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Domingo, 4 de septiembre de 2016

CINE > WHIT STILLMAN

AQUELLOS PRIMEROS DÍAS

El estreno de Amor & Amistad, particular adaptación de una novela epistolar de Jane Austen, marca el retorno de Whit Stillman, uno de los creadores más personales de aquel cine independiente norteamericano que asomó en la década del noventa. Dejando de lado la ambientación contemporánea del resto de su filmografía, Stillman presenta una ligera película de época, casi una comedia picaresca, protagonizada por Chloë Sevigny y Kate Beckinsale, la misma pareja estelar de su película más conocida, Los últimos días de la disco.

 Por Diego Brodersen

No tenés que leer un libro para tener una opinión sobre el mismo. Tampoco he leído la Biblia.

–¿Qué novelas de Jane Austen leíste?

–Ninguna. No leo novelas. Prefiero la buena crítica literaria. De esa manera, tenés las ideas del novelista y también las del crítico.

El iluminador diálogo precedente se produce a mitad de camino de Metropolitan (1990) entre dos de sus protagonistas: la joven (no tan) ingenua Audrey, amante de la literatura de la autora inglesa que aspira a verse reflejada en la virtud de Fanny Price, la heroína de Mansfield Park; y Tom, idealista empedernido, seguidor de la filosofía de Charles Fourier y la más reciente incorporación a su grupo de amigos y socialites, a pesar de su caída un par de peldaños en la pirámide social. La ciudad es indiscutiblemente Nueva York y los modos de relación entre los personajes, sus hábitos y actitudes, remiten a algún momento del pasado entre los años 50 y comienzos de los 60. A pesar de ello, los rasgos del tiempo presente del rodaje están diseminados a lo largo y a lo ancho del cuadro: en los autos y los carteles, en la ropa y los peinados, en las marquesinas y escaparates. Esa indefinición temporal, que tiene su origen en el apretado presupuesto del film, se transformaría finalmente en una elección narrativa y una marca de estilo de ese y sus dos largometrajes siguientes, Barcelona y Los últimos días del disco: ambos remiten a un pasado reciente (los comienzos de los años 80 o, como reza una placa en el primero de ellos, “la última década de la guerra fría”) sin dejar de lado la posibilidad de un presente que los atraviesa de diversas maneras.

La magnífica ópera prima de Whit Stillman recibió en su momento, inesperadamente, una nominación a los premios Oscar por su guión original. Y original es, precisamente. Porque más allá de haber sido gestada en pleno apogeo de la fiebre indie, Metropolitan –a diferencia de los sexos y mentiras y videos y road movies y familias disfuncionales noventosos que tomaron por asalto una porción de la industria de cine estadounidense– toma rumbos escasamente transitados tanto en aquella era, que puede antojarse lejana, como en los tiempos que corren. Y que, como el resto de la obra de Stillman –apenas cinco largometrajes en veinticinco años–, es un film extremadamente dialogado: se habla todo el tiempo, de día y de noche, en interiores y exteriores, más allá de la actividad que estén desarrollando los personajes. Aunque como ocurre en el cine del francés Eric Rohmer, lo que se habla, lo que se dice en un tono y volumen normal o se murmura o grita, importa tanto como la posición de quién habla, cómo lo expresa, qué gestos enmarcan las palabras. Se habla bastante de libros en Metropolitan, de varios títulos y autores, pero muy particularmente de la obra de Jane Austen. En su más reciente película, de inminente estreno en la Argentina, Stillman ya no utiliza a la escritora como un elemento narrativo transversal: Amor & amistad es una adaptación (muy libre, pero fiel en esencia) de la novela epistolar Lady Susan, publicada póstumamente en 1871, más de medio siglo después de la muerte de su autora. De esa manera, el realizador deja de lado la segunda mitad del siglo XX que le sirve de trasfondo en el resto de su filmografía para ubicarse –muy cómodamente– hacia fines del XVIII. Sin anacronismos evidentes u ocultos, con trajes y tocados de época y actitudes y modos ídem, aunque manipulando la sutil ironía de las misivas que conforman el texto original por una ligereza que acerca al film, por momentos, al terreno de la comedia picaresca. “Amo a Jane Austen, amo a Fitzgerald, amo a Salinger. Y creo que sus obras están muy claramente presentes en mis películas, de la misma forma es que Salinger está presente en las películas de Wes Anderson. Hay otros autores que me gustan mucho pero no veo la forma en que sus libros se metan en mis films. Me refiero a Tolstoi, a Balzac a Evelyn Waugh”, declaró recientemente Stillman en una entrevista con el periódico británico The Independent, a poco de comenzar la promoción tanto de la película como de su “novelización”, publicada hace un par de meses en los países de habla inglesa. Hábito que comenzó con Los últimos días del disco y que termina emparentándolo nuevamente con Rohmer: el maestro francés supo publicar versiones literarias de su ciclo de “Seis cuentos morales”.

