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Domingo, 29 de noviembre de 2015

ENTREVISTA> LEONARDO SBARAGLIA Y PABLO SBARAGLIA

EL JUEGO FAVORITO

Se llevan apenas un año y sus trayectorias son muy diferentes. Leonardo Sbaraglia, actor respetado, alguna vez ídolo adolescente, con carrera en España y de regreso hace bastante; Pablo Sbaraglia, músico con éxitos varios y discos solistas, alguno también en Europa y un presente que lo encuentra tocando en la banda del Indio Solari. Y, ahora, los hermanos encontraron el momento y el material para trabajar juntos: presentan El increíble magnetismo del Gran Hotel Glamour Shuffle, banda en vivo, textos y canciones de Pablo con Leonardo como narrador, personaje del hotel en cuestión y hasta cantante. E, incluso, se animan a momentos de improvisación llenos de fraternal complicidad.

 Por Salvador Biedma

La palabra play, en inglés, aglutina muchos significados. Entre ellos, tres acciones quizá asociadas en lo profundo: jugar, actuar, tocar un instrumento. Pablo Sbaraglia tarda en responder cuáles eran los juegos que más le gustaban de chico. Piensa, hace un chiste y dice que, en la primaria, se divertía con lo típico del barrio, andar en bicicleta o cosas así, y que después, a los doce o trece, cuando ya pasaba largos ratos encerrado con la computadora, tanto su hermano Leonardo como él habían empezado a estudiar aquello a lo que se dedican hoy: la actuación y la música. “Muy rápido nos dedicamos a esto y ése era el juego. Estudiar piano era un juego para mí.”

Pablo y Leonardo Sbaraglia, hermanos con apenas un año de diferencia (Pablo es el mayor y tienen otro hermano, Javier, el menor), vuelven a compartir escenario el jueves y viernes, en Boris Club, mezclando música y actuación para presentar nuevamente El increíble magnetismo del Gran Hotel Glamour Shuffle. Ya en su disco anterior, El club de la moneda de plata, de 2008, Pablo Sbaraglia había intentado armar una galería de personajes, cada uno con una historia, en una suerte de narración que iba más allá de la música y las canciones. Siente que eso no terminó de entenderse, que fue demasiado sutil y que en El increíble magnetismo… la idea quedó más clara.

El nuevo disco salió en 2013 y, además de estar pensado desde lo conceptual, incluye textos. Pablo quería que, al tocar el disco en vivo, esos textos no se perdiesen. En un principio, se grabó él mismo leyéndolos y usó eso en el show. Enseguida notó que se armaba algo interesante, que el público se enganchaba al ver un espectáculo de esa clase. Entonces, pensó en ir a fondo y sumar otros recursos. En cuanto se le ocurrió la palabra “actor”, le vino a la cabeza su hermano.

Más allá de sus conocidísimos trabajos en cine (su trayectoria en televisión y teatro también es muy importante, pero la cantidad de películas que filmó no tiene punto de comparación), Leonardo Sbaraglia lleva ya unos años haciendo El territorio del poder, espectáculo que comparte con Fernando Tarrés, en el que mezclan música, literatura, imagen, teatro. Eso lo aleja del rol tradicional del actor. Incluso canta cuatro temas (en el show con Pablo le pone voz a uno). “Estudio canto desde hace seis años”, comenta, “es un mundo que se va abriendo”.

Los caminos de los hermanos parecían destinados a unirse sobre el escenario y, al verlos, al escucharlos, se nota que todo se dio de un modo muy natural. La primera vez que unieron fuerzas para llevar a escena el disco de Pablo, en marzo de 2014, era un experimento, no sabían adónde los llevaría ni si iban a repetirlo. Ahora está claro.

Pablo asegura que así se completa el disco, que se presenta en vivo como él lo había concebido en su origen, con esos textos similares a escenas teatrales, a los que suman espacio para improvisar. “El espectáculo tiene muchísimo humor”, comenta Leonardo.

La lista de temas que se editó en el disco se mantiene y sólo agregan una canción al inicio, una versión de “Vos también estabas verde”, de Charly García (les sirve para mostrar al pasajero cuando llega al hotel), y otra al final: “Soñar bailarinas”. El cierre del disco es un tanto oscuro y prefieren terminar más arriba, despedirse con un tono más suelto y hasta con algo de desborde.

