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Domingo, 26 de mayo de 2013

SALí

A comer a restaurantes de colectividades

 Por Ernesto Oldenburg

Palermo Bollywood

Vrindavan, la ciudad de Krishna

Fueron las vueltas de la vida las que trajeron a Rokonuzzaman Sikder a nuestro país. Nacido en Bangladesh en los años ’70, este musulmán partió de su tierra en los agitados ’90 buscando refugio, encontrando destino. Luego de peregrinar por los Países Bajos, las Antillas y la Puna, halló en la Argentina los motivos para quedarse. Al tiempo de ingeniárselas como comerciante, conoció a la futura madre de sus hijos en Laferrère. En 2011, una larga temporada en Londres lo fogueó como cocinero en los típicos restaurantes hindú, amén de reencontrarse con los sabores de su pueblo. Regresó a Buenos Aires para montar el restaurante que bautizó con el nombre de la ciudad sagrada donde creció Krishna, deidad índica. La primera ubicación fue en el Microcentro, pero ahora recaló en el corazón de Palermo Hollywood, donde se afianza como uno de los mejores restaurantes indios de la ciudad. El viaje comienza no bien se entra en el local rojo de luz tenue. Saris festivos visten las paredes. Un monitor LCD irradia bailes del vientre, mientras una camarera peruana atiende a comensales de nacionalidades varias. Podríamos estar en cualquier rincón del mundo, pero la India se descubre en el menú. Un largo listado de platos acompañado de fotos, donde las especias revelan sabor e intenso perfume.

Habrá que medir la tentación inicial en las entradas varias: desde las típicas somosas (empanaditas fritas de verduras a $35), pasando por los famosos shik kebab (de carne picada de cordero, con limón, cilantro y jengibre, $40), las chicken pakora (alitas de pollo con pasta tandoori masala, tradicional mezcla de especias, a $35) o el tandoori paner (un sorprendente y sabroso plato de queso cuajado de leche, a $45). Roko –para los amigos– construyó su propio horno tandoor, de barro refractario, para asar varios de estos platos telúricos. Tres carnes recorren aquellos que no son vegetarianos, en dos docenas de preparaciones a base de pollo, cordero o langostinos (entre $50 y $75). Cazuelas espesas que se pueden acompañar con arroz blanco o basmati (solo o especial, entre $10 y $40), y con los riquísimos nan, esos panecillos chatos y redondos (de ajo, queso, cebolla, o ¡coco y azúcar! (entre $8 y $15). Las opciones veggie siguen la línea, con una docena de variedades a elección. Para tomar, licuados de frutas, necesaria cerveza o alguna etiqueta de la carta de vinos, breve pero sensata, como los precios a que se ofrecen. Los postres reflejan con recargada dulzura el exotismo de esta tierra lejana, misteriosa y milenaria, que por las vueltas de la vida hoy desembarca en Palermo Bollywood.

Vrindavan queda en Humboldt 1721. Teléfono: 4899-2429.Horario de atención: martes a sábados, de 20 al cierre.


Asturias y General Paz

Paraíso Natural, de la olla a la mesa

El Centro Asturiano cumplió un siglo de vida en Buenos Aires. Y Campo Covadonga –su sede de Vicente López– lo festeja en Paraíso Natural, restaurante cuyo nombre fue tomado prestado del eslogan del Principado de Asturias, declarado reservorio de la biosfera por la Unesco. De padre gallego y madre asturiana, Marcelo José Pereira Santos lleva este magnífico comedor desde hace quince años. Con entrada sobre Av. Del Libertador, el gran salón recibe hasta ciento ochenta comensales. Al mediodía, el piso lustradísimo refleja el sol que se cuela por los grandes ventanales, salpicado de mesas cubiertas con manteles almidonados y sillas de cuero. Un verdadero anfiteatro gastronómico, coronado por una barra plagada de botellas de toda índole.

Dentro de la cocina española clásica se destacan en la carta platillos como el chorizo a la sidra o el pesto a la asturiana, entre las entradas ($55, ambas). El revuelto de hongos secos y gambas ($105) puede compartirse, lo mismo que los chipirones a la leonesa ($120), suculentos y exquisitos. Arroces (elaborados al momento, para tres o cinco personas, entre $165 y $360), una veintena de pescados y mariscos de acento ibérico, carnes (de cordero, cerdo y vacuna, entre $45 y $110), aves (pollo deshuesado al ajillo, al verdeo, cazadora, desde $40) y hasta algunas pastas completan un menú variado. Pero es en invierno cuando la cosa se pone interesante, con los reconfortantes platos de olla, verdaderos manjares de este edén gastronómico.