CINE Y LIBROS

Amor & Amistad, “en la cual Lady Susan Vernon, creación de Jane Austen, es completamente vindicada”, reza el subtítulo de la versión impresa de esta reversión según Stillman. Algo similar puede afirmarse respecto de la película, cuyo reparto está encabezado por la misma dupla protagónica de Los últimos días…, la morocha Kate Beckinsale y la rubia Chloë Sevigny, aunque aquí se invierte completamente el centro de gravitación moral hacia el personaje interpretado por la primera de ellas. Tampoco comparten departamento, ni transitan una incipiente carrera en la industria editorial. Se trata de dos mujeres socialmente establecidas que se acercan a sus cuatro décadas de vida: respectivamente, Lady Susan, una viuda inglesa y madre de una hija adolescente que ha entrado en esa etapa ideal para ir pensando en el connubio, y Alicia, una norteamericana casada con un hombre algo mayor que ha establecido residencia en el viejo continente. Como ocurría en Barcelona, que levantaba el telón de su primer acto con la llegada de un soldado norteamericano al departamento de su primo, residente temporal en Cataluña, Amor & amistad presenta a Lady Susan en ocasión de una visita a la mansión de su familia política, Churchill, “donde no hay iglesia ni colina a la vista”, como afirma sin atisbo de corrección protocolar uno de sus huéspedes. Sus intenciones no están del todo claras, al menos para nadie más que ella misma, aunque el film se tomará su tiempo para revelar esos detalles. Su amiga y confidente Alicia le comenta en Londres –parada obligada previa antes de su desembarco final en Churchill– que su marido le ha prohibido tener contacto con ella, so pena de ser enviada de vuelta a Connecticut. Hazte la fama y deja que circule: Susan es considerada por la “sociedad” como una mujer algo atrevida, peligrosa por sus cualidades seductoras, tal vez demasiado inteligente. Ciertamente, su aparición inesperada provoca que las relaciones entre los miembros de esa familia comiencen a mover resortes visibles y ocultos, conscientes y reprimidos. A la manera de un viejo film del período mudo o comienzos del sonoro -o siguiendo las premisas organizativas de un programa de mano teatral de antaño- los personajes del “drama” son presentados uno a uno, con planos cerrados sobre su rostro, el nombre debajo y una breve descripción de sus características personales, en particular las virtudes o debilidades de su carácter. Stillman introduce así el elemento paródico que, en mayor o en menor medida, siempre estuvo presente en su obra, aunque aquí se sienta mucho más moderado que en la anterior (e inédita en nuestro país) Damsels in Distress, farsa universitaria protagonizada por un grupo de chicas en estado de ebullición intelectual y emocional, y tal vez su film más narrativamente wesandersoniano (aunque visualmente ajeno a los ultradiseñados y geométricos universos del director de Rushmore).

