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Domingo, 6 de enero de 2008

FAN

La vida imaginada

Un director de teatro elige su película favorita: Mariano Pensotti y As I Was Moving Ahead Occasionally I Saw Brief Glimpses of Beauty, de Jonas Mekas

 Por Mariano Pensotti

La primera invasión a Irak fue uno de los momentos más felices de mi vida. Ese verano yo acababa de abandonar definitivamente el secundario, mi viejo me había dejado su departamento mientras él se iba a trabajar a la costa y yo había comprado toneladas de drogas, shimmys de vainilla con dulce de leche y bolsas de papas fritas acanaladas. Por las noches me instalaba con todo eso frente a la CNN a ver cómo el cielo sobre Bagdad se incendiaba y pensaba en ese poema de Blake que dice “Tigre, Tigre, ardes brillantemente en los bosques de la noche...” El paraíso. Por supuesto que quería que los norteamericanos fueran aplastados y masacrados pero eso no pasó. Así que rápidamente dejé de ver la CNN y empecé a escribir el guión de una película. Una película delirante que trataba de un hombre que un día descubre que es el centro del mundo, la persona más importante del universo sin saberlo. El guión tenía como 200 páginas, un disparate. Sorprendentemente al tiempo gané una beca para realizarlo. Nos fuimos a Paraná a filmar. En esa época yo tenía el cerebro intoxicado de Herzog, Pasolini, Fassbinder y toda esa clase de gente, quería tener una novia igual a Anna Karina, y la idea era meterse en los pantanos entrerrianos para hacer una especie de Fitzcarraldo psicodélico. El rodaje fue un fracaso absoluto. La película no se terminó nunca. Tiempo después se estrenó una con Jim Carrey, The Truman Show, que tenía un argumento increíblemente parecido a la mía. Fue un éxito total. Durante un tiempo odié el cine.

Las entregas de los Oscar siguieron pasando y yo empecé a dirigir teatro.

Hasta que un día, poco después del inicio de la segunda invasión a Irak, vi As I Was Moving Ahead Occasionally I Saw Brief Glimpses of Beauty. La película de Jonas Mekas, además de tener uno de los mejores títulos de la historia del cine (algo así como “Mientras avanzaba ocasionalmente vi breves destellos de belleza”), es un ovni. Son 5 horas de filmaciones semihogareñas sobre su propia vida hechas a lo largo de 40 años. Uno ve al director con su familia, sus amigos, viajes, cenas, cumpleaños... A veces sobre esas imágenes, mudas en general, aparece la voz en off de Mekas que comenta algunas cosas, reflexiona sobre los recuerdos o dice frases medio misteriosas con un acento imposible. La película avanza y al principio uno se aburre un poco porque no pasa gran cosa, al rato te relajás y el embole deja paso a un sopor agradable, narcótico, y para cuando llegás a la cuarta hora no podés creer lo que estás viviendo. Los hijos del director crecen, se van de casa, él y su mujer envejecen, las reuniones con amigos, los paisajes y los viajecitos siguen como siempre... Pero empezás a notar que hay algo más, que tras su apariencia de documental hay algo raro, inquietante: en la película sólo hay momentos felices. Como si en esos cuarenta años no hubiera habido peleas familiares, quilombos, problemas económicos, lo que sea... Entonces uno entiende que no se trata tanto de la vida real de esas personas sino de una vida imaginada, deseada. El paraíso soñado del director. Con tanta fantasía como sólo el buen cine de ficción puede hacer.

Entre esas escenas que celebran en catarata el placer de estar vivos yo volví a encontrar el cine. Su desmesura me hizo acordar mis pretensiones de los veinte años. A su manera, como en mi viejo guión, Mekas también es el centro del mundo, un mundo que él crea a partir de su vida.

La película se vuelve una experiencia, algo que debe vivirse, no sólo contemplarse.

Contar muchas historias, usar la vida de uno para generar ficción, que cada obra contenga muchas obras, recuperar algo del aliento de las novelas del siglo XIX, eso es lo que hace Mekas en su película y eso es lo que a mí me interesa hacer con el teatro.

Mariano Pensotti repondrá su obra Sucio a partir del 18 de enero.

As I Was Moving Ahead Occasionally I Saw Brief Glimpses of Beauty (Jonas Mekas, 2001)

Jonas Mekas nació en Semeniskiai, Lituania, en 1922, y actualmente vive y trabaja en Nueva York. En 1944, él y su hermano fueron tomados prisioneros por los nazis y llevados a campos de concentración alemanes por ocho meses. Al terminar la guerra, Jonas estudió filosofía, y a finales de la década del ’40 emigró a Estados Unidos. A los dos meses de llegar, pidió dinero prestado y se compró una cámara Bolex de 16 mm, con la que empezó a registrar momentos de su vida. Desde los años ’50, cuando empezó a exhibir sus primeros films, es una de las figuras más importantes del cine experimental y de vanguardia norteamericano.

Entre sus películas se cuentan films narrativos (Guns of the Trees, 1961), documentales (The Brig, 1963) y “diarios” (Walden, 1969; Lost, Lost, Lost, 1975; Reminiscences of a Voyage to Lithuania, 1972). Con 288 minutos de duración, As I Was Moving Ahead, Occasionally I Saw Brief Glimpses of Beauty (2001) se compone de muchas de esas grabaciones de fragmentos de su vida tomados a lo largo de décadas, divididos en episodios en los que el director invita al espectador a compartir su amor por su mujer, sus hijos, la ciudad que lo acogió y las casas en las que vivió. El crítico del New York Times Elvis Mitchell escribió de este film que es la home movie (“película casera”) elevada a la épica. Según Ed Halter, en The Village Voice (una publicación en la que Mekas escribió durante bastante tiempo), se trata “no solo de una meditación sobre la naturaleza del cine, la belleza y el tiempo, sino también de un monumento a los lazos de la familia y los amigos”. Acá pudo verse en el Bafici 2004 durante una retrospectiva de la obra de Mekas, cuyo último largometraje hasta la fecha es Letter From Greenpoint (2005), cuya exhibición volvió a traerlo oportunamente a Buenos Aires.

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