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Domingo, 31 de julio de 2016

VALE DECIR

THEREMIN, ESA BESTIA

Hay quienes lo llaman el precursor de los sintetizadores modernos; otros, en cambio, prefieren una denominación más popular: “el instrumento que suena sin tocarlo”. En concreto, el theremin –esa caja con dos antenas inventada por el físico ruso León Theremin en 1919– permite interpretar musiquita con el mero movimiento de las manos, gracias a un campo electromagnético que produce sonido: una mano modula el tono; la otra, el volumen. Ambas al servicio de una cadencia inquietante e hipnótica. Empero, nunca tan inquietante ni hipnótica como los turbadores modelos de theremin pergeñados por David Cranmer, un ingeniero mecánico londinense que, no conforme con la estética habitual del instrumento en cuestión, decidió emperifollarlo con… animales muertos. Embalsamados, comprados de segunda mano, según explica él mismo, aclarando prontamente: “No tengo las agallas para asesinar y desmembrar ningún bicho”. Tampoco para tocarlos. Sí tiene el coraje, empero, de introducir la caja en las entrañitas resecadas de tejones de miel. O por caso, versión superadora, de fabricar un theremin con búhos que, por un detalle de ingeniería, giran con el discurrir de las melodías.

“La unidad final consiste en un theremin clásico y un sistema motorizado que permite que el búho se mueva en el interior de una carcasa incorporada”, describe el señor de gustos peculiares, que también ha desarrollado: un pingüino mecánico que hace percusión; un chancho musical programable; una escultura de patitos que se mueven; entre otras mecánicas inspiraciones de reino animal. Ninguna tan extrema como los instrumentos tejón y búho, eso sí. “Trabajo a comisión, ¡manden sus sugerencias de bichos!”, arenga Dave, pronto a dar nuevas formas a flamantes proyectos en la materia que lo desvela: “máquinas y esculturas electromecánicas, también proyectos electrónicos”. Por lo demás, acaso para alimentar su famita con más bizarreadas, anota que su taller está asentado en un cementerio al este de Londres. De ser cierto, solo cabe rezar que no use la materia prima a disposición para futuras invenciones gore. Independientemente de cuán bien suenen.

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