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Domingo, 6 de septiembre de 2015

CINE > THE BABADOOK

DEBAJO DE LA CAMA

CINE Desde las páginas de un extraño libro para niños llega el terror de The Babadook, una película australiana que viene sorprendiendo a los amantes del género. Su directora es Jennifer Kent, una actriz que dio sus primeros pasos detrás de cámara junto a Lars Von Trier y cuya ópera prima entusiasmó nada menos que a William Friedkin, el director de El Exorcista.

 Por Ariel Alvarez

Un libro malo. Esa es la frase escondida en The Babadook, título que es un anagrama de “a bad book”. Pero para el cine de terror, esta admirable película australiana no tiene nada de malo. De hecho, su aparición ha permitido empezar a pensar que es posible que soplen nuevos aires oscuros para el cine de terror contemporáneo. Con poco dinero y mucho talento, la directora debutante Jennifer Kent puso todo lo necesario para que esta ópera prima australiana merezca convertirse en un clásico del género. Sin pasar por las salas de cine locales, ni edición en DVD, al menos se está estrenando directamente en la pantalla de Netflix.

Su historia se centra en Amelia (Essie Davis), una mujer que no ha podido superar la muerte de su esposo, ocurrida seis años atrás. Se encuentra criando sola al pequeño Samuel (Noah Wiseman), que presenta severos problemas de conducta. La relación asfixiante entre madre e hijo traspasa todos los límites, pero la situación se complica cuando aparece en la biblioteca de su hogar un misterioso libro llamado Mister Babadook. En sus páginas, un monstruo de galera y sobretodo atormenta a los niños. Lo paranormal se desata cuando Samuel empieza a creer que la criatura es real. Pero ésta es sólo la punta del iceberg.

La película se estrenó mundialmente en el festival de cine de Sundance en 2014 y fue aclamada por la crítica. Un entusiasta William Friedkin, director de El Exorcista, propuso una genealogía desde su cuenta de Twitter: “Psicosis, Alien, Diabolique y ahora The Babadook”. Y agregó, sin eufemismos: “Nunca he visto una película más aterradora que The Babadook. Se van a cagar de miedo, como me pasó a mí”. Friedkin también reprendió públicamente a la distribuidora norteamericana IFC Films por las pocas salas en las que la película se exhibió en Estados Unidos. Una situación que se repitió en numerosos países, ya que la película tuvo poca distribución, incluso en Australia.

Quizá la escasa difusión se deba a que es un film realmente perturbador, incluso en tiempos que el cine de terror es casi un lugar común en los multicines. Pero la clave es que trata de una manera provocativa un tema escabroso: una madre que odia a su hijo. The Babadook se instala, con honores, dentro de una tradición clásica de género: las madres que dan miedo. La madre de Norman Bates en Psicosis (1960), Pamela Voorhees en la primera Martes 13 (1980), Margaret White, en Carrie (1978), quizás la mamá más malvada de todas, y ahora Amelia interpretada por Essie David, que se inscribe en el top five de una larga lista.

Pero lo que vuelve a The Babadook algo por demás atrapante es que se atreve a tocar un tema casi prohibido, como es el hecho de que una mujer desbordada por la tragedia y el dolor llegue al punto de odiar a su propio hijo: “No estoy diciendo que todas queremos ir y matar a nuestros niños, pero un montón de mujeres luchan con la experiencia de ser madres. Y es un tema tabú, decir que la maternidad es algo más que una experiencia perfecta para las mujeres”, declaró su directora.

Esto de tocar temas tabúes, sin ningún tipo de complejos, también ubica a The Babadook en otra tradición no tan conocida como es el cine de terror australiano, caracterizado, además, por una excelencia en el manejo de recursos escasos y las vueltas de tuercas más imprevisibles del género de horror. Son características que definen a muchos de los mejores títulos de la cinematografía terrorífica de la isla, incluso la más reciente: The Loved Ones (Cita de sangre, 2009), Lake Mungo (2008) y The Tunnel (El Túnel, 2011), sólo para citar algunos.

Debutante detrás de cámara con esta película, Jennifer Kent tiene una carrera de casi dos décadas como actriz de la pantalla chica australiana. Una de sus pocas actuaciones en cine, y quizás la más conocida, es en Babe 2, el cerdito en la ciudad (1998). Cansada de la actuación, Kent le escribió una carta a Lars von Trier, proponiéndole ser asistente en el film Dogville (2003). El director danés la convocó, y esa experiencia fue para ella –aseguró– “la mejor escuela de dirección del mundo”. Luego dirigió un corto llamado The Monster (2005), que terminó siendo el origen de su debut en el largometraje. Demuestra mucho de lo que aprendió con Lars: un relato contado desde el punto de vista de los estados mentales alterados, con una manera exquisita de presentar los sustos, en donde el miedo está puesto en la oscura lógica de los acontecimientos y no tanto en los golpes de efecto. El guión, también escrito por Kent, es elegante desde lo narrativo y lo visual: la mayor parte del film transcurre dentro de una casa, filmada con colores fríos que le agregan a la película un clima claustrofóbico que la transforma, en una cueva donde los rincones siempre son oscuros. Y las actuaciones son impecables.

Su protagonista, Essie Davis, realiza en The Babadook una actuación poderosa, en donde trasmite toda la angustia, ansiedad, psicosis y frustración de una mujer que lucha por ser una buena madre, pero a la que las cosas se le salen de control llevándola al límite de su salud física y mental, volviéndose más aterradora que el monstruo. Y debe enfrentar a su hijo, el también debutante Noah Wiseman, que interpreta a este niño por momentos insoportable hasta el agotamiento, también una víctima de las circunstancias más terribles. Este dúo provoca la compasión del público, ya que la relación conflictiva es presentada sin ningún tipo de juicios de valor: “Ella nunca es juzgada como mala madre –afirmó Kent–. Era importante que ambos personajes sean cariñosos y adorables, de modo que la audiencia realmente se identificase con ellos”.

La producción sólo tuvo un presupuesto de 2,5 millones de dólares, de los cuales 30.000 provenían de Kickstarter, una plataforma web en la cual los usuarios de todo el mundo pueden financiar proyectos artísticos. Esta situación hace que la máxima “menos es más” sea en este caso una realidad innegable, sobre todo si comparamos a The Babadook con los films con monstruos hechos con tecnología digital, o con los otros ejemplos de películas de terror de bajo presupuesto de la actualidad, como son las películas de estilo found footage. En cambio, la obra de Kent tiene reminiscencias a los grandes clásicos del género, en dónde lo que sabemos y lo que no, y la gran intriga de qué o quién es el monstruo se mantienen en un balance perfecto. El resultado es una nueva clase de monstruo debajo de la cama, algo siempre irresistible tanto para los amantes del género como para los curiosos, siempre indispensables desde que el terror es terror.

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