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Domingo, 16 de octubre de 2011

FAN › UNA CINEASTA ELIGE SU ESCENA DE PELICULA FAVORITA: MARIANA ARRUTI Y UN DIA MUY PARTICULAR, DE ETTORE SCOLA

La loba romana

 Por Mariana Arruti

Un día muy particular cuenta una historia de amor entre una mujer, madre de una familia numerosa, y un intelectual homosexual que es perseguido por el fascismo. Ambos viven en el mismo edificio y su encuentro tiene lugar en un contexto muy específico: la visita de Hitler a la Roma de Mussolini. Todos, toda la ciudad, incluida la familia del personaje femenino, se van a ver al Führer. Ella, la mujer, encarnada por Sofia Loren, se queda sola en su casa, y luego se encuentra con Marcello Mastroianni que es quien encarna el protagónico masculino en la película. Es esencialmente el relato de una historia íntima con el telón de fondo del intenso trasfondo social y político de ese momento en Europa.

Siempre me impresionó cómo la película narra desde la historia pequeña de sus dos personajes la Historia grande, cómo el fascismo se hace sentir de manera potente, no sólo en la persecución de este personaje misterioso que interpreta Mastroianni, sino en el lugar de esa mujer, ama de casa, que es invisibilizada, no escuchada, violentada por su marido a partir del lugar que le ofrece en la familia.

Toda la película me parece extraordinaria, pero si tengo que elegir una única escena, elijo la primera: ella se levanta antes que nadie; es la que madruga y despierta uno por uno a sus hijos –que son un montón–, y ellos se van vistiendo y acicalando, y se arreglan para el gran festejo de la ciudad que es la visita de Hitler a Roma. Mientras los chicos se preparan, ella hace el desayuno para todos, y lo sirve en una mesa larga, enorme, y de pronto hay como doce hijos, todos tomando café, y luego parten, salen a la calle, como toda la gente del edificio que se queda vacío. Y una vez que se fueron, ella se queda sola en la cocina, se sienta en la mesa y empieza a colocar los restos de todas las tazas de café en una sola... y se la toma. Y enseguida ocurre la escena que la transporta al afuera, el loro se escapa y va a dar a la ventana del vecino. Ella sale a rescatarlo y así tiene lugar el encuentro.

¿Por qué será que me gusta tanto esta escena? Yo creo que es porque en un acto concreto, del hacer en lo cotidiano, este personaje queda delineado perfectamente; Sofia Loren es una mujer sometida, confinada a las tareas hogareñas y condenada a la invisibilidad. Ella les prepara el desayuno a todos pero no tiene lugar para desayunar ella misma, ellos parten y ella se queda para ordenar las múltiples camas, todo en su vida parece ser así. También me gusta cómo está contada desde un punto de vista estético; grabada cámara en mano en un estilo casi documental, de cine directo, que va acompañando a la protagonista a cada paso, habitación por habitación en la escena en la que saca a los chicos de debajo de las cobijas. En muy pocos minutos queda perfectamente expresado cuál es el lugar que ocupan la mujer y el homosexual en una sociedad opresiva.

Mi primer recuerdo de Un día muy particular proviene de una copia en VHS, que habré visto a mediados de los ‘80; hubo una época, cuando yo tenía alrededor de 15 años, en que me empecé a armar pequeños ciclos personales en video, y en algún momento le tocó el turno a Scola, que también le gustaba mucho a mi madre, así que hubo algo de influencia por ese lado en mi primer acercamiento a la película. Después, por supuesto, volví a verla muchas veces, y alguna vez recurrí a ella en una clase de dirección en la Universidad del Cine, cuando nos encargaron que eligiéramos una escena para repetir nosotros mismos, con actores. Pero ya desde aquellas primeras veces en mi adolescencia me había impactado lo mismo que hoy define a mi escena favorita: el espacio al que es confinado el personaje de Sofia Loren. Me emocionaba también especialmente otro detalle de la historia; porque el de ellos es un amor que el personaje de Gabriela no puede retribuir en lo que hace al encuentro sensual, pero sí en cuanto a la escucha y a la consideración que tiene respecto a Antonietta. En este sentido, la escena del final es preciosa, cuando ella lee Los tres mosqueteros, el libro que él le había regalado, y que de algún modo es una metáfora de la libertad que la espera a partir de ese encuentro. Es de noche, ella ya ha hecho la cena, ha alimentado a su familia, y entonces levanta la cabeza del libro, mira desde su ventana hacia abajo y ve a Marcello cruzando el patio, escoltado por quienes acaban de detenerlo. El destino de él está jugado en esa escena y el de ella ahora podrá ser otro.


Estrenada en Argentina como Un día muy especial, Una giornata particolare (1977) es la película que Ettore Scola (Avellino, 1931) estrenó –sobre guión de Ruggero Maccari y Mauricio Costanzo– entre capítulos de dos films colectivos (Señoras y señores, buenas noches, y Los nuevos monstruos) y fue su primer largo después del legendario Feos, sucios y malos. Como cuenta Arruti, su argumento se centra en el encuentro azaroso entre Antonieta (Sofia Loren), un ama de casa casada y con seis hijos, y su vecino Gabriele (Marcello Mastroianni), un periodista homosexual durante el día en que Hitler visitó a Mussolini en Roma, el 8 de mayo de 1938. Mientras toda la familia de ella sale de la mano de su marido fascista (John Vernon) a la calle, Antonieta se queda en casa para completar sus tareas domésticas. En todo el edificio sólo queda un hombre, Gabriele, que acaba de perder su trabajo en la radio y que pronto será deportado a Sardinia por su inclinación antifascista y por su homosexualidad. En su encuentro ella llega a insinuársele un poco, ignorante de la orientación sexual de él; y en menos de un día nace entre ellos una profunda amistad.

Una giornata particolare participó de la competencia oficial en Cannes 1977 y luego ganó el Globo de Oro y el premio César al mejor film extranjero de 1977: su director y su actriz protagónica fueron galardonados con el David di Donatello. La Academia de Hollywood nominó al film como mejor película en idioma extranjero, y a Mastroianni como actor protagónico. En un papel secundario aparecía Alessandra Mussolini, nieta del Duce y sobrina de Loren, y más tarde dirigente del movimiento neofascista italiano.


Directora del corto Mate o leche, Mariana Arruti es –junto con Carmen Guarini, Andrés Habegger, Pablo Nisenson, Miguel Pereira, Ulises Rosell, Andrea Schellemberg, Lucía Rey & Rodrigo Paz y Javier De Silvio– una de las nueve realizadoras del film colectivo D-Humanos, que aborda distintos derechos humanos en Argentina, relativos a la salud, la educación, el trabajo, la igualdad de oportunidades y la libertad de expresión. D-Humanos está actualmente en cartel en el cine Gaumont, sala que en los últimos días varios de los realizadores han estado visitando en la función de las 19 para dialogar con el público. Más información www.audiovisualesdelsur.com.ar

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