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Domingo, 28 de agosto de 2016

ARTE > LAS FORMAS DE LO SAGRADO: ARTE PRECOLOMBINO DEL NOROESTE ARGENTINO

MENSAJEROS DE LOS DIOSES

En la muestra Las formas de lo sagrado: Arte precolombino del Noroeste Argentino se exponen piezas de una riqueza plástica y una sensibilidad asombrosas. La curaduría de María Alba Bovisio oficia de guía para no perderse en la complejidad y el misterio de una cultura tan profunda como enigmática. Las piezas se dividen en cuatro salas: los objetos de prestigio, las formas de piedra de los ancestros, la transformación chamánica y la veneración a la cabeza. Todas desembocan en el mismo lugar: el culto a las entidades sagradas y a los ancestros, origen de una comunidad donde los chamanes oficiaban de comunicadores entre los mundos.

 Por Eugenia Viña

Un vaso de cerámica con chicha, una pipa de piedra para fumar semillas y una caña hueca para inhalar el polvo de cebil. El chamán estaba listo para comenzar la ceremonia y con ella, su propia transformación. A medida que su sangre se teñía con las plantas sagradas, en su piel empezaban a aparecer las formas escamadas de las serpientes y los lagartos, las manchas de los pumas y las fauces de los yacarés. En este proceso de metamorfosis, los curacas chamanes adquirían las capacidades de cada uno de esos animales sagrados: ver en la oscuridad, volverse invisibles al mimetizarse con el medio, fuerza y agilidad extremas y el poder de contar en su propio cuerpo con las armas más poderosas, garras, colmillos y veneno, como los jaguares, los pumas, las serpientes y los yacarés, totems presentes en las piezas de la cultura andina.

Pipa, Aguada. Integración Regional 450-900 dc, cerámica. colección cancillería argentina

En la muestra Las formas de lo sagrado: Arte precolombino del Noroeste Argentino se exponen piezas de esta cultura de una riqueza plástica y una sensibilidad asombrosas. La curadora María Alba Bovisio nos guía para no perdernos en la complejidad y el misterio de una cultura tan profunda como enigmática, dada por la lejanía, la falta de fuentes y de conocimiento sobre los orígenes precisos de los objetos. Cuatro salas dividen las piezas, objetos rituales, en las que sigue viva la cosmovisión andina precolombina a través de sus piezas: los objetos de prestigio, las formas de piedra de los ancestros, la transformación chamánica y la veneración a la cabeza. Todas desembocan en el mismo lugar, el culto a los wakas, entidades sagradas, y a los ancestros, origen de la comunidad en las culturas agro alfareras del noroeste argentino (siglos V a.C. y XI d.C.) donde los chamanes son los representantes de esos cuerpos muertos con espíritus vivos. Como las serpientes y los sapos, que al morir conservan su piel intacta, no se pudren.

Los materiales que manejan –piedras, cerámica, hierro– son prácticamente indestructibles y cargan con significados y usos que empoderan a quienes los utilizan. Los elementos son para ellos una señal de riqueza, pero no hay riqueza material independiente de la espiritual. Como en la cultura precolombina de México, en la que mientras los soldados famélicos de Hernán Cortés buscaban desesperados oro, Moctezuma les advirtió, que nada valía el oro respecto de un puñado de jades. No lo entendieron, y no les importó. El jade expresaba el culto a la fertilidad. Pero creían en universos diferentes y construían sus paraísos e infiernos a imagen y semejanza.

Figura del sacrificador, aguada. Integración Regional 450-900 dc, piedra. colección cancillería argentina

El objeto de bronce que abre la muestra, Placa, con cabeza de pájaro y cuerpo humano que incluye serpientes, círculos y cruces que se repiten en sus dos lados, dando cuenta de una geometría sagrada, es uno de los llamados objetos de prestigio, que pertenecían a los chamanes, expresando su vinculación con el fundador del grupo. Como los Suplicantes, manifestaciones antropomorfas de los ancestros, que en una actitud de sumisión con sus cuellos partidos para admirar el cosmos fue inmortalizada en piedra.

