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Domingo, 15 de noviembre de 2015

TAN LEJOS, TAN CERCA

Mafalda, el Eternauta, Corto Maltés, Mort Cinder, el Niño Azul, Lukas, entre otros, se encuentran por estos días en Berlín, a la vista de miles de habitantes y turistas de la ciudad alemana. Son los protagonistas de la exposición de comics emblemáticos de la Argentina que desde el miércoles y por espacio de tres meses se proyecta sobre el ventanal de la Academia de Artes de Berlín, a sólo cincuenta metros de la histórica puerta de Brandenburgo. La directora argentino-alemana Jeanine Meerapfel –primera mujer en ocupar el cargo máximo de la Academia berlinesa– es la curadora de esta excepcional muestra en la que Miguel Rep seleccionó el material que se exhibe de los maestros Oesterheld, Solano López, Quino, Breccia y Hugo Pratt. Aquí, Meerapfel cuenta el origen de esta singular experiencia artística y por qué considera que la historieta es una de las más importantes expresiones culturales y políticas de Argentina.

 Por Juan Pablo Bertazza

En pleno relato de la batalla campal en cancha de River, el Eternauta dispara una de esas frases que rebotan y despiertan ecos en múltiples tiempos, escalas, espacios y niveles: “Imposible adivinar en aquel momento, pero el arma más formidable que jamás se usó en la tierra, estaba ya en pleno funcionamiento”.

Imposible no ver en esas palabras una suerte de reflejo vertiginoso, un autorretrato esbozado sobre la marcha, una forma de autoconciencia que empezaba a intuir, quizás, su poder de profecía.

“Lo que me impresiona de El Eternauta es que, esencialmente, cuenta la lucha de un padre, un padre de familia, contra un enemigo superior que quiere destruir Buenos Aires. Y como, de hecho, pierde a su familia se ve envuelto en una verdadera odisea a través del tiempo y el espacio para poder recuperarlos. Lo que me impresiona es que veinte años después de haber escrito esta profética historieta, el propio Héctor Germán Oesterheld fue secuestrado y asesinado, como así también sus cuatro hijas”, resume Jeanine Meerapfel, directora de cine, guionista y productora argentino-alemana que, en mayo de este año, se convirtió en la primera mujer de la historia en ocupar el máximo cargo ejecutivo de la Akademie der Künste, la Academia de Artes de Berlín, entidad pública de la República Federal de Alemania fundada en 1696, es decir, una de las instituciones culturales más antiguas del Viejo Continente. Dividida en seis secciones (bellas artes, arquitectura, música, literatura, artes visuales y cine y artes mediáticas) es una comunidad internacional que actualmente nuclea 400 destacados artistas de todo el mundo y organiza exposiciones, debates políticos y actos culturales, además de contar en su sede con una extensa colección de arte y una biblioteca que cuenta con uno de los archivos interdisciplinarios más importantes del arte del siglo XX. Y lo que dice Jeanine, la presidenta de la Akademie, sobre El Eternauta quizás lo sepamos todos nosotros, pero no la mayoría de los alemanes y habitantes de Berlín de cualquier nacionalidad a quienes les habla y que desde el miércoles pasado tienen la posibilidad de ver la exposición curada por la propia Meerapfel de comics emblemáticos argentinos, proyectados sobre el gran ventanal de la Academia que tiene una ubicación por lo menos “humilde”: al lado, nada menos, de la histórica puerta de Brandenburgo, construida entre 1788 y 1791 bajo el modelo de la puerta de ingreso a la Acrópolis de Atenas.

Aunque inédita y también histórica, no es la primera vez que la Academia de Berlín le dedica un espacio al noveno arte: en marzo de este año, cuando el presidente de la institución aun era el diseñador gráfico Klaus Staeck (predecesor de Jeanine) ya había habido un encuentro en la Academia para tratar la masacre contra la revista satírica Charlie Hebdo con la participación de tres exitosos artistas: Til Mette, Klaus Erl y Katharina Greve. “Está claro que la Academia se toma en serio el género: con respecto a lo de Charlie Hebdo, fuera del espanto que sentimos todos, es importante recordar que ese atentado no fue una casualidad, que esos terroristas vienen de lo que ellos llaman “imperio islámico”, y que en las escuelas tienen libros y planes de estudio con casi el mismo contenido que ofrecen los libros y planes de estudio de las escuelas de Arabia Saudita”, dice Meerapfel.

Brillará blanca y celeste

Las obras que ya están danzando por aires berlineses corresponden a HG Oesterheld, Francisco Solano López, Quino, Alberto Breccia, Hugo Pratt y Rep, exponente de la nueva generación: “Conocía y amaba el trabajo de Rep pero lo pude conocer personalmente gracias a la gestión del embajador argentino en Berlín, Daniel Polski, un gran amigo, lo que más me atrae de Rep es su poesía, su compasión por los seres humanos, las invenciones de sus figuras inesperadas, confieso que mi favorito es el Niño azul”, revela Meerapfel.

