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Domingo, 25 de noviembre de 2007

FAN › UN MúSICO ELIGE SU DISCO FAVORITO: JULIO PANE Y EL DISCO PIAZZOLLA INTERPRETA A PIAZZOLLA (1960)

Moscas blancas en la sopa del rock

 Por Julio Pane

Cuando me compré Piazzolla interpreta a Piazzolla yo era muy joven, un adolescente; tendría unos 16 años y no tenía idea de cómo sonaba el disco. La cantidad de obras que había en el disco me llamaba la atención, una por una: en primer lugar, porque estaba la primera grabación de “Adiós Nonino” con el Quinteto; pero también por temas como “Los poseídos” y “Guitarrazo”. Y me interesaba la calidad de los ejecutantes: estaban Horacio Malvicino en guitarra, Jaime Gosis en piano, Simón Bajour en violín, Piazzolla en bandoneón y Kicho Díaz en contrabajo.

Para entonces, a pesar de mi juventud, ya lo conocía a Piazzolla. Me había comprado un disco anterior, anterior al Quinteto, el de la orquesta de cuerdas, y tampoco en esa ocasión tenía idea de cómo sonaba, me intrigaba por completo. Esto era a principios de los ‘60, así que era un disco de vinilo negro; un vinilo negro al que yo dejé blanco de tanto escuchar: con eso lo digo todo, no paraba de oírlo. Los temas que incluía no se habían tocado prácticamente nunca, y por ahí el único que quedó como famoso era “Adiós Nonino”, pero había otros muy buenos. Uno de los que más me gustaba era “La calle 92”, que en su momento –en una época en que se me daba mucho el lápiz, como hobby– me inspiró para hacer un dibujo de una calle del puerto que desemboca en el mar. Recién más tarde me enteré de que era una calle en la que vivió Astor.

Con esta nueva formación, aparece el comienzo de toda una nueva etapa para el tango. Por un lado, tenía ese efecto de que fueran cinco personas tocando pero parecía que uno estaba escuchando una orquesta sinfónica, eran un quinteto pero sonaban como doscientos tipos. Esa era una gran habilidad que tenía Piazzolla. Recuerdo que en la época en que me compré ese disco, la nueva generación de los que hacíamos tango éramos unos chicos muy inquietos, una especie de mosca blanca, porque tocábamos el bandoneón en un momento en que estaba en pleno auge el rock. Era nadar contra la corriente, pero nada nos detenía. Creo que era algo muy importante, porque seguimos por nuestra huella, no nos cansamos; y es algo que mantenemos hasta el día de hoy todos los que somos de aquellos años, que seguimos luchando para ver si podemos dejar algún precedente.

Con toda una pléyade de bandoneonistas muy importantes que empezaron también por aquellos años –Marconi, Mederos, Musalini– intentamos impulsar todo esto hacia delante. No había un manifiesto, no era un programa; era una de esas cosas que se sienten. Como se nace para hacer algo en la vida –algunos nacen para ser médicos, otros músicos y otros carpinteros–, se siente la necesidad de ir hacia delante con toda la energía que te da la adolescencia, y nosotros estábamos impulsados por todo esto nuevo que pasaba con el tango. Eramos adolescentes y estábamos embarcados en una ruta que teníamos como prefijada: es el destino, y el destino es inconmensurable. Y digo el destino en el sentido de que éste era el único camino posible para nosotros, de no poder discernir por qué unos se dedican a unas cosas y otros a otras. Existe gente que hereda la profesión del padre, pero el hijo de un médico puede ser astronauta. En mi caso particular soy hijo y sobrino de bandoneonistas, pero habría que ver qué hubiese pasado de no haberme encontrado con el instrumento en las manos, o de haber nacido en otra familia. Quizá hubiese pasado lo mismo, o hubiese sentido la necesidad y no me hubiese dado cuenta. O quizá me hubiese cruzado con un bandoneón como le ha pasado a tantos grandes que se encontraron con el instrumento pero no se lo esperaban.

Piazzolla interpreta a Piazzolla es ese disco inesperado que influyó en mi forma de escribir a lo largo de los años. Cuando tuve oportunidad de tocar con Piazzolla, nunca le llegué a comentar todo esto, pero él sabía muy bien cómo había influenciado en todos los de mi generación. Y lamento no haberle dicho todo esto, pero sí tuve la fortuna de haber tocado temas con él que estaban en otros discos, como Michelangelo 70; que es una experiencia que te lleva a un alto grado emocional, uno de esos momentos en los que me parecía estar tocando el cielo con las manos.

Pero, por encima de todo, el recuerdo de ese disco es el recuerdo de la adolescencia, que son años entrañables. Los que nunca voy a dejar de extrañar...

Junto con el cineasta Rafael Filippelli (Música nocturna), el bandoneonista, arreglador y compositor Julio Pane presentará el espectáculo Bandoneón, donde este último dará un concierto en el cual el primero oficiará de VJ, componiendo en vivo imágenes que acompañarán la música. 30 de noviembre y 7 de diciembre a las 21, en Guardia Vieja 4049.

El disco Piazzolla interpreta a Piazzolla, grabado en 1960 por el Quinteto, incluía los temas “Adiós Nonino”; “Berretín” (Laurenz); “Contrabajeando” (Piazzolla/Troilo); “Tanguísimo”; “Decarissimo”; “Lo que vendrá”; “La calle 92”; “Calambre”; “Los poseídos”; “Nonino”; “Bando Guitarrazo” (Malvicino), todos compuestos por Piazzolla excepto donde se indica. En cuanto al tema “La calle 92”, tal como señala Pane, alude a la calle en Nueva York, en la parte Oeste de Manhattan, que compuso allá, y que también fue la ciudad en que se crió, llevado por su familia de su Mar del Plata natal a los 4 años, en 1925, y de donde volvió recién a los 16.
En los ‘50 formó el Octeto Buenos Aires, con el que llevó adelante varias de las innovaciones con las que desató sus primeras polémicas entre los tradicionalistas del tango. En 1958 lo disolvió y hasta 1960 se instaló una vez más en Nueva York, donde realizó su experimento Jazz-Tango (al que más tarde criticó por las concesiones comerciales que implicó); al volver armó el primero de sus famosos Quintetos, denominado Nuevo Tango (bandoneón, violín, bajo, piano y guitarra eléctrica), que fue el que más perduró (también en la memoria de buena parte de la generación de Pane), y el que más quiso.
En 1989, Piazzolla, decidido a incorporar un segundo bandoneón, convocó a Julio Pane y con su sexteto viajaron a Canadá y Estados Unidos. En 1995, tres años después de la muerte de Piazzolla, Pane grabó junto al hijo de éste, Daniel, el disco Piazzolla X Piazzolla.

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