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Domingo, 19 de junio de 2005

Los inevitables: Salí - Teatro y Danza

Los martes, orquídeas

De vuelta a la pasión adolescente.

Por Analia Melgar
¿Qué tienen en común el film de 1941 en el que se produjo el debut cinematográfico de Mirtha Legrand y el actual espectáculo de danza-teatro intitulado Hammar (te chorrea...)? Respuesta: una flor y una atmósfera. La propuesta del director Juan Veppo reúne a siete jóvenes actores, cantantes y bailarines para configurar el pequeño mundo de un grupo de amigos ricachones en el despertar de la adolescencia. El aire se colma de dulzura, timidez, ingenuidad y un detalle de utilería se repite: un ramillete de orquídeas reaparece cada tanto y resume el romanticismo sutilmente paródico de este espectáculo. Encantador, distendido, sus conflictos libres de dramatismo se centran en los primeros encuentros amorosos de la vida. Las miradas a escondidas llegan al clímax cuando el chico –de pulcra camisa y sweater a rombos, jopo bien batido– y la chica –pelito carré, vincha color pastel y vestido corte princesa– se atreven a besarse. Una obra para viajar casi hasta la infancia y rememorar aquella frase “¿Querés ser mi novio/a?”.
Y como de escarceos se trata, el lenguaje del contact-improvisación provee del código físico para mostrar esa época de la vida donde los cuerpos se estudian, se atraen, se enganchan, se golpean y se apretujan. Todos los intérpretes saben transmitir movimientos indecisos entre la torpeza y la sensualidad, con manos curiosas pero inhábiles. Esa transición también sucede en las escenas: primero un pic-nic, después una cena con luz de velas; primero juegan una guerra de agua, después comparten una noche de bodas. Para todas, el disfrute del público está en reconocer un conjunto de clichés recuperados, como los de una serie norteamericana de los años ‘60, quizás Peyton Place, pero sin lágrimas.

Hammar (te chorrea...). Domingos 21.30 hs. en Cubo Cultural, Zelaya 3053 (4963-2568).

Arte pobre

Amor cartonero.

Por A. M.
¿Qué tienen en común Juanito Laguna, Chiquilín de Bachín y el actual espectáculo de danza-teatro Debajo del cielo? Respuesta rimada: basura y ternura. Antonio Berni, Horacio Ferrer y el director Máximo Salas se mueven por el difícil camino de hacer arte a partir de y sobre la pobreza.
Este último ofrece un dúo integrado por dos linyeras, homeless, o sin techo –elija usted el término que le parezca más políticamente correcto o que le duela menos a la culpa burguesa– que desarrollan escenas con
toda la paleta de sentimientos y sensaciones. El vagabundo (Pablo Medina) es además ciego y blande su bastón de palo de
escoba temerariamente: su exaltación jocosa y su furia visceral desencadenan unos bastonazos enloquecidos que pueden
acabar en el ojo de un espectador. La mujer de papel (Rhea Volij) arrastra aquí y allá su carrito con desperdicios, igual que sobrelleva sus huesos: demasiado frágiles para mantenerse erguidos, se pliegan por las articulaciones (rodillas, codos) igual que una hoja en blanco. Estos dos marginales construyen un amor tan verdadero como el hambre que padecen: aunque combaten a mordiscones por un pedazo de pan, juntos pasean en un bote imaginario, entre camalotes hechos con alambres y envoltorios de golosinas. En su diálogo sin palabras, es ella quien invita. Volij –de largo trabajo en la danza butoh– se luce aquí en un trabajo
interpretativo que le permite mostrar una labor expresiva finísima. Gustosa de las pausas, sabe manejar su cuerpo hasta que el público se habitúa a esa velocidad
ralentada que deja saborear cada pasaje
sin apuro.

Debajo del cielo. Sábados 21 hs. en Espacio Callejón, Humahuaca 3759 (4862-1167).

Esquizofrenia escénica

Un hombre solo que contiene multitudes.