Las viñetas y comics seguirán proyectándose durante los próximos tres meses, ante las miles y miles de personas que caminan a diario por la PariserPlatz (plaza de París), en coincidencia con la época más fría y oscura del año en Berlín. Ahí entre nubes, humedades y mínimas de cuatro o cinco grados, ya resplandecen los dibujos desde la Academia hacia afuera.

“Algunos de los representantes más respetados del mundo de arte cómico son de la llamada Escuela Argentina, hay que tener en cuenta que la historieta surge en Estados Unidos en el siglo XIX y se extendió a toda velocidad por su innovadora combinación de imágenes, onomatopeyas y secuencias de figuras. Desde ese entonces, se volvió un arte popular y muy creativo que, a menudo, fue comparado con el cine por su lenguaje contundente, las líneas móviles, la inventiva del artista y el autor. Por todo eso quisimos difundir y mostrar algunos ejemplos argentinos del noveno arte que son respetados en el mundo entero. La idea surgió cuando el programador de la Academia me preguntó cuál era el arte más sobresaliente de mi país, la Argentina, y yo le contesté: el comic. El comic es un arte que a mí me gustó toda la vida, desde mi juventud yo era adicta a las historietas. Ese fue el click, de ahí en más sólo quedaba buscar entre las muchas historietas algunos ejemplos representativos de lo político y social”, cuenta emocionada Jeanine Meerapfel en charla con Radar.

¿Y cuál fue el criterio para elegir esos ejemplos representativos?

–Todos estos libros tienen un aura, son ejemplos destacados del noveno arte en la Argentina, tienen una actitud sociocrítica y reflexiva, en ellos se refleja la conciencia crítica y la conciencia imaginaria de una sociedad de inmigración. Por supuesto, hay mucho más por descubrir, pero por desgracia no se pueden mostrar todos. Como curadora elegí a estos autores porque todos ellos tienen un compromiso social y político en variados contextos e ideologías, porque han marcado a generaciones enteras con su humor, con su crítica aguda y con su imaginación. La idea de la Academia es, en ese sentido, ayudar a que estas cualidades sean descubiertas por un público más amplio. Yo creo que el interés de los dibujantes y creadores de historietas por lo político y lo social se basa, en gran parte, en que viven en una cierta sociedad y son como un espejo de ella, eso es lo que hace a su calidad y a su importancia artística: reflejan en sus historias e historietas el mundo en el que viven, y de esa manera son actuales, toman partido, y el público se siente reflejado, y ellos están cerca de la gente. Además, el compromiso político es un rasgo muy desarrollado en los artistas latinoamericanos, y los autores presentes de esta muestran tienen además un gran valor artístico e incluso una intencionalidad poética. Por eso decidimos también hacer una charla académica entre Rep, Anna Kemper, una periodista alemana del semanario Die Zeit que investigó sobre Oesterheld, y Johann Ulrich, editor de comics que está por publicar El Eternauta en alemán, una traducción notable que aparecerá a comienzos del año que viene.

¿Qué conocimiento hay en Berlín de la historieta argentina? ¿Es probable encontrar en AlexanderPlatz alguna persona leyendo a Mafalda?

–A Mafalda, sí. Al Corto Maltés se lo conoce un poco, pero el resto se desconoce, ya que la historieta no tiene extrañamente tanta tradición en Alemania, por lo que también por eso era necesario hacer esta exhibición. Acá no se conoce aun Mort Cinder ni El Eternauta y es hora de que esto empiece a cambiar. Por eso hicimos una larga entrevista con Rep que se irá pasando en un monitor y un pequeño catálogo gratuito con fantásticas imágenes de Rep en la tapa que se llama Mafalda y el Eternauta salvan al mundo e incluye textos míos explicando el noveno arte y lo que representan estos autores dentro de él. Argentina es un país que siempre acogió a las inmigraciones, su cultura está hecha de esas mezclas: el tango, el comic... los creadores cuyas viñetas nutren esta muestra tienen todos ese adn: inmigración, arte y política. En definitiva, creo que Mafalda o el Niño Azul estarían muy contentos y, sobre todo, muy curiosos de ver la cara de la gente que los mira, de escuchar los comentarios... y se vendrían volando acá, a discutir y a charlar con el público.

A propósito de eso, desde el primer día de gestión al frente de la Academia, dejaste en claro la intención de expandir las fronteras, de internacionalizarla, ¿qué reacciones o respuestas están teniendo hasta el momento?

