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Domingo, 26 de junio de 2016

CINE > DUNCAN JONES

MR. JONES ABRIÓ LA PUERTA

Se estrena Warcraft: el origen, la película basada en los populares videojuegos de fantasía medieval que dirige Duncan Jones, el hijo de David Bowie. Jones es un realizador que irrumpió con Moon, un film intimista sobre el espacio que demostraba su cinefilia y su gusto por la ciencia ficción y ahora se gradúa como director de tanques que con facilidad puede alternar con películas independientes, a la manera de Peter Jackson o Guillermo del Toro.

 Por Fernando Krapp

Duncan Jones tenía catorce años cuando David Bowie, su padre, lo llevó al set de filmación de Laberinto. La película de Jim Henson con el tiempo se convertiría en un clásico ochentoso de la infanto fantasía musical pero, más importante para el niño Duncan, definiría su vocación como director. Su interés no estaría en la actuación ni en el glamour de las estrellas trasvestidas con exuberantes trajes perlados, sino en el detrás de escena con las cámaras, los extras malcomidos y los técnicos durmientes; mucho más divertido que el detrás de escena de uno de esos conciertos que su padre daba alrededor del mundo y que lo aburrían bastante. A su corta edad, Jones era un aficionado al cine. Como se negaba a aprender a tocar cualquier tipo de instrumento, papá Bowie le regaló una cámara de ocho milímetros y se la enseñó a usar. A modo de prueba documentó varios conciertos de su padre e hizo también cortos animados con las cartas de La guerra de las galaxias. Bowie lo introdujo también en la cinefilia: Metrópolis de Fritz Lang, las películas de piratas con Errol Flynn, Las aventuras del Barón Munchausen de Terry Gilliam, y, consciente de sus bondades pedagógicas, le proyectó el clásico de Stanley Kubrick La Naranja Mecánica, a los ocho años de edad.

Todo ese bagaje cinéfilo fue puesto en evidencia en su debut como director: Moon. Estrenada en 2010 (en Argentina fue directo a dvd), la película era una de “locos en el espacio”. Mezcla de Solaris de Tarkovsky y 2001: Odisea al Espacio de Kubrick, también homenajeaba películas menores como Silent Running de Douglas Trumbull, y por momentos algo de Dark Star de John Carpenter. Y sobre todo, guiñaba a “Space Oddity”, aquella hermosa oda espacial convertida en himno que su padre legó al mundo. Similar a la canción, la película narra la vida de un astronauta que desde una base de extracción de un nuevo mineral en el lado oscuro de la luna comienza a padecer un severo trastorno psicológico. Moon supuso para Duncan Jones un auspicioso comienzo en la industria cinematográfica. Demostraba un buen manejo de la puesta en escena, del suspense y también de la dramaturgia cinematográfica. Llevar adelante una película con un solo actor requiere de cierta destreza técnica. El siguiente proyecto fue una película también con raíces en la ciencia ficción titulada Source Code. Del trastorno lunar Duncan pasaba a un trastorno a lo Christopher Nolan en El Origen; con rulos temporales, amor onírico-platónico, y mucha gente corriendo para no llegar tarde a algo que parece irremediable.

Condenado en cierto modo a hacer películas de costo medio, Duncan pateó el tablero. Después de rechazar varias secuelas por no sentirse cómodo continuando la visión de otro director, aceptó adaptar al cine Warcraft. ¿Qué es Warcraft? Bueno, dificil de explicar. Un video juego que vincula el viejo Age of Empires con el género fantasy tan caro a la literatura inglesa. Donde hay humanos en un mundo de fantasía medieval con una magia verde, y donde también hay orcos, muchos orcos, entre otros seres. Que mezcla los juegos del rol online con el mundo Tolkien, y que permite en cierto modo tener a todos los bandos (digamos, culturas) en un mismo nivel. En un mundo (el nuestro) en donde Juego de Tronos gasta el doble de un presupuesto promedio que se usa en una película para un solo capítulo, Warcraft parecía ser dinamita pura. Tras un primer intento trunco con Sam Raimi, la empresa Blizzard, responsable de su monstruo, mantuvo el proyecto en gateras a la espera de un director que, como Peter Jackson o Guillermo del Toro, hubiera vivido una cálida y cómoda infancia geek. Hasta que Duncan Jones alzó la mano y exclamó: ¿alguien dijo geek?

Porque la infancia del hijo de Bowie no solo fue de cinefilia, giras locas que lo llevaron desde Tokio hasta Rio de Janeiro cubierto constantemente de los flashes de las fotos, sino también de videojuegos. Como todo buen hijo de los años ochenta, Duncan entró en los videos por la puerta grande. Encontró no solo un modo de escape sino de ampliación de su imaginación, una forma de acceder a un mundo paralelo, y un montón de argumentos más que los defensores de los videojuegos usan para escudarse cuando la corrección política los ataca. Papá Bowie no siempre se mostraba muy conforme con que su hijo se pasara horas y horas frente a la pantallita con un joystick en la mano... pero si el tipo que torció la historia de la música pop occidental no pudo disuadirlo, ¿quién lo hubiera hecho?

El proceso de hacer Warcraft: el origen fue arduo para Duncan Jones. No porque haya habido tensiones corporativas, aunque el proyecto sí estuvo a punto caerse en un par de oportunidades, sino a nivel personal. Hace poco en una entrevista dijo: “Mi película empezó y terminó con cáncer”. Al año de iniciar la pre producción, la muerte de David Bowie sacudió al mundo, y, al poco tiempo, le detectaron un cáncer a su mujer. Duncan, en lugar de abandonar el proyecto, se aferró a su película como si se tratara de vida o muerte. Y una de las innovaciones, o al menos una de las decisiones de guión que tomó cuando lo leyó por primera vez fue la de dotar a los orcos de una profundidad emocional propia. Son los orcos los que necesitan cruzar el portal hacia el mundo de los humanos porque su propio mundo se ha vuelto inhabitable.

“Estoy seguro que voy a recordar esta película con mucho dolor y al mismo mucho amor” aseguró Duncan. Su mujer no solo se recuperó bastante bien, sino que finalmente, como la pareja de orcos, está embarazada. Duncan Jones no especula mucho con el futuro comercial de la película (aparentemente la recaudación en Estados Unidos no fue la esperada, aunque es un hit en China, donde el videojuego tiene legiones de fanáticos), ya está metido en otro proyecto, mucho más chico, llamado Mute, y dentro de todo se lo ve muy tranquilo en una entrevista reciente de la BBC donde un periodista (otro geek como él) se molesta por algunas decisiones dramáticas. Encontró en su película un modo de superar la muerte de su padre y convertirse él mismo en padre. Es el ciclo de la vida, dijo. O mejor dicho, la vida parece ser un laberinto, donde los orcos también pueden ser buenos.

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