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Domingo, 18 de julio de 2010

SALí

A comer

 Por Ignacio Molina

Buenos momentos

Quique’s: atención esmerada, precios amabilísimos

Vista desde cierta distancia, la fachada de Quique’s puede llegar a resultar engañosa: el cartel rojo distintivo de una marca de gaseosas, más característico de un maxikiosco que de un restaurante, causa una primera impresión que enseguida, al llegar a la puerta vidriada del local, queda bastante lejana. En el interior la decoración es agradable y llamativa. En la parte superior de las paredes se leen frases de Goethe, Charles Bukowski y John Lennon. Y debajo de las repisas repletas de botellas de vino, sobre los azulejos blancos y las cientos de inscripciones en diferentes colores que la pueblan se ven prolijos cuadros que contienen fotos de comensales acompañadas por mensajes escritos por ellos mismos en servilletas de papel. “Creí que la picada terminaba ahí, pero abajo del jamón estaba la rusa. En Quique’s come el pueblo”, escribió un amigo de la casa. “El peceto a la ciruela muy chévere (un caño, como dicen aquí)”, dejó dicho algún turista latinoamericano. Claro que esa comunión entre Quique y sus clientes es el resultado de la simpática atención y de la excelente comida que ofrece. Para comprobar esto sólo habrá que pedir, luego de las berenjenas o la lengua a la vinagreta que se ofrecen como atención de la casa, algunas de las opciones de la carta, como el revuelto gramajo, el pollo a la naranja, al roquefort o a la mostaza, las milanesas de muzzarella, el minibife al champignon o la lengua a la portuguesa. Los postres son los clásicos porteños: helados, budín de pan, flan con crema o dulce de leche. La sorpresa definitiva llega luego del café, al pedir y recibir la cuenta: si bien no son un regalo, en Quique’s los precios son sensiblemente más bajos de lo que se podría esperar.

Quique’s queda en Scalabrini Ortiz 1543. Abre de lunes a sábados de 12 a 16 y de 20 al cierre. Teléfono 4832-1186.


La simpleza de lo complejo

Eterna Cadencia: ahora, además de librería, restaurante.

En pleno centro de la zona de Palermo Viejo, que las inmobiliarias y las guías de turismo denominan Hollywood, existe, desde hace pocas semanas, una propuesta gastronómica muy diferente a la de sus locales vecinos. Se trata del restaurante de la hermosa librería Eterna Cadencia. Alejado de la estética y de los precios de las alternativas más fashion y pretenciosas del barrio, este restó brinda la posibilidad de almorzar de lunes a sábados a un precio relativamente bajo. Bajo el lema “la simpleza de lo complejo”, la idea de sus responsables es que los clientes se sientan como en su propia casa. Y con ese objetivo ofrecen platos sabrosos y bien elaborados pero sin sofisticaciones innecesarias. Hay un menú fijo por día a un precio de 25 pesos, que incluye bebida (agua, gaseosa o copa de vino) y café o postre (bocha de helado). El organigrama diario de la semana que comienza mañana ya fue establecido. En orden cronológico, hasta el sábado, se servirán los siguientes platos: ravioles capresse; arroz al azafrán con pollo; milanesa de pescado con puré mixto, pollo strogonoff, bife con papas fritas o ensalada y estofado de albóndigas. Para agrandar la sensación de que uno está como en su casa, tiene la posibilidad de repetir el plato principal. A la hora de la merienda o el atardecer se puede ordenar café con leche, té o jugos, medialunas, tostados, brownies, cookies o budines de varias clases. De los techos del restó cuelgan lámparas cuyas mamparas están hechas con grullas de páginas de libros viejos, y en las paredes hay exhibiciones de arte (durante los próximos días se podrán apreciar los cuadros de la muestra Clinch, de María Sivak). Una oferta para aprovechar: con la compra de tres ejemplares en la librería contigua hay un almuerzo de regalo.

El restaurante Eterna Cadencia queda en Honduras 5574. Abre de lunes a sábados de 11.30 a 21. Teléfono 4774-4100.