–Al haber sido votada por los miembros de la Academia, mis colegas, casi por unanimidad sentí mucha alegría y orgullo. El hecho de ser la primera mujer presidenta en esta academia que tiene más de trescientos años de historia provocó que la prensa se me tirara encima, pienso que era hora de que esto sucediera. Pero no solo soy mujer sino también argentino-alemana y, además, la primera cineasta en ocupar este puesto. El hecho de desarrollar no solo temas y artistas alemanes sino también de artistas griegos, luego cubanos, y ahora argentinos está teniendo mucha aceptación. Incluso el haber logrado que se pongan todos los textos como mínimo en dos idiomas, está abriendo las puertas a los que no hablan alemán, lo cual redunda en que nuestras exhibiciones y charlas tengan un lleno total.

Berlín llamando

Jeanine Meerapfel nació el 14 de junio de 1943 en Buenos Aires, donde estudió periodismo y trabajó como redactora y periodista free lance. A los 21 años aprovechó a tal punto eso de ser free lance que decidió probar suerte en Alemania: pero antes de instalarse en Berlín, entre 1964 y 1968, arrancó su estadía alemana estudiando en el Departamento de Cine de la Escuela de Diseño de Ulm, con Alexander Kluge y Edgar Reitz.

¿Cómo fue la primera sensación en un país tan lejano y sin siquiera saber el idioma?

Lo que más recuerdo es la enorme curiosidad que tenía de saber cómo iban a ser el lugar, mis compañeros y mis estudios en la famosa escuela de diseño (hochschule für gestaltung), en el departamento de cine que dirigía Alexander Kluge. No fue algo traumático y, de hecho, me gustó mucho llegar a una ciudad más bien pequeña como es Ulm, y a una escuela consagrada a ser, nada menos, que la continuación del Bauhaus. Me llamó la atención que todos estaban vestidos de gris, todos tenían el mismo corte de pelo, todos los estudiantes se trataban de “usted”. Rápidamente me dediqué a aprender alemán y a absorber todo lo que podía. La verdad que nunca me imaginé cuánto tiempo me iba a quedar, ni cuál sería mi recorrido: cuando uno es joven, vive más el presente y absorbe todo con curiosidad... pensé mil veces en volver a vivir a la argentina... pero ya ves...

Desde aquella promisoria experiencia en Ulm, la ciudad natal de Albert Einstein, varios acontecimientos en la vida de Jeanine parecieron ir a la velocidad de la luz. Con hogar e idioma nuevos, Meerapfel se fue trazando un camino en el cine hasta que en 1980 consiguió filmar Malou, su primer largometraje de ficción, para el cual decidió convocar a tres grandes colaboradores de su admirado Rainer Werner Fassbinder: Ingrid Caven en el protagónico, Michael Ballhaus de camarógrafo y Peer Raben en la música, y que le valió un premio en Cannes.

A esa opera primera le seguirían varios documentales y películas premiadas: La turca se va (1985), La amiga (1988, preseleccionada desde Argentina para competir por el Oscar a mejor película extranjera), El verano de Ana (2012, que le valió el Premio especial en el festival Mar del Plata) y la que hasta ahora es su última película, El amigo alemán (2012) una coproducción argentina y alemana. Durante el mismo año, obtuvo el prestigioso Premio de honor del Festival de Cine de Innsbruck por la totalidad de su obra.

En muchos de tus trabajos se logra un cruce muy interesante entre lo público y lo privado, entre el fuero íntimo de una persona y su desarrollo político: ¿se trata de una búsqueda deliberada?

–Claro que sí: las historias de los seres humanos que me interesa contar aparecen cuando están sumergidos en momentos históricos bien concretos, cuando son también resultado de una cierta sociedad, y todo eso se debe denotar en sus acciones y actitudes frente a la vida. Lo que me interesa del relato personal, de la narración emotiva es también un relato basado en lo social y político.

¿Qué aspectos del cine argentino de los últimos años te llamaron más la atención?

–No estoy tan al tanto como quisiera de las nuevas películas argentinas. Dentro del cine industrial me interesaba la producción de Campanella y Bielinsky, también algunos documentales, como por ejemplo los de Daniel Samyn, y los de Cine Ojo. También quiero mencionar el maravilloso documental Maradona médico de la selva de Martín Serra, y el excelente trabajo de la directora Anahí Berneri con Por tu culpa, con la fantástica actuación de Erica Rivas.

A nivel político, ¿encontrás más semejanzas o diferencias entre las sociedades de Alemania y Argentina?

–Son países con pasados muy distintos, lo que me resulta interesante es que cualquier intelectual argentino sabe quién es Walter Benjamin o Bertolt Brecht, pero no todo intelectual alemán ha leído a Juan Gelman o a José Pablo Feinmann. Siento que, políticamente, hay un rasgo en la Argentina actual importantísimo, que es el uso de la memoria y la necesidad de tener presente los abusos de la dictadura, y luchar por los derechos humanos. En eso, la Alemania de hoy se parece, es muy consciente de las atrocidades cometidas durante la época nazi, y hay todo un trabajo de memoria importante y constante.

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