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Domingo, 2 de agosto de 2015

FAN › UN ARTISTA ELIGE SU OBRA PREFERIDA: NICOLáS PONTóN Y A STORY OF DECEPTION | HISTORIA DE UN DESENGAñO. PATAGONIA 2003-2006, DE FRANCIS ALÿS.

CAZAR EN EL DESIERTO

 Por Nicolás Pontón

En 2006 vi la muestra de Francis Alÿs en el Malba. No conocía al artista y era la primera vez que veía una obra suya. En un primer momento la obra me pareció, visualmente, poco impresionante. Estaba montada en la sala de planta baja, casi al fondo, y la conformaban un proyector, una pantalla y una mesa estilo vitrina. En la pantalla se proyectaba una filmación en 16 mm –en principio, el elemento central de la obra– y en la mesa había expuesta documentación relativa a la misma.

Me llamó la atención el contraste entre la austeridad del film y la abundancia de material desplegado en la mesa, y al acercarme enseguida me atrapó toda la evidencia surgida del proceso de trabajo del artista que estaba a disposición del espectador. Mapas del ACA de las rutas recorridas, acompañados por fotografías del árido y luminoso paisaje, de los extensos espacios vacíos de la Patagonia, del artista caminando entre arbustos resecos, filmando guanacos al costado del camino. Dibujos esquemáticos planificando las tomas de la cámara, anotaciones en márgenes de libretas, pequeños mapas dibujados a mano, documentos históricos sobre el territorio y las tribus que lo habitaban (incluyendo una antigua reproducción de un simpático ñandú). Era un ofrecimiento generoso, una posibilidad de adentrarse en el contenido vasto de su trabajo, en la reconstrucción del proyecto de su obra; que era a la vez una investigación pseudo-antropológica, un relato de aventuras y una acción poética. Me pareció interesante esa especie de honestidad sobre los propios métodos de producción de la obra y todos estos fragmentos de las vicisitudes de su realización y de la extensa indagación previa, que generaban un nuevo espacio; el del proceso y desarrollo, que de repente se formulaba como el verdadero espacio de la obra.

El film, reproducido en loop en la pantalla, mostraba una toma continua, en plano abierto, subjetivo, de una ruta en medio de la nada que avanzaba hasta perderse en el horizonte. La cámara también avanzaba, lentamente, recorriendo el uniforme e inacabable camino. A lo lejos un espejismo desdibujaba el punto donde la carretera alcanzaba la línea del horizonte, fusionando confusamente el cielo con el asfalto. El parsimonioso avance de la cámara empujaba al espejismo, que mantenía una constante huida, lenta e infinita.

Entre el material que acompañaba A Story of Deception | Historia de un desengaño, se encontraba un texto que informaba al espectador sobre el proyecto fallido del cual la obra había surgido: originalmente Alÿs había querido recrear las largas caminatas (aparentemente duraban varios días, recorriendo cientos de kilómetros) que los pueblos indígenas de la Patagonia utilizaban para cazar a los ñandúes que habitaban la zona. Esta particular técnica de caza consistía en agotar a la presa en una persecución lenta, permanente y casi interminable, que empleaba el cansancio y la persistencia como únicas armas. Inicialmente Alÿs había emprendido expediciones a la Patagonia en las cuales caminaba durante horas por el desierto, realizando el registro de sus recorridos, filmando y fotografiando el paisaje, con el propósito de recrear los posibles pasos de los perseverantes cazadores. Sin embargo, al ver el material obtenido, había concluido que las imágenes no lograban reproducir la fuerza del relato sobre la estrategia de caza. Su obra había fallado.

Paradójicamente, a partir de este fracaso el artista logra reconocer en un hallazgo accidental la forma perfecta de materializar la esencia de la obra: descubre en los espejismos en infinito retroceso, en su proximidad inalcanzable, el gesto poético exacto que esperaba encontrar. Alÿs, en una búsqueda activa y pasiva a la vez, con el objetivo no sólo de hacer la obra, sino de hallarla, de capturarla de la forma adecuada, encuentra el éxito en el fracaso, para ilustrar que el fracaso es lo que potencia la obra y el hacer del artista.

Cuando vi A Story of Deception tuve la sensación de presenciar una obra total, absoluta. Que con una particular economía de recursos y una honestidad desprejuiciada, lograba expresar un aspecto elemental del trabajo del artista, de su relación con su propia obra, aceptando el fracaso como prueba de que lo esencial de la obra es justamente lo que siempre se aleja del artista, y que éste no se resigna a dejar de perseguir el espejismo.

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