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Domingo, 11 de septiembre de 2005

COMICS > LA REVOLUCIóN IRANí DESDE ADENTRO Y POR UNA MUJER

La revolución al cuadrado

Harta de corregir todo el tiempo las equivocadas impresiones que sus amigos franceses tenían de su patria, la iraní Marjame Satrapi escribió y dibujó Persépolis. Ni se imaginaba que sus memorias infantiles de la vida antes, durante y después de la revolución islámica se iban a transformar en la última gran revelación de la historieta mundial.

 Por Martín Pérez

A mediados de este año, en la página editorial del New York Times, una breve historieta autobiográfica se destacaba en medio de sus habituales columnas. En ella, una autora iraní dibujaba su experiencia de haber sido invitada a dar una charla en la academia militar de West Point, en la que pensaba dejar en claro lo que pensaba sobre la guerra y la democracia que intentaba imponer. Allí confesaba su miedo a que los cadetes y sus superiores terminasen colgándola del árbol más alto por proferir semejantes opiniones, pero finalmente contaba con sorpresa cómo todos la habían escuchado con amabilidad. Su experiencia la había desconcertado, contaba, haciéndola pensar que no sabía demasiado de nada. Salvo un par de cosas: “Que estoy en contra de la guerra, y que la democracia no es un obsequio que se le da a la gente bombardeándola”.

La autora de semejante historieta se llama Marjame Satrapi, y es la primera y presumiblemente única autora de historietas de origen iraní, femenina o no. Pero no sólo eso: la razón por la cual Satrapi llegó a ser invitada a ocupar con sus cuadritos y sus globos un lugar privilegiado de la página editorial del periódico norteamericano más influyente es porque se ha transformado en la última gran revelación del comic mundial. Y esto sucede justo en un momento en que las historias de vida adquieren una gran preponderancia en el mundo editorial y, al mismo tiempo, la historieta está dejando de ser el hijo impresentable de la industria del libro.

Publicada en Estados Unidos por un subsello de la prestigiosa Random House, descubierta en Francia por los comiqueros apasionados de L’Association e incluso incluida este verano en la colección de historietas que el diario El País ha distribuido en España, la fascinante y contundente Persépolis significó al mismo tiempo el debut y la consagración de Marjame Satrapi en el mundo del comic. Sus sinceras memorias de infancia antes, durante y después de la revolución islámica iraní fueron un auténtico suceso, tanto de crítica como de público desde su primera edición en Francia, vendiéndose en su mayoría fuera del gueto de los consumidores de historietas. Y desde entonces se ha hecho recurrente la comparación con una historieta como Maus, de Art Spiegelman, una referencia inevitable (y algo previsible) cuando se intenta dejar en claro que un comic es algo más que eso. “Mencionaban tanto su historieta en todas las reseñas de la mía, que si yo fuese Spiegelman me habría enojado”, confesó Satrapi. “Por eso decidí llamarlo por teléfono para aclararle que no era yo la que alentaba semejante comparación. Algo que le pareció encantador y desde entonces me he hecho amiga tanto de él como de su familia.”

Nacida en 1969 en Rasht y criada en Teherán, Satrapi es la hija única de una familia moderna iraní. Allí vivió su infancia y adolescencia, hasta que fue enviada a estudiar a Suiza y luego se terminó exiliando en Francia. Estudiante de Artes plásticas en un país en el que es imposible dibujar modelos desnudos, Satrapi ha confesado que nunca se imaginó como una autora de historietas. Pero tuvo la suerte de alquilar un estudio en París que compartía con dibujantes del género, quienes la alentaron a hacer su propio trabajo. “Todos mis colegas sueñan con hacer historietas desde que tenían cinco años, pero yo jamás compartí ese sueño”, ha confesado. “La única historieta que conocí durante mi infancia en Teherán fue Tintín, y siempre me pareció demasiado boba. Y además no tenía ningún personaje femenino con el que pudiese identificarme.” Cuando cuenta la génesis de Persépolis, la obra intensamente personal, profundamente política y completamente original que la consagró y que sigue siendo su mejor trabajo hasta la fecha, Satrapi repite que todo comenzó cuando se sintió harta de tener que corregir permanentemente las ideas y preconceptos que sus amigos franceses tenían sobre Irán. “No, no es así”, recuerda haber sido forzada a decir todo el tiempo, hasta que decidió contar lo que sabía en una historieta. “Creo que fue un autor italiano el que dijo que escribía porque así no había nadie que lo interrumpiese. Y Persépolis es como un largo monólogo, en el que digo: ‘Miren, las cosas sucedieron así’.”

Obviamente inspirada por el Maus de Art Spiegelman, pero también por los comics autobiográficos del autor francés Daniel B. (que compartió aquel estudio con Satrapi, y la ayudó a publicar su primer álbum en L’Association), Persépolis permite eso que tan bien ha hecho el norteamericano Joe Sacco en obras como Palestina o Safe Area Gorazade: la posibilidad de asomarse a un mundo real pero de acceso imposible. Claro que si Sacco abre esa puerta con sus comic-crónicas, Satrapi dobla la apuesta con sus memorias en cuadritos, que le permiten no sólo describir la realidad que rodea sus recuerdos sino también hundirse en sus fantasías infantiles. En las páginas en glorioso blanco y negro de Persépolis, su autora confiesa haber querido ser una profeta desde los seis años, querer ser revolucionaria a los nueve y desear un poster de Iron Maiden a los doce. Narrado con una sencillez que es al mismo tiempo sabiduría, Persépolis cuenta por qué la revolución islámica era justa y necesaria, pero al mismo tiempo no puede evitar narrar también lo que significa ser mujer en Irán, y allí es donde la obra de Satrapi adquiere una relevancia que explica por qué su autora ocupa el lugar que ocupa dentro del mundo del comic moderno. Justo en un mundo que parece ser cada vez más retrógrado. “Si la gente tuviese la posibilidad de experimentar cómo es la vida en más de un país, habría mucho menos odio en el mundo. Es por eso que me gusta que la gente que no es de Irán lea Persépolis, para que vean que crecí como cualquier otro niño. Pero ahí.”

Persépolis se consigue en castellano en las comiquerías de Buenos Aires.

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