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Domingo, 13 de marzo de 2016

MúSICA > BESTIA BEBé

PEQUEÑOS MONSTRUOS

Se formaron en el sello Laptra, del que surgieron bandas como 107 Faunos o El Mató a un Policía Motorizado, y desde su debut en 2013 con un disco que tenía el mismo nombre que la banda, Bestia Bebé, le trajeron al indie riffs de guitarra y rock barrial con odas a la amistad, canciones de amor, fútbol y superhéroes. Ahora acaban de editar Jungla de metal 2, con temas más introspectivos e incluso sombríos pero con la franqueza y cierta encantadora timidez intactas.

 Por Andrea Guzmán

Viéndolo así, remecer los platos de la batería mientras improvisa una canción con febril entusiasmo adolescente, no sorprende que la primera vez que Tom Quintans estuvo en un escenario fue el de su secundaria. Con 15 años, a un lado su hermano Felipe y al frente un par de covers de Metallica. Él dice que seguro salió horrible –o más precisamente como el orto- aunque en ese momento ellos pensaron que fue lo más. Y ya desde entonces supo que esos iban a ser sus dominios. Como ha sido desde baterista a manager, pasando por músico soporte, productor, chofer o roadie se entiende que el vertiginoso ascenso del proyecto que lidera no sea casual: es una banda independiente construida con práctica y oficio. Diez años como parte de Laptra, el sello platense al que pertenece desde su adolescencia -el de bandas como El mató a un policía motorizado y 107 faunos- le dieron el pase definitivo para salir del cascarón. Reunió a sus amigos Chicho Guisolfi en bajo, Polaco Ocorso en batería y Topo Topino en guitarra para darle formar a Bestia Bebé, un proyecto de argentinísimo rock barrial que trajo aire fresco y arrasó los escenarios del circuito independiente con sus incendiarias y luminosas canciones de amor. Amor al barrio, al viejo y fiel Volkswagen (del pueblo, dicen ellos), a los equipos de fútbol favoritos y los héroes de películas de acción. Ahora, con Jungla de metal 2, flamante segundo disco, los chicos se animan a explorar lugares más sombríos con una madura introspección. Y también, a dar un decidido paso a la profesionalización sin dejar jamás el ímpetu del rock guitarrero y sanguíneo que se hace entre amigos.

Una de las instantáneas favoritas para cualquier asiduo al agite indie seguramente sea la de la tapa del primer disco homónimo de Bestia Bebé (2013): un equipo de extraños desadaptados del fútbol amateur, enfundados en camisetas amarillo relámpago y actitud desafiante. Una que podría resumir la impronta de ese disco de intensidad punk; amigos eternos, perdedores que ganan, héroes anónimos y amistosos de fútbol. Y aunque el líder un poco se queja de preferir los riffs de guitarra a las letras y de agotarse de que le pregunten por ellas todo el tiempo, ahí están también, algunos de los estribillos más coreados del pogo: “No se por qué me siento así, aunque creo que es por vos”, “Lo quiero mucho a ese muchacho, no me importa lo que digan de él” o “Luchador de Boedo (…) Será siempre para el barrio el gran campeón”. Un pogo que los últimos años no ha hecho más que crecer y expandirse, con ese tipo de fanático que sigue a su equipo a todas las canchas. Acá, Tom Quintans de 27 años se toma un segundo entre las clases -porque es profesor de batería (de batería bestial, aclara el slogan de su curso)- para responder una de las entrevistas que tiene pendientes, una en la que le preguntan qué está tratando de decir Bestia Bebé con su look tan desaliñado, y a qué otro artista se parecen. “A Elvis Presley, creo” reflexiona él, riéndose con su buzo gris y sus pantalones deportivos, su tenida habitual que ni él, ni sus amigos sienten que tengan que abandonar para subirse al escenario. “En realidad, parece que soy bastante malo para explicar lo que hago” dice, sentado en su guarida-estudio, la casa de su familia en Boedo profundo, un garaje tuneado con figuritas de futbolistas, posters de Rambo y superhéroes. Es así, los buenos enunciados raras veces necesitan grandes explicaciones. La propuesta despojada y transparente de los chicos, la auténtica timidez de Tom en el escenario, lo afilado de sus guitarras directas y la nitidez de sus narraciones, hacen que no exista mucha utilería que remover, ni mucho más que escarbar para encontrar el corazón de esas historias. Con Jungla de Metal 2, la banda ya suma una veintena de deliciosas canciones para elegir. En este disco, conviven historias completas de películas de acción imaginarias, con auténticas canciones de amor romántico, incluida una de las frases más encantadoras y demoledoras de la temporada: “No me importa que a mi me vaya mal, si a vos te va bien” como repite en “Antártida Argentina”, el tema que abre este disco que sirve igual para agitar en el pogo, como para escuchar de espaldas en el suelo del cuarto, o en el colectivo, o manejando un auto viejo a toda velocidad. “Comparado con el primer disco las canciones quizás son menos directas, no se entiende literalmente todo lo que hablamos. Muchas canciones son de amor, otras son historias inventadas, también tiene algo más de oscuridad. A mi me gusta mucho más que el primero. Las canciones y cómo están armadas tienen una identidad y un sonido más propio, éste es un disco entero que cierra más. El primero es como un compilado porque generalmente los primeros discos son así, son siempre raros, son todo lo que tienes guardado desde antes. Algunas de las canciones las había hecho hace años, otras en el mismo momento, solo o con mi hermano. Pero con este disco es distinto, había una banda armada, un proyecto” dice Tom.

Apenas a los 18 años, Tom ya estaba bien puesto detrás de la batería de Go Neko!, ese proyecto ya extinto y con aires mitológicos, ruidoso y espacial de canciones instrumentales con vocación por el krautrock. Como el más joven de un grupo de amigos, entre ellos José D’agostino, el cerebro del Estudio Moloko Vellocet -que tanto ayudó a fraguar el sonido de Laptra y donde graban casi todas sus bandas- y su hermano Felipe Quintans, la batería de 107 Faunos y la cabeza de Super 1 Mundial, se entiende que ha transitado un largo camino de construcción. “Todas las armas que tengo yo para llevar adelante Bestia Bebé las aprendí tocando con Go Neko! y estando al lado de El mató... durante años, un montón de tiempo de vivir y de hacer cosas. Quizás, tocar es la parte más fácil”. Puede ser que por todo esto, Bestia Bebé sea una combinación no tan frecuente en la escena independiente, entre la prolijidad de tantas bandas prodigiosas que no generan empatía, o de tantas otras entrañablísimas que están aprendiendo a tocar en el camino. Acá, una banda con el sonido bestial en vivo que anuncian merecidamente y que jamás deja de alcanzar dimensiones conmovedoras. “Siempre hice canciones yo solo, boludeaba y no se las mostraba a nadie. Me gustaba la idea de tener una banda. Me gustan un montón de cosas, me gusta el krautrock, me gustan los temas instrumentales pero descubrí que lo que más me gusta es una canción, una canción que te llegue al corazón. Así que cuando empecé a hacerlo de verdad dije: quiero dedicarme a hacer esto 100%. Esto es lo que más me gusta, el día que me aburra seguro no lo voy a hacer más” se entusiasma. Y después de pensar, agrega con una espontánea honestidad: “¡Pero ojalá que no, porque no sé hacer nada más!”.

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