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Domingo, 5 de septiembre de 2004

NOTA DE TAPA

Pasajero en trance

Es iraní, psicólogo y tiene 59 años. Como consecuencia de una maraña burocrática de dimensiones absurdas, hace 16 años quedó varado en el aeropuerto Charles De Gaulle de París. Desde entonces vive ahí, entre una boutique y la farmacia del subsuelo. Y ahora, The Terminal, la nueva película de Steven Spielberg con Tom Hanks, ha puesto su caso de nuevo en las tapas de los diarios. Pero hay mucho más: detrás de la película edulcorada de Spielberg se esconde la historia de un hombre que militó contra el Sha, estuvo preso más de una vez, buscó incesantemente asilo político, descubrió que era hijo natural, se convirtió en un errante en busca de su madre y un día decidió instalarse en el único lugar del que nunca nadie lo expulsó. Y ya que estaba, enterró su nombre y ahora se hace llamar Sir Alfred.

Por Eduardo Febbro, desde el
aeropuerto Roissy-Charles-De-Gaulle

Sir Alfred Merhan tiene un domicilio poco común. Desde hace 16 años, este iraní de 59 años envuelto en un interminable enredo administrativo que derivó en locura, reside en la zona de los comercios internacionales de la Terminal Nº 1 del aeropuerto parisino de Roissy-Charles-De-Gaulle. Sir Alfred recibe cartas de todas partes del mundo y su historia ha inspirado varias películas, la última de ellas dirigida por Steven Spielberg. Sir Alfred Merhan se llama en realidad Merhan Karimi Nasseri. Llegó al aeropuerto francés en 1988 y, forzado por las circunstancias primero y voluntariamente después, eligió fijar domicilio allí, entre una boutique de ropa y una farmacia de los subsuelos. Cada mañana, antes de que la marea humana de pasajeros atraviese su sillón-casa, Sir Alfred se lava en los baños “sin ducha”, dice quejándose, y toma su desayuno. Nadie diría que ese “casi” elegante caballero medio calvo y de bigotes perfectamente acicalados, vestido con un saco sport y un pantalón siempre inmaculado, es todo menos un pasajero más. Sir Alfred Merhan es el protagonista de uno de esos recorridos existenciales que conducen a un ser humano a uno de los rincones misteriosos de la vida. Sir Alfred no pide nada, no molesta a nadie, no reclama nada y no crea ningún conflicto. Ni siquiera parece importarle el dinero, que no le falta. La empresa DreamWorks le pagó 300 mil dólares en compensación por los derechos de su historia narrada en un libro de próxima publicación, The Terminal Man. Sir Alfred es una suerte de apátrida millonario que duerme sobre el inconfortable asiento de un aeropuerto internacional. Su pasatiempo preferido consiste en leer los diarios y las revistas y, últimamente, la autobiografía de Hill Clinton.
Lo que a primera vista puede parecer un accidente administrativo absurdo es en realidad un hecho patético. Sir Alfred no reside en la zona de nadie de un aeropuerto porque lo obligaron o porque le falte un papel sino porque quiere. Para gozar de toda su libertad le bastaría con poner su firma en un papel, pero Sir Alfred se niega a hacerlo. Como dice el doctor Philippe Bergain, psiquiatra y jefe del servicio médico de urgencia del aeropuerto Roissy-Charles-De-Gaulle, “un aeropuerto es un lugar mágico, entre la tierra y el cielo. Sir Alfred se encuentra en el mismo disco que nosotros, pero no en el mismo surco”.
Merhan Karimi Nasseri nació hacia 1945 en la provincia del Kurdistán iraní. Hijo del doctor Karimi Abdolkarim, Merhan realizó estudios superiores en la Universidad de Teherán. En 1972 se graduó en Psicología y, un año después, justo después de la muerte de su padre, se enteró por boca de su madre que en realidad no era su hijo legítimo sino el hijo de una amante de su padre, una enfermera inglesa que trabajaba con él. Su madre sustituta lo crió en secreto hasta 1952, cuando nació “su hermano” y ella declaró que había tenido mellizos. Esa revelación lo conducirá más tarde a la errancia, a la búsqueda de su madre auténtica. A los 28 años “reales” –21 según los documentos de identidad– Merhan viajó a Gran Bretaña y se inscribió en la Universidad británica de Bradford para seguir la carrera de Ciencias Sociales. En plena dictadura del Sha de Irán, muy rápidamente Sir Alfred integra los grupos de estudiantes iraníes que manifiestan en Londres contra el régimen del monarca. En 1976, de regreso a su país, Merhan es detenido en el aeropuerto de Teherán por la policía secreta, la Savak. Su aventura de militante londinense le costó cuatro meses de cárcel y la expulsión de su país natal. Por desgracia para él, Gran Bretaña le negó el asilo político y lo mismo hicieron Alemania, Holanda, Francia y Bélgica. La búsqueda de una nueva patria lo condujo a pasar 5 años errando de país en país sin obtener nunca el salvador estatuto de refugiado. Recién en 1981 y luego de muchos intentos infructuosos en Bélgica e Inglaterra, las autoridades belgas le otorgaron el refugio que