LA INTERPRETACIÓN DE LOS SUEÑOS

Soñó con una guitarra y el sueño fue tan vívido que, al despertar, quiso encontrarla en su habitación, en la vigilia. Entonces, logró que los padres le compraran ese instrumento, aunque a condición de compartirlo con Leonardo, que aceptó casi de favor. Desde luego, ese sueño (Pablo lo ha contado muchas veces) no surgió de la nada: había un interés previo por la música. Más tarde, entre los trece y los dieciséis años, soñaba en forma recurrente que se encontraba con los Beatles, en distintas situaciones. En un bar, de día, ellos tomaban vino con soda, por ejemplo; él no entendía bien qué hacían en ese lugar, pero se ponía a conversar con ellos. “Era lógico soñar algo así porque me pasaba el día pensando en los Beatles”.

Encerrado con una computadora, la ventana tapada con cartulina negra porque la luz le molestaba, escuchaba a la banda de Liverpool y leía libros de ciencia-ficción. Era muy tímido con las chicas e imaginaba que, cuando tuviese una novia, todos los problemas del mundo se solucionarían. Así recuerda su adolescencia. Ya desde segundo año de la secundaria, armó bandas con algunos compañeros de escuela.

Entre fines de los ’80 y principios de los ’90, pasó por Alphonso S’Entrega –grupo que muchos recuerdan como un mini fenómeno de culto–, Man Ray y Los Romeos. Los Romeos tuvo en su momento un hit que sonaba sin parar en radios y boliches. “Basura”, un bolero de tono humorístico. “Era un chiste, lo súper disfrutamos, pero después el grupo se volcó a hacer más temas como ése y no me cerró y me fui.”

Ya entrados los ’90, Pablo trabajó haciendo cortinas musicales para cine y televisión y, gracias a su afición por las computadoras, comenzó a desarrollar ciertas tecnologías (pulsadores en juegos de preguntas y respuestas, por ejemplo) para diversos programas. Así surgió una posibilidad laboral en España, donde ya estaba instalado su hermano actor, y finalmente él también se quedó allá.

La vida al otro del océano reformuló, parece, la relación entre Pablo y Leonardo, desde la adultez, y la propia identidad de cada uno. Al cabo de un proceso de un año, Pablo abandonó los trabajos para televisión y se metió de lleno a hacer lo que le gustaba con la música. “En parte, me animé porque estaba en otro lugar, donde uno puede reinventarse y decir que es abogado, si quiere, sin que nadie lo contradiga.”

En España editó su primer disco solista, La historia más simple del mundo, en 2004. Poco después, volvió a Argentina, de modo que no tuvo mucho tiempo para defenderlo, aunque recibió elogios en la prensa. Hoy está conforme con el disco, salvo por las voces. “No me gusta para nada cómo está cantado. Intenté saldar esa deuda en el disco siguiente y lo logré a medias. En El increíble magnetismo… hubo un crecimiento, pero quedo definitivamente conforme con lo que estoy grabando ahora”. Comenta que La historia más simple… tardó en terminarse y que eso no dio un buen resultado. “Hoy por hoy, considero que la búsqueda de la perfección es una pérdida de tiempo”. Lucha contra su mirada obsesiva y, de algún modo, asocia eso con haber sido padre hace un año y medio.

Cuando volvió a Argentina, rápidamente Pablo entró en la banda del Indio Solari y sigue firme ahí. Era fan de los Redondos y le había gustado mucho el primer disco del Indio solista. Se nota, cuando habla, la idolatría. La relación con Solari, comenta, no es la de un fan con su ídolo, pero, cuando no están juntos, “se me cae la baba”. Muchas veces había pensado que le molestaría que el Indio tocase con “sesionistas” (músicos que no forman parte de un proyecto) y él intenta no distraer de la figura principal, pero empujar dentro de la banda como si se tratase de algo propio.

¿Te molesta que casi siempre te presenten como “el guitarrista del Indio” o “el hermano de Leo”?

Soy eso, no es algo que no me pertenezca. El Indio y Leo tienen una popularidad que inevitablemente los pone delante como referencia. Yo sé lo que hago, sé quién soy. En su momento, en Telenoche pasaron el video del tema “Nada”, donde canta el Indio, y titularon: “Hermano de… toca con…”. Me pareció una vuelta de tuerca simpática.

LINTERNA MÁGICA

El primer trabajo de Leonardo Sbaraglia fue en una película emblemática: La noche de los lápices. Poco después, entre 1987 y 1991, se transformó en protagonista de la tira adolescente Clave de sol. Con la conciencia que podía tener a los dieciséis años, supo que se trataba de proyectos bien distintos. De hecho, se planteó varias veces si debía seguir en la tira, que rápidamente pasó a ser un fenómeno. Le parecía que quizá atentaba contra su carrera. Estudiaba actuación ya desde hacía tiempo (había empezado a los once o doce años). Hasta habló del tema con los padres, que estaban separados, y su madre consultó a algunos actores.

