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Jueves, 10 de julio de 2003

CONVIVIR CON VIRUS

convivir con virus

 Por Marta Dillon

¿Qué hacés cuando te piden monedas en la calle? ¿Decís “no tengo” sin buscar en los bolsillos? ¿Mirás a la cara de quien las pide? ¿Reconocés en ese pedido la urgencia del hambre, del miedo a no juntar lo necesario al llegar la noche, la necesidad de tener algo para fumar? ¿Mirás para otro lado? ¿Te sentís peor después de entregar la moneda? ¿Viste alguna vez los ojos extraviados de los pibitos que fuman crack antes de cumplir diez años? ¿Te imaginaste alguna vez de qué se trata el frío cuando no hay dónde volver? ¿Te da miedo cuando el pedido te asalta de improviso? ¿Cerrás la ventanilla del auto? ¿Te disculpás? ¿Mirás los ojos de quien pide? ¿Para qué mierda sirve dar monedas? ¿Ofrecés panchos en lugar de monedas? ¿Te importa si van a comprar pegamento, comida o caramelos cuando das una moneda? ¿Hay algo más violento que arrojar las monedas en la mano que se tiende? ¿Hay algo peor que ponerse por un instante en el lugar de los pibitos que aprendieron el oficio de pedir, que saben que crecer es quedarse sin recursos porque ya no dan tanta pena, porque llega un momento en que lo que recibirán será un andá a trabajar automático y sin sentido porque para el que nació al margen el único trabajo posible es poner el lomo 12 horas y no recibir ni siquiera un peso por hora? ¿Hay algo más estúpido que hacerse estas preguntas retóricas y pensar que algún día algo va a cambiar, sabiendo que ese día no va a llegar y que no hacemos nada para que llegue? ¿Qué mierda se hace con ese pañuelito mojado en que se convierte el corazón cuando de pronto y sin aviso miraste en los ojos de quien pide y viste el futuro quemarse como una cañita voladora? ¿Qué quieren decir los que se espantan porque los chicos son los más violentos cuando la violencia crece como un alud cuando se descarga sobre esos mismos chicos? ¿Pensaste alguna vez que pedir monedas por abrir las puertas de los taxis es lo más parecido a un trabajo honesto para los que andan a la deriva? ¿Alguna vez le preguntaste el nombre a quien te pedía una moneda? ¿Se te ocurrió qué puede pasar si de pronto ese chico o esa chica se convierte en persona, te cuenta su historia, te dice cuánto añora que alguien le haga la leche para él o para ella y no para una fila anónima de chicos que existen porque son muchos y ya no hay manera de evitarlos? ¿Cambiaría algo para vos si supieras esas historias? ¿Tendría otro brillo la tuya? ¿Sabrías qué hacer? ¿Qué hacés cuando te piden monedas en la calle?

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