solicitaba. Según cuenta Merhan, fue en ese país donde vivió los “años más felices de la vida”. Felices hasta que un miembro de la comunidad iraní le habló de su verdadera madre, la enfermera. La mujer se llamaba Simone y supuestamente vivía en Glasgow. Encontrarla en Inglaterra será, a partir de ese momento, la razón de su vida. Merhan tenía todos los papeles en regla y, por consiguiente, la posibilidad de viajar al Reino Unido legalmente. Pero cometió un error. En 16 de noviembre de 1984 llegó a Gran Bretaña y, dos días después, para evitar que Inglaterra lo expulsara del territorio una vez que venciera su visa, remitió por correo su carta de refugiado al Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, el Acnur, con sede en Bruselas. En esa época Merhan empezó a hacerse llamar “Sir Alfred”. Cambio de nombre, pérdida de su estatuto, interminables enredos administrativos, el principio del fin, o de otro comienzo, el de la vida en los aeropuertos. Inglaterra lo expulsó y Bélgica, como no tenía ningún documento, le negó el ingreso a su territorio. Alfred llegó finalmente a Francia en 1985, pero se hizo arrestar y condenar a tres meses de cárcel por “residencia ilegal” en territorio galo. Una vez en libertad, Sir Alfred empezó a vagar, invisible a veces, visible otras, por la Terminal Nº 1 del Charles De Gaulle. Sin que nadie sepa cómo lo logró, Alfred pudo tomar un avión con destino a Londres, donde fue detenido y expulsado hacia Francia. Otra vez la cárcel, cinco meses, y la vuelta al único territorio del cual nunca nadie lo expulsó: el aeropuerto francés.
El hombre se hizo arrestar una vez más en 1990. Su curiosa historia y el lío en que estaba metido suscitaron la atención de algunos abogados, entre ellos la del doctor Christian Bourget, que lo defiende desde entonces. Detenido nuevamente en 1992, las autoridades francesas aceptaron finalmente otorgarle un permiso de residencia siempre y cuando presentara su carta de refugiado establecida en Bélgica... Pero el hombre no podía ir a buscarla. Los franceses lo metieron preso y los belgas, sin papeles, no lo dejaban entrar. “Fue una historia kafkiana”, dice su abogado. Kafkiana y algo más. Bélgica tardó siete años en suministrar el documento solicitado por Francia, siete años durante los cuales Sir Alfred eligió su domicilio definitivo: la Terminal Nº 1, y se dejó paulatinamente “devorar” por algo mucho más interior: la locura. El día que llegaron los documentos, en junio de 1999, el doctor Bourget y Philippe Bergain, el jefe del servicio médico de urgencia del aeropuerto De Gaulle, lo acompañaron al Tribunal de Bobigny para que retirara su permiso de residencia definitivo. Demasiado tarde. Merhan Karimi Nasseri
no quiso saber nada, se rehusó tajantemente a firmar los papeles que le entregaban y hasta negó su identidad: “Me niego a firmar –dijo al juez–, no llevan mi nombre verdadero. Yo no soy más el que fui. Ahora me llamo Sir Alfred Merhan y no soy iraní. Mi padre era sueco y mi madre dinamarquesa”. Ahí se quedó.
Lo único que ha cambiado en su vida es su economía. Desde que recibió la plata de Spielberg, Sir Alfred se viste de lujo, con ropa comprada en el mismo aeropuerto. Enigmático, elegante, impenetrable, por momentos incoherente y tierno, Sir Alfred ya no sabe quién es. De tanto en tanto, su abogado lo lleva de paseo “sólo por la noche, para que vea las luces de París y otra gente”. Luego lo reintegra a su mundo de personas en tránsito perpetuo. Sir Alfred no quiere alejarse del aeropuerto por mucho tiempo. No aceptó los domicilios que le ofrecieron ni el dinero donado. El aeropuerto es su identidad porque “allí se convirtió en alguien”, precisa el doctor Bergain, su único amigo junto al abogado Bourget. Sir Alfred “es un hombre sin importancia colectiva, sólo se representa a sí mismo, por eso su caso nunca movilizó a las asociaciones de defensa de los Derechos Humanos”, explica Bourget. Merhan se hizo llamar “Sir” debido a su supuesta descendencia inglesa y “Alfred” por Hitchcock. Según las horas del día, Sir Alfred es capaz de decir que nació en Florida, luego en Suecia o en Dinamarca. Su historia cambia según su estado de ánimo. Ni élmismo la sabe ya. Sólo acepta hablar en inglés y si alguien lo sorprende preguntándole “¿Quién es Karimi Nasseri?”, Sir Alfred responde: “Un personaje inventado por DreamWorks”. Su dirección, en cambio es real: “Monsieur Alfred, Aéroport Charles-De-Gaulle, Terminal 1, Roissy 95700”. El correo llega sin atraso.

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Según las horas del día, Sir Alfred es capaz de decir que nació en Florida, luego en Suecia o en Dinamarca. Su historia cambia según su estado de ánimo. Ni él mismo la sabe ya. Sólo acepta hablar en inglés y si alguien lo sorprende preguntándole “¿Quién es Karimi Nasseri?”, Sir Alfred responde: “Un personaje inventado por DreamWorks”
 
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