Frederica, la hija de dieciséis años de Lady Susan, no se quiere casar. Al menos no con su pretendiente, un hombre un par de décadas mayor que ella que, a poco de llegar a Churchill tras los pasos de su prometida, es definido por uno de sus anfitriones como “tonto”. Y lo es, qué dudas caben: Sir James Martin hace comentarios fuera de lugar, desconoce algunas reglas de etiqueta básicas, no conoce la existencia de las arvejas y cree que los mandamientos bíblicos son doce. No tanto un pez fuera del agua como un tipo ingenuo y algo corto, aunque esencialmente “de buen corazón”, Sir Martin es el hombre elegido por Susan como el partido ideal para su hija, a quien le recuerda que “nuestro estado actual de confort es muy precario. No vivimos, visitamos. Si una vida confortable como la que te ofrece Sir James no es de tu gusto, ¿de qué vivirás?”. La trama con forma de telaraña comienza a complicarse cuando el joven de la casa, Reginald DeCourcy, comienza a sentir algo más que simpatía por la bella viuda y esos paseos casuales por los jardines de la casa, regados con conversaciones de toda clase y tenor, comienzan a tener el tono de la confesión íntima. Muchos de los diálogos y situaciones descriptas en la película apenas están esbozados o, directamente, no existen en las cartas que integran el texto original de Austen. Al respecto, en una exhaustiva entrevista realizada por la revista especializada Film Comment, Stillman detalló que, si bien es más difícil partir de una novela que no posee una narración en primera o tercera persona convencional, “al mismo tiempo eso fue muy atractivo, porque me permitió apropiarme de la historia de una manera tal que no hubiera sido posible de haber partido de escenas dramatizadas de una novela para transformarlas en escenas dramatizadas de un guión. Por lo tanto, es cierto que el desafío era mayor, pero también muy liberador de esas esposas que atan tus manos al adaptar escenas que ya han sido diseñadas. Muy pocas escenas del film son descriptas en las cartas de la novela. Casi todo debió ser creado nuevamente”.

SENSATEZ, SENTIMIENTOS Y EMBROLLOS

Si las complicaciones amorosas de los personajes de Amor & amistad recuerdan a las de las protagonistas de Los últimos días del disco y Damsels in Distress, no hay allí casualidad alguna: Whit Stillman está trasladando algunos de los intereses de sus films contemporáneos -desde un campus universitario o desde los comienzos del yuppismo neoyorquino- a la Inglaterra de 1784. Los códigos podrán ser otros, las formas verbales y escritas de relacionarse diferentes, los ropajes más incómodos, pero la esencia de las emociones y ambiciones humanas no ha variado demasiado, parecen afirmar esas coincidencias que no son tales. Lady Susan es tan encantadora y manipuladora como lo era Charlotte en Los últimos días…, y en ambas películas brilla la presencia de una actriz usualmente relegada a roles insustanciales: Kate Beckinsale. En Amor & Amistad esta londinense que a los 43 años está más buena que a los 20 vuelve a hacer uso de su acento british -pulido hasta el punto de la eliminación en su carrera norteamericana- y demuestra que lleva en la sangre la tradición actoral británica, en este caso en su vertiente más pícaramente witty. Y lo hace con una velocidad genuinamente alocada, contagiada del ritmo del film en su totalidad, que corre a altas velocidades durante 90 minutos con una intensidad poco frecuente en esta clase de producciones históricas. En el fondo, Amor & Amistad se acomoda tan lejos del cine de qualité como le es posible y utiliza su punto de partida literario para levar anclas y construir un universo que le es propio más allá del punto de origen, manipulando a sus espectadores como su personaje principal lo hace con quienes la rodean: hija, amante, familiares, criados. “Creo que esa clase de personaje funciona como un alter ego para muchos escritores”, dice Stillman. “Porque, ¿qué hace un escritor? Engaña y manipula y hace trampas con el lenguaje para tejer una red”. Amor & amistad, que tuvo su estreno mundial durante la última edición del Festival de Sundance -acreditando así su pertenencia a la estirpe indie, a pesar de su condición de pariente lejano y algo excéntrico- confirma que la de Whit Stillman sigue siendo una de las voces más personales, creativas y sutilmente rebeldes del cine independiente producido en los Estados Unidos durante las últimas tres décadas. El cine de un austenite (como suele llamarse a los admiradores de la literatura de Austen) que ha hecho de la(s) palabra(s) uno de los elementos fundamentales de su ética y estética cinematográfica.

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