo, tanto los artículos, como Sasha, como cualquiera que busque lo que se busca con el porno coinciden en que todavía es una tecnología joven, inexplorada, con mucho potencial: virgen.

Para frenar el galope y acogotar la gallina, ya hay portales que distribuyen videos para estos dispositivos. El más copado: pornqueenvr.com. Y por ahí, la manija de la actualización techie del POV: tus ojos son los ojos del protagonista. Qué placer. Qué problema. Y si algo le faltaba al porno era parecerse a la copia gastada de Virtual Encounters que The Film Zone pasaba hasta al hartazgo o a Sylvester Stallone y Sandra Bullock con sus casquitos sin enfermedades de transmisión sexual en El demoledor.

¿Pegarán masivamente estos chiches? Por ahora, la mano viene tranquila. Y no es que la otra esté entretenida, es que los dispositivos VR son caros. ¿Que si asusta el potencial? Claro que sí. Basta con ver los demos que hay dando vueltas: tu cabeza se toma el Halcón Milenario, que te deja en una galaxia muy, muy lejana. La fantasía proyectual del “soy lo que está pasando” da un giro hacia adelante: “No sólo soy, sino que ahora realmente veo lo que está pasando”.

No obstante, hasta el momento, una sola verdad: el porno VR es pasivo. Como con Adrián Dárgelos, puedes mirar pero no tocar. ¿Si es suficiente? Pfff. Falta manotear, oler, besar, estrujar, bajar, subir, y sobra todo lo demás. Y todavía falta resolver el tema de las caras: no hay situación en la que las personas se vean más idiotas que mirando un culo. “No, disculpe, me pareció que ese culo era familiar mío”. Entonces, habrá que pensar en esa cara con un visor 360°. La cosa va por allí y, en vías de todo lo falso y despreciable que hay en el mundo, el porno VR tuerce la vista y aporta: es igual de limpio que todo lo limpio e igual de sucio que todo lo sucio. Sin dramas ni complicaciones, falta el calor pero sobran los ceros.

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