“A lo largo de toda la historia andina prehispánica, la piedra, el metal y el textil estaban asociados a la producción de bienes de prestigio y a la comunicación de mensajes religiosos. Metalurgistas, talladores y tejedores deben de haber gozado de un importante reconocimiento social por su labor, que suponía el manejo de poderosos saberes tecnológicos, cosmogónicos y cosmológicos”, explica María Alba Bovisio.

Todo lo que nace, puede renacer. Eso creían en la cultura andina. La muerte era un cambio de estado que ponía en valor al espíritu que ya había vivido, que tenía más experiencia. Los ancestros, origen y fundamento del clan, wakas (entidades sagradas) estaban presentes en la vida diaria de la comunidad, evocados a través de Figuras antropomorfas, piezas de piedra, en las que la persona cobra el cuerpo de un feto, un marciano, un animal y un humano. Eran leídas en el mundo andino como encarnaciones, como “doble” del ancestro, en una relación de continuidad e identidad y no de sustitución. En las piezas exhibidas se puede observar que los rostros responden a la misma tipología: bocas y ojos redondos y nariz y cejas continuas generalmente en forma de T. Tipología iconográfica que se podría identificar con el “rostro del ancestro” no como individualidad, sino como concepto: “espacio-tiempo donde nace y renace la vida”, aclara la curadora.

Vaso con personaje antropo-zoomorfo, aguada. Integración Regional 450-900 dc, cerámica. colección cancillería argentina

Las pipas y los vasos de cerámica para chicha son obras-puente para la transformación chamánica, que con sus pieles de jaguares, sus colas de caimanes y cabezas de pumas llevaban a cabo el ritual de transformación. El cuerpo acompañaba el viaje y la metamorfosis.

Sapos de otro pozo, mejor abstenerse. Mirar la Figura del sacrificador, con sus pocos centímetros y un arma incorporada como parte de su cuerpo genera un miedo instantáneo. Especie de playmobil pero de piedra, eliminaba al enemigo sin pudores y no había allí suplicantes que perdonen. Muchos se han preguntado si los sacrificadores decapitaban o si tan sólo mataban, porque llama la atención la cantidad de cabezas humanas cercenadas o removidas post mortem. En la sala dedicada al tema, Cabeza trofeo o culto a la cabeza, se pueden ver piezas que utilizaban los indios para colocar dentro de los cráneos vacíos, que es “resultado de un proceso que implicó quitar los tejidos blandos, coser los labios y, a veces, los párpados con espinas, atar la mandíbula inferior, rellenar las mejillas con fibra de algodón o vegetal y perforar el hueso frontal para pasar una cuerda de transporte. Se han hallado también en las zonas costeras peruanas, en el altiplano boliviano y en el Noroeste Argentino ‘cráneos trofeo’. En ambos casos, el contexto sería el de la práctica de la decapitación ritual de enemigos de alto rango apresados en combates. La captura y posesión de su cabeza traería beneficios asociados no solo a su poseedor, sino a toda su comunidad de pertenencia. Sin embargo, en muchos casos no hay evidencias de decapitación, pero sí de remoción de la cabeza y de su posterior colocación como ofrenda en espacios rituales y/o funerarios”, explica Bovisio.

Suplicante, Alamito. procedencia catamarca 500 AC-450 dc, Roca diorita. coleccion museo de la plata

Piedra, arcilla, hueso y madera, las piezas se alzan como altares en sí mismos, testimonios arqueológicos y rituales –que persistieron a siglos de saqueos y huaqueros– oportunidad para ver de cerca las tecnologías de cultura de la aldea, que incluían a las plantas y a toda la naturaleza como fuente de sanación y que consideraban a los objetos instrumentos para el viaje permanente, el de ida y el de vuelta.

Las formas de lo sagrado: Arte precolombino del Noroeste Argentino se puede ver hasta el 30 de octubre en La Abadía. Centro de Arte y Estudios Latinoamericanos, Gorostiaga 1908, de martes a domingo de 12 a 20. Entrada: $50; entrada libre y gratuita los días miércoles.

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Figura antropomorfa, belén. desarrollos regionales 900-1470 d.c, cerámica. colección cancillería argentina
 
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