Por Carolina Prieto
Después del show queda knock out y para atravesarlo al máximo de sus posibilidades expresivas, Marcelo Savignone entrena tres horas diarias como un atleta: trota, repite rutinas físicas y también hace ejercicios vocales. Fue uno de los fundadores de la compañía Sucesos Argentinos, investiga la técnica de la improvisación teatral desde hace diez años y, en su nuevo espectáculo, En sincro, se juega solo, acompañado únicamente por Víctor Malagrino en batería y teclados. No necesita más; el resto lo sugiere el público: mientras se espera para entrar a la sala, cada espectador es invitado a decir el título de una canción o un fragmento. Un grabador registra los testimonios que luego sonarán como un eco que se desvanece. Adentro la atmósfera es sombría y con aires de disco: un músico, un escenario oscuro y esfumado por el humo, el intérprete vestido de negro. Enseguida, alguien de la platea reconocerá su voz durante unos segundos, tiempo suficiente para que Malagrino genere los primeros sonidos. Y de la conjunción del título o estrofa sugerida y de los acordes, explota un personaje potente y hasta feroz con el que el actor captura la atención durante unos minutos. El resultado: un micromundo contundente creado a partir de muy pocos elementos, una voz y un cuerpo que se transfiguran en forma camaleónica con cada improvisación. Así desfilan una serie de criaturas desencajadas que, sobre el final, dialogan entre sí. En ese momento, la rapidez y el desdoblamiento se potencian. Tanta intensidad tiene su razón de ser. “De los personajes fuertes y monstruosos me queda un registro físico que me facilita, a lo último, recuperarlos y cruzarlos en una especie de esquizofrenia escénica.”

En sincro. Los sábados a las 23.30 en el Centro Cultural de la Cooperación (Avenida Corrientes 1543). Reservas al 5077-8000.

Tango feroz

Disquisiciones sobre el tango con invitados de lujo.

Por C. P.
¿De qué hablamos cuando hablamos de tango? ¿Qué significa la letra de “Naranjo en flor”? ¿Qué relación existe entre Cobián (Juan Carlos) y Cobain (Kurt)? El Club Atlético Fernández Fierro, la milonga de la Orquesta Típica Fernández Fierro en el Abasto, ¿es en realidad un prostíbulo? ¿Cuál es la edad del cantor Guillermito Fernández? ¿Y la sexualidad del francés-quizás-uruguayo-nunca-argentino? Estas típicas disquisiciones y muchas otras aborda el licenciado Eugenio Rataplán en lo que él llama Conferencia del Tango, acompañado por dos especialistas bastante más jóvenes y menos experimentados, Germán Marcos y Maximiliano Senkiw, los mismos que lo secundan en el programa de FM La Tribu. Rataplán se mueve con la velocidad de Mamá Cora, repite algunas frases, no admite discordias por más que él se propone desmitificar e iluminar las zonas oscuras del dos por cuatro. Lo hace con bases tan sólidas como las últimas investigaciones de la Academia del Lunfardo de Connecticut o los postulados de Carlos Villagrán, compositor dispuesto a “ejecutar a aquellos cantores que no son Goyeneche y que insisten en decir los tangos en vez de cantarlos”. A Rataplán lo siguen talentos como el Chino Laborde (voz de la Fernández Fierro), Alfredo Piro, Hernán Reinaudo y Federico Mizrahi. Cada miércoles, alguno aparece para musicalizar la noche e interrumpir por un rato la verborragia del experto, encarnado por el actor y bandoneonista Luis Longhi, que desde hace tiempo desacraliza la música ciudadana en espectáculos como Demoliendo Tangos y Tangoservicio Tararira y, ahora, con las conferencias semanales que protagoniza y dirige. Ortodoxos abstenerse.

La Conferencia del Tango. Los miércoles a las 19 en la Sala Osvaldo Pugliese del Centro Cultural de la Cooperación (Avenida Corrientes 1543). La entrada es gratuita.

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