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Domingo, 3 de enero de 2016

VALE DECIR

HEREJÍA NOMINAL

Llamado por muchos el bar más infecto y maravilloso de New York, paraíso underground de los 70, club mítico e incubadora del punk y la new wave, el CBGB –aquel sitio que vio nacer a bandas como Television, los Ramones, The Cramps, Blondie o los Talking Heads en el 315 de Bowery– persiste en su carácter de espacio de culto. Más no fuera en la memoria de fans que presenciaron sus toques históricos (o quisieron hacerlo) antes de que cerrara; muy especialmente el final, en octubre de 2006, cuando Patti Smith se encargó de bajar definitivamente la persiana. Pues curiosamente (o no tanto), el CBGB estaría por reabrir sus puertas. No en la misma dirección, visto y considerando que el local del East Village de Manhattan, aunque preservando buena parte de la estructura original, está hoy dedicado a la venta de pilcha y accesorios del diseñador John Varvatos. El CBGB reabrirá, sí, pero como restaurante. En un aeropuerto, el Newark. En New Jersey. Para horror de melómanos a lo largo y ancho, de más está decir. O, para el caso, de Hilly Kristal –su dueño, fallecido en 2007–, que habrá de revolcarse en la tumba al ver su legado convertido en menú a la carta, con precios estrafalarios, especialmente diseñado para quienes estén a punto de abordar.

Aunque sin fecha específica de inauguración (solo se ha anunciado que será durante el 2016), la resurrección viene con petit re–bautismo. Finalmente, CBGB L.A.B. (Lounge and Bar) ha sido el nombre elegido por los dueños de la marca registrada, que aún no han hecho declaraciones y que han puesto al frente de las flamantes cocinas al chef Harold Moore, amén de crear “platos de la cocina norteamericanos en un ambiente divertido que recuerde al lugar de la música legendaria”, según reporta el sitio Gothamist. O sea: costillas premium a 42 dólares, papas fritas por 9 billetes o chili con guiños al RIP Kristal, que solía cocinar su propia versión para valientes que estuviesen dispuestos a degustar. Tampoco faltará paillard de pollo crujiente, atún especiado y sopa de matzá, entre otras variantes a las que podrá sobrarles sabor (y sobreprecio, eso también hay que decirlo), pero les falta mucho, mucho punk rock. Por otra parte, como atinan a avisar algunas webs anglo, no estará permitido mear en las paredes de los baños. Tampoco escupir a otros comensales. El horror.

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