Secreto de barrio

Tilo, la esquina más sabrosa del límite entre Palermo y Belgrano

A metros de una ochava de La Imprenta, el microbarrio que une los límites difusos de Palermo y Belgrano, hay un gran árbol de tilo que le da nombre al restaurante que desde hace seis años funciona en esa esquina de Gorostiaga y Soldado de la Independencia. Tilo es un restó y café visitado principalmente —sobre todo los días de semana, desde la hora del desayuno hasta la de la cena— por vecinos del barrio. La ambientación es sobria y elegante (abunda la madera oscura en contraste con detalles decorativos más modernos) y la atención de los mozos es cordial. El local cuenta con mesas y boxes en su interior y una galería calefaccionada en la vereda. Si bien hay una carta bastante amplia siempre a disposición, cada siete días se renueva una lista de recomendaciones semanales de platos. Entre estos últimos pueden encontrarse varios hechos en base a pescados y mariscos, como chipirones a la plancha sobre colchón de cebollas caramelizadas o langostinos y cubos de abadejo y salmón rosado; o de carnes y pastas, como ojo de bife a la parrilla con minitortilla de papas y cebolla y ensalada de lechuga morada y tomate, la bondiola de cerdo braseada con puré de batatas al caramelo y el wok de tallarines, vegetales, brotes de soja y almendras. Entre los postres, son especialmente recomendables el tiramisú y la tarta de manzana con helado de crema. También, para la mañana o el atardecer, se ofrecen picadas y cosas dulces. Y desde este mes de julio funciona en Tilo la “noche de hombres”: de martes a jueves, las mesas compuestas sólo por hombres recibirán un descuento del 25 por ciento en el total de su cuenta.

Tilo Café Restaurante queda en Soldado de la Independencia 1009. Abre de martes a sábado 8.00 a 2.00, y domingo y lunes de 8.00 a 20.00. Teléfono 4779-0033.


Alto nivel en zona norte

Tipula: cocina de autor en Martínez

Al regresar de una larga estadía laboral en España, el chef Hernán Gipponi pensó que en su lugar de origen (la zona norte del Gran Buenos Aires) no había un restaurante de cocina de autor de alto nivel como el que él venía imaginando. Así fue como decidió alquilar y remodelar una casa en Martínez para instalar ahí lo que desde hace ya tres años es Tipula. cocina+arte, un restó cuya propuesta culinaria combina la tradicional cocina española con un toque distintivo y personal en la manera de combinar los sabores. Desde la vereda, Tipula puede parecer más una casa de familia que un restaurante. Luego de tocar el timbre y de ser recibidos por el sommelier Mariano Akman, esa percepción cambia: ahí están la barra de tragos, las mesas elegantes, la cocina vidriada, el jardín con deck para los días de calor. Si bien hay una carta disponible, conviene recorrer la misma ordenando un menú degustación de siete pasos que, de acuerdo con el gusto del cliente y los productos más frescos del día, el chef arma en el momento. Un buen ejemplo de este menú podría ser: para comenzar, jamón serrano y una croqueta de hongos, panceta y espinaca; como entrada fría, un pulpo a la gallega con cachelos; entrada caliente, un sabroso souquet de rape; luego, para probar la sección arroces, el clásico español bomba con txipirones, tomates secos y albahaca; para degustar las carnes, una tiernísima carrillera de ternera con crema de coliflor y papa; y de postre (luego de un fresco trago que sirve como transición entre los sabores) una exquisita crema catalana. Mientras se disfruta de este menú, se pueden apreciar los cuadros que cubren las paredes del lugar, muchas veces provenientes de atelier del primer piso, donde la licenciada en artes Edurne Ortiz de Zárate —mujer de Gipponi— aporta la última parte del nombre de este recomendable Tipula cocina+arte.

Tipula cocina+arte queda en Vicente López 76, Martínez. Abre lunes y martes de 11 a 17 y de miércoles a sábados de 11 a 24. Teléfono 4793-7185.

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