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Domingo, 11 de julio de 2010

VALE DECIR

Para meter el dedo en el ventilador

James Dyson hizo su fortuna con aspiradoras. Estudió en el Colegio Real de Artes, en Londres, antes de pasarse a la ingeniería. Durante muchos años desarrolló prototipos de sus ingeniosas aspiradoras, mientras su esposa, con un salario de maestra de escuela, los mantenía a los dos.

Se abrió paso a codazos en un mercado que no tenía lugar para nuevas aspiradoras, vendiendo sus productos directamente en el mercado japonés —siempre se puede contar con el hambre nipona de nuevos aparatitos— y más tarde poniendo sus propias fábricas.

El éxito de sus aspiradoras Dyson fue tal que sobrepasó en ganancias a aquellas compañías que al principio no quisieron saber nada con sus inventos.

Ahora Sir James Dyson, que sigue inventando, sacó a la venta un nuevo producto: un ventilador sin aspas. El artefacto consiste en un aro sobre una columna. En esta última hay un pequeño motor que hace circular aire dentro del aro: el perfil aerodinámico del mismo crea un efecto similar al que mantiene en el aire a los aviones, que genera una fuerte corriente de aire.

No hay aspas para que los nenes se agarren los dedos y la corriente de aire no es irregular; estos ventiladores futuristas proveen de una brisa constante y además, en vez de tener varias velocidades, tienen un switch estilo dimmer para elegir el punto justo de potencia.

Eso sí, no son para nada baratos: el más barato está en 300 dólares, y piden hasta 450 por el modelo más grande. De todas formas, ¿quién puede ponerle precio al futuro? Fallaron los coches voladores, las ciudades en la Luna están más lejos que nunca, pero los ventiladores ya no tienen aspas.

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