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Domingo, 26 de junio de 2016

FAN › UN DIRECTOR DE TEATRO ELIGE SU PELíCULA FAVORITA: SERGIO BORIS Y SOñAR SOñAR DE LEONARDO FAVIO

NUESTRO PUEBLO Y SU TRAICIÓN

 Por Sergio Boris

Soy fanático de Leonardo Favio. De sus películas y sus canciones. De su arte. Especialmente de Soñar soñar, de El dependiente y de El romance del Aniceto y la Francisca. Me cautiva la expresividad del rostro de Walter Vidarte y también el plano secuencia del personaje que compone Federico Luppi cuando vende su gallo al vecino de enfrente. Pero Soñar soñar me atraviesa.

Fue una película que vi a los veinte cuando empezaba a estudiar teatro con Bartis y cine en Avellaneda. Acababa de hacer un taller con Gerardo Vallejo, un director de cine peronista y con el que investigábamos sobre el documental, sobre el otro país. Eran épocas de hiper-inflación y de avance del liberalismo menemista que destrozaba todos los lazos sociales. Y apareció en mi vida Soñar soñar. Con personajes entrañables y una poética singular, que no le debía nada a nadie. Que se cagaba en el canon al elegir a esos actores para contar la historia de este dúo como metáfora loca del ser argentino. Monzón, en ese momento campeón mundial y miembro por un rato del jet set europeo, componiendo a Carlos, un muchacho de pueblo con deseos de triunfo, llevándolo de alguna manera a su terreno, devolviéndolo a su origen y por otro lado Pagliaro, un cantante que hace playback a destiempo de Charles Aznavour por los pueblos, con aires europeizantes. Dice: “vos sos un indio, io sono europeo” sobre el fondo de un río que golpea con sus olas.

Recuerdo muchas escenas casi de memoria: la escena del bar, cuando Monzón muestra orgulloso un recorte de un diario municipal donde dice que salió en el diario porque lo pateó un caballo. “Y con foto y todo”. O cuando le habla al espejo, dándose fuerzas como para encarar a Mario (Pagliaro) y pedirle un rulero. El enano como tercero en discordia alimenta este cuento de feria, de personajes bajos, rotos y con ganas de vengarse. Y siempre el moco, el titubeo, la inflexión, la lágrima. Siempre el rostro.

Pero no es solo el devenir de ese contraste social lo que la hace creo yo singular sino el desarrollo de las escenas y los vínculos, el uso del tiempo, el no resolver nunca sino buscar la sustancia musical de la escena. Y ese aparente laconismo en los diálogos pero a su vez su gran resonancia poética, todo eso, es lo que me resulta novedoso en términos de lenguaje. Y es un lenguaje que habla desde un nosotros, desde un nosotros periférico en términos sociales y que incluso cuestiona la visión edulcorada de nuestra identidad como pueblo.

Yo creo que el actor debe actuar entre otras cosas el gesto idiosincrático. Y la idiosincracia no pasa por la mímesis representativa de los referentes sociales sino que se manifiesta en el histrionismo del actor. El histrionismo es la multiplicidad. Habla de todos los planos a la vez que debe narrar un actor. Verlo a Monzón o Carlos, con esperanza pueblerina, con ganas de creer en algo, cayendo en el pasto, con un cielo que se le viene abajo, con un perro callejero dando vueltas por ahí, gritando “viva mi patria” y como sonido posterior escuchar un acorde temible y trágico para después entrar a la casa donde comprueba que está solo, que todo fue un sueño y que siguen los truenos para terminar en un llanto que también es un grito me permite saltar de la descripción de la anécdota para multiplicar en otros sentidos. Ver en esa escena toda la creencia de nuestro pueblo y su traición. Siempre respirando en la nuca el fantasma de la traición. Muy nuestro. Pero también conmovernos y enternecernos con nuestras fisuras. Con nuestra debilidad de niño. Donde los personajes al final de la película terminan presos pero a su vez logrando hacer la rutina, “la pavada”, esta vez para los suyos, para los rotos como ellos, los otros presos. Por todo esto Favio y su Soñar soñar resultan tan necesarios en estos tiempos de pesadilla de la derecha que nos gobierna y que vienen a ser los mismos que en tiempos no tan lejanos estuvieron detrás del horror más oscuro de nuestra historia. Soñar soñar se estrenó en 1976 y le fue mal. Como a nosotros. Todo tiene que ver con todo.

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