Ella había empezado a estudiar teatro ya de adulta. Le contaba a Leonardo cómo eran las clases y él miraba también al actor con el que ella estaba en pareja. Había aparecido algo nuevo en la familia, un mundo que le llamaba la atención. Así fue que se puso a estudiar.

Leonardo siente que en su infancia había dos o tres espacios muy distintos: las clases de teatro, el barrio –donde andaba con amigos y jugaba a la pelota– y la escuela –un ámbito en el que no se sentía cómodo, con chicos de una clase social diferente–. Cree que la rareza de convivir con esos mundos distintos ha ido acomodándose con los años, pero que todavía no llegó a resolverla del todo.

Hoy parece historia vieja, pero en su momento él era un “galancito” y seguir ese camino era una posibilidad. Se definió por otro lado. Tal vez, dice, exageró la “seriedad” como contrapeso ante la supuesta ligereza de la comedia adolescente. Actuó desde 1989 hasta entrados los ‘90 en el Teatro Payró, en obras como Calderón, de Pier Paolo Pasolini, La oscuridad de la razón, de Ricardo Monti, o En la soledad de los campos de algodón, dirigida por Alfredo Alcón.

Si bien eran experiencias hermosas, esos trabajos implicaban, asegura, el riesgo de “creérsela”, de pasarse de rosca para esquivar una imagen más frívola. Durante su estadía en España, pudo verse de otro modo, quitarse un corset, redescubrirse. “Estar en otro mundo”, dice, “te obliga a preguntarte quién sos”. Y volver a Argentina también resultó muy importante. Se había ido en 1997 porque no encontraba en el país muchas alternativas para estudiar o trabajar.

Mientras estaba en Clave de sol, sentía que le faltaba formarse y crecer y, entonces, el trabajo resultaba agotador. Pablo comenta que seguramente aquella tira le dio a su hermano un entrenamiento para, después, mostrarse siempre solvente: “Yo no lo vi a Leo hacer agua nunca, por más que una película no fuese tan buena o no estuviera a la altura.”

“A medida que crecés, tratás de que tu trabajo sea cada vez más tuyo, los personajes te cuentan cada vez más a vos mismo”, dice Leonardo. Y remarca dos películas que funcionaron como “bisagra”: Plata quemada y Salvador. Ahí, los personajes requerían todo un trabajo de composición. En Salvador, interpretó a un guardiacárcel franquista. “Tuve que engordar mucho, cambiar la cara… Fue muy lindo.”

Hace pocos meses, hizo a un boxeador para un largometraje que se estrenará el año que viene: Sangre en la boca. Quiere mostrar una foto. Busca en el celular, entusiasmado. Al ver esa imagen, uno entiende el trabajo físico y mental que implicó el papel: está sobre el ring con Diego La Joya Chaves, el boxeador profesional que lo entrenó para la película. “Creo que los desafíos son cada vez más grandes, aunque parezca una paradoja.” Lo atribuye a la edad y a sentirse cada vez más seguro.

Con la trayectoria que tenías y todas las películas que habías filmado, ¿el éxito de Relatos salvajes implicó un cambio en la relación con el público?

Sí. A los que ya teníamos una trayectoria, la película nos revitalizó. Ricardo [Darín] es un caso aparte porque él hace un éxito tras otro. En cuanto a los actores que también actuamos en películas de bajo presupuesto, logró que se revalorizara la trayectoria de cada uno y que se iluminaran otros trabajos.

NATURAL

El clima que se vivía en su casa, el estudio de actuación o música desde chicos, la estadía en España, el regreso a Argentina… Hay otra situación, más reciente, que marcó a los dos hermanos: fueron padres. Leonardo tiene una hija de cuatro años; Pablo, un hijo de un año y medio.

Pablo cuenta que está grabando un nuevo disco con una música muy distinta, ni rock ni pop, en el que usa juguetes de su hijo y se permite jugar más y apostar a lo que salga. Leonardo habla de que, tras el nacimiento de Julia, le cantaba todo el tiempo: cuando le daba de comer, para dormirla, al bañarla… Y, en broma, dice que quedó un disco inédito de esa época.

Surgen en la conversación tres significados de la palabra inglesa play: jugar, interpretar a un personaje, tocar un instrumento. Sonríen, hablan de la naturalidad con la que se da todo en el show que van a hacer, de cómo surgen chistes sobre el escenario y de cómo eso es, a fin de cuentas, un juego compartido.

Leonardo Sbaraglia y Pablo Sbaraglia presentan El increíble magnetismo del Gran Hotel Glamour Shuffle el próximo viernes 4 de diciembre a las 21 en Boris Club, Gorriti 5568.

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Imagen: Nora Lezano
 
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