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Domingo, 15 de enero de 2006

VALE DECIR

Enterrados hasta el cuello

Un empresario y conductor televisivo holandés pretende vender el “último de los deportes extremos”: los entierros divertidos. El juego, que mucho no tiene de deportivo, consiste en ser inhumado a metro y medio bajo tierra, durante una hora, bajo un bloque de concreto de una tonelada. El cajón viene equipado con una reserva de oxígeno, una webcam para que familiares y amigos sigan la experiencia desde una computadora, y un “panic button”: un botón para apretar en caso de que a uno le agarre un ataque de claustrofobia. Eddy Daams, el tipo detrás de tan bizarra idea –por la que cobra 75 euros la hora– asegura que se trata de un entretenimiento absolutamente seguro: “nada puede salir mal”. Y más le vale que así sea, ya que todo se lleva a cabo en el jardín de su propia casa, y en caso de que el muchacho se equivoque, y al mejor estilo Tu Sam y Leonardo, todo “pueda fallar”, el chistecito podría dejarle como saldo unos cuantos fiambres enterrados bajo sus geranios y sus girasoles.

El turista accidental

El negocio del “Turismo-Desastre” se está multiplicando a un ritmo vertiginoso y ya es casi una catástrofe en sí mismo. Algunos turistas vuelan a destinos exóticos como Kigali y Phnom Penh; pero ahora, desde hace muy poco, disponen de una nueva oferta en el mismo país del 11-S-Tour: Nueva Orleans. Los paseos del “Hurricane Katrina Tour - America’s Worst Catastrophe!” comienzan este mismo enero, y consisten en una recorrida de tres horas a bordo de micros Gray Line, a través “de la ruta del devastado vecindario de Lakeview, pasando por el estadio Superdome, donde las víctimas de la tormenta esperaron por días a ser rescatadas, con escasísima comida y agua y sin atención médica”. El paseo cuesta unos 35 dólares y Gray Line ya recibió una descarga de críticas que consideran que se trata de una promoción de muy mal gusto. Pero según un vocero de la empresa, el tour fue motivado por “la frustración de la gente ante la lenta respuesta del gobierno para la reconstrucción de la ciudad”. Para probarlo, GL donará el 10% del precio de los boletos a varios grupos de asistencia a las víctimas del huracán. Algunos de quienes han lanzado sus protestas contra la compañía esperan que el gobierno de Nueva Orleans actúe siguiendo el ejemplo de las autoridades camboyanas, que poco tiempo atrás clausuraron el café temático del Khmer Rouge.

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