Las noches de los jueves y viernes se despachan con el cocido de la casa ($190 para tres), un festín de tira de asado y rabo; manitas, codillos y orejas de cerdo; además de morcilla, verduras, legumbres y su caldo, para estómagos adiestrados. La clásica fabada asturiana tiene lugar los sábados y domingos (chorizo, morcilla, jamón crudo, panceta y las fabes o alubias, por supuesto, $170 o $105 la media ración). Y jueves, sábados y domingos se suman los callos a la madrileña, cremoso manjar de mondongo, chorizo colorado y garbanzos de larga cocción que sirven en cazuela de barro ($170/$100 la media ración), para comer sin prisa ni compromisos posteriores, siempre con vino. Será por eso que Pereira Santos se despachó con un listado donde describe las cualidades de cada cepaje, ofreciendo opciones para todo gusto y bolsillo. Natilla, arroz con leche quemado y otros postres completan el universo palpable de Asturias que se encuentra apenas cruzando la General Paz, donde –repentinamente– un gaitero eleva el espíritu alguna noche de novela, soplando fandangos que aceleran el compás del corazón, por más porteño que sea.

Paraíso Natural queda en Av. del Libertador 1081 (Vicente López). Teléfono: 4791-2900. Horario de atención: lunes de 12 a 16;martes a domingos de 12 a 16 y de 20 a 24.


Cercano Oriente

Jardín Japonés, sabiduría zen

Un mundo dentro de otro se abre entre el asfalto de Figueroa Alcorta y Av. del Libertador, a la altura de Ugarteche, a un ringtone de los lagos de Palermo. La sabiduría zen aún vibra en el mítico Jardín Japonés, vergel que se coló en la agitada urbe porteña en 1967. Tan célebre es su historia que resulta fácil olvidarla: fue construido por la embajada nipona en el Parque Tres de Febrero, con motivo de la visita de Akihito, príncipe heredero de aquel entonces, actual emperador del Japón. Luego de recibirlo, la embajada donó el jardín a la ciudad de Buenos Aires, con el fin de transmitir la cultura de su pueblo, símbolo de gratitud por la comunidad radicada localmente. Desde 1989, la Fundación Cultural Argentino Japonesa lleva a cabo esta misión, que plasma en cada una de las actividades que se desarrollan en el predio. El restaurante y casa de té es sólo una de ellas, pero recalar allí es vivir una experiencia completa, con microclima propio.

De día, el verde circundante relaja. De noche, cautiva. Se impone reservar uno de los boxes con vistas al lago del punte rojo, digno de Kill Bill. También convence el tatami, al ras del suelo, para comer descalzo, que luce más exótico y confortable que las mesas convencionales.

El menú sorprende: hay de todo, siendo mucho más que un consabido sushi bar. Más bien, es una extensa oda a la cocina del Lejano Oriente, que renuevan por temporada.

Nada mejor que arrancar con unas geishas, langostinos fritos envueltos en delgadas lonjas de lenguado y masa filo, con salsa especial (tres unidades, $77). Entre los omnipresentes rolls combinados, los hot maki son una delicia. Tibios, crocantes, ahumados, picantes y frutales, una verdadera implosión de umami, el quinto sabor. Entre sopas, tempuras, wok y demás preparaciones tradicionales ostentan un plato para cada día del año. El maguro tataki (de atún rojo sellado en sésamo, $117) conviene pedirlo casi crudo, ya que ordenado “a punto porteño” pierde todo su sabor.

Hay quienes rematan la velada con té verde, otros con sake, el vino de arroz. Algunos salen a fumar y hay quienes no. Pero todos se despojan por un instante de las incertidumbres de su alma, finalizada la comida, observando los senderos de piedra de este magnético laberinto japonés, que nos lleva a otro mundo.

Restaurante Jardín Japonés queda en Av. Casares 2966. Teléfono: 4800-1322.Horario de atención: miércoles a lunes, de 10 a 18.30 y de 19.30 a 24.

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