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Domingo, 6 de noviembre de 2016

Loca como tu madre

Pamela Adlon cuenta que cuando piensa en ella y sus hijas, se reproduce en su mente una escena en cámara lenta. Desafiantes las cuatro. Solas. Caminando juntas a cámara, tipo Perros de la Calle de Tarantino. La intro de su nueva serie, en cambio, resulta un poco más luminosa. Se las ve por orden de tamaño en filita india, al estilo del Abbey Road, mientras suena “Mother” de John Lennon y pasan algunas películas caseras con recuerdos de infancia. Pamela Adlon y sus hijas parecen una banda de rock de chicas. Con todos sus desencuentros y victorias –incluso con el whisky y el porro que hay en medio– se reúnen en BetterThings, la serie semi autobiográfica que ¡por fin! la comediante se decidió a escribir, y que también produce y protagoniza ella misma. Un retrato agridulce y difícil de encajar genéricamente, sobre una familia de mujeres, de diferentes edades, en diferentes etapas fundamentales de su vida. Pamela se interpreta a si misma como Sam, una actriz de comedia que tuvo éxito en su juventud y ahora, llegando a los 50, intenta seguirle el paso a un Hollywood que se vuelve cada vez más hostil. Ahí se la ve, entre castings para pilotos de series absurdas o poniendo la voz a personajes de dibujos animados para niños. Y entre todo eso, se dedica a la crianza de sus tres hijas bien diferentes. Está la chica linda de la secundaria que experimenta la etapa más explosiva de la adolescencia (Mikey Madison). La preadolescente prodigio con una creatividad que genera algunos escozores: elegir disfrazarse para Halloween de “esposa inútil de los años 50”, por ejemplo, o sugerir extirparse el clítoris como símbolo de protesta (Hannah Alligood). Y una pequeña (Olivia Edward) que solo quiere estar cerca de mamá (festejamos sus primeras groserías en cámara: “¡la primera vez que mi bebé dice mierda!” celebra Pam)

Muchos se preguntaban cuándo Pamela Adlon –un monstruo de la comedia como es ella– eterna colaboradora de Louis C.K., partner creativa clave para la estética y el tono de su exitosa serie, y uno de sus intereses amorosos más intensos en la ficción, iba a decidirse a estelarizar su propio show. O quizás, solo los más fanáticos del género se lo preguntasen, debido al extremo bajo perfil que mantiene y que la tuvo ocupada con otros proyectos, como Californication o en la voz de Bobby Hill, el nene de la serie animada Reyes de la Colina (por el que ganó un Emmy). Eternamente insegura de su propia historia como material, Pamela trabajó escribiendo y produciendo cinco temporadas de la autobiografía de otra persona, la de su mejor amigo Louis, mientras en Fox la apuraban para hacer una serie que ella no se animaba a escribir. “Simplemente no sabía si alguien le interesaría saber mi historia” declaraba. “Pensaba que quizás no había una audiencia para un show que va sobre la vida real y cotidiana de una madre soltera. Quizás el público quería algo más grande o pirotécnico”. El éxito de Louie, la serie que escribieron juntos, otro padre soltero con un imaginario tan bizarro y un sentido del humor tan agudo como ella –el reverso negro, limado e incorrecto de Judo Apatow– probó que se puede hacer una comedia que no necesariamente busque las risas envasadas todo el tiempo. A veces cruel, a veces demasiado críptico, a veces con David Lynch de invitado especial. Y ahora le tocó a él ponerse del lado del sidekick de Pamela, como partner creativo en el guión y ocasionalmente como el director elocuente en el que se ha convertido con el paso de los años.

Hay un momento de la serie en el que a Sam la invitan a un encuentro de empoderamiento femenino de la escuela (impulsada por su hija del medio, esa que hasta ahora tiene prohibido extirparse el clítoris). Todo con la consigna de hablarle a la audiencia sobre ser madre soltera y además actriz de cine. Ella, un poco incómoda al intentar explicar algo que ha sido parte de su vida cotidiana desde siempre, incapaz de arengar una frase motivacional, termina desviando todo para preguntar quién en la sala le vino el periodo por primera vez y a quién ya no le viene más. Ante la mirada atónita de su hija, una audiencia completa que se acompleja por ambas cosas. Por tener, ¡o por no tener! el período menstrual permanece en silencio incómodo. Pamela Adlon dice que –aunque lo termine siendo– no se había planteado hacer una comedia feminista o que tematice el feminismo. En primer lugar, en su cabeza quizás demasiado optimista, ¿quién podría hoy no considerarse feminista? Según la autora, quería que fuera una serie más bien sobre estar vivo, sobre esas tareas molestas y cotidianas que al final son las que conforman nuestras vidas. Eso que se le permitió a Seinfeld, por ejemplo. O al mismo Louie, como su versión realista y sentimental. Y bueno, que en su caso, todos estos pasajes son autobiográficos, desde la cotidianeidad en la maternidad, o su carrera en Hollywood que ejerce desde los 11 años, hasta avergonzar a su hija en la escuela. Ahí están las drogas, el porno, envejecer, trabajar, tener el período, tomar vodka. Sam es también hija de una madre soltera que vive sola frente a su casa, hace lazos con una madre mormona de la escuela, aunque ella se jacte de su ateísmo y progresismo, y tiene una mejor amiga de la infancia. “Era muy interesante para mi contar la historia de mujeres en distintas etapas de su vida. Ni siquiera tematizar ni intentar explicar dónde está el padre y ponerlo como conflicto. Porque esa no es la historia del padre ni por qué no está presente nunca. Esta es la historia sobre otras personas y otros tipos de familia”.

El título de la serie está elocuentemente elegido en honor a la canción de The Kinks, ese tema luminoso que asegura que en algún momento todo va a estar mejor. Y mientras se la tararea, podría cristalizar el ímpetu del proyecto. Con ese humor incómodo. A veces negro, siempre deforme, pero que se dirige indefectiblemente a ideas superadoras y luminosas sobre la vida. “Yo realmente creo que todo en la vida es gracioso. Que hay mucho de divertido en la oscuridad. No me gusta que algo solo sea oscuro, también tiene que tener corazón” dice Pam.

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