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Domingo, 25 de agosto de 2002

MODA

Allez les gauchós!

El verano pasado, en medio del soundtrack metalúrgico (mezcla de cacerolas reales y otras impostadas por un DJ francés), dos diseñadores locales Gaba Esquivel y Thomas Vasseur tramaron su colección 2003 combinando galas de gauchos salteños con los básicos de la corsetería haute couture. En abril viajaron a Nueva York. Victoria Lescano cuenta cómo –después de un debut a todo sopapo– la línea franco-criolla terminó hechizando a los popes del fashion system mundial.

 Por Victoria Lescano

El escenario fue un departamento de Belgrano. Allí, el equipo de modelistas y asistentes tramaba toiles de una colección traducida a pantalones con plisados similares a los de bombachas batarazas, abrigos color arena enlazados con piezas de orfebrería inspirada en utensilios de la yerra, faldas de paisanas en versión parisina y t-shirts elegantísimas. En abril, luego de mostrar el perchero en una fiesta muy privada, llenaron una maleta con la colección y partieron rumbo a Nueva York.
El primer contacto fue duro. “Ya estamos hasta acá de gente del Tercer Mundo: son muy pretenciosos y la Argentina tiene una pésima economía. Voy a ver si consigo motivar a mi equipo para que vea su colección”, fue el primero de la serie de insultos que les enrostraron algunos representantes de diseñadores y compradores del fashion system de la Gran Manzana.
Cuando superaron una media docena de afrentas, los diseñadores decidieron apaciguar la desazón con un banquete en Smith, el último grito gourmet de los neoyorquinos, y la trama dio un vuelco hasta convertirse casi en un cuento de hadas.
Entre los comensales de Smith estaba Kal Ruttenstein, director de moda de la tienda Bloomingdales y hacedor de monstruos como Calvin Klein, Donna Karan o Tom Ford. Una vez que lo detectaron, los designers le enviaron una tarjeta con la leyenda: “Venimos a mostrar la colección que hicimos en la Argentina. Antes trabajamos para Alaia, Gaultier y Gilles Dufour”. A la mañana siguiente, apoyando su gruesa figura en uno de los bastones de su nutrida colección, Ruttenstein se apersonó en un departamento de Chelsea, base temporaria de la firma cuya etiqueta reproduce la bandera argentina bordada a mano.
“Kids, me encanta lo que hacen: aunque ya es demasiado tarde para el calendario internacional, mañana vuelvo y les compro todo”, disparó tras observar las cincuenta prendas con improntas frenchtelúricas. En pocas horas, los kids en cuestión vieron desfilar boquiabiertos a los árbitros del estilo: Ana Wintour, con su corte garçon y vestida de blanco Prada; Bridget Halley y Brana Wolf de W y Harper’s Bazaar, y un ejército de asistentes y estilistas que disparaban polaroids y planeaban producciones para los días siguientes. El clímax llegó con la aparición de uno de sus vestidos –drapeado en jersey y con falda paisana chic– en la tapa de la edición del 14 de mayo de Women’s Wear Daily, la principal publicación del negocio de la moda.
Acto seguido, los nombres Vasseur/Esquivel fueron caligrafiados en cristal Swarovski para la gran gala del CFDA (Council Fashion Designers of America), suerte de Oscar de la Moda celebrado en la Biblioteca Pública de Nueva York. Allí Mr. Ruttenstein recibió un premio a la trayectoria y David Bowie improvisó una canción en honor a su nuevo diseñador favorito, todo ante una audiencia que incluyó a celebridades de la talla de Hilary Clinton y Karl Lagerfeld. La última buena nueva hasta el momento es que el 21 de setiembre el dúo abrirá la jornada de la Semana de la Moda de Nueva York.
Esos tres meses de estadía neoyorquina fueron movidísimos. Se mudaron doce veces y conocieron los rigores de la falta de cash, aun cuando en los lobbies de los departamentos que los asilaban tropezaran con Blondie o con Annie Leibovitz. Y gracias a los oficios de Judi Totti y Gail Zauder, dos chicas superpoderosas que hasta ahora trabajan gratis para ellos y andan a la pesca de posibles inversores (digamos, a modo de prontuario, que una vendió en cifras millonarias las tiendas Sephora, Armani y Versace, y la otra mudó el Guggenheim al Soho), llegaron a recibir una oferta más que disparatada: protagonizar un reality de moda de seis meses de duración que se emitiría todos los viernes por el canal Metro TV. “Fuimos pensando que sólo querían una entrevista y nos llegó esa oferta. Nos pareció muy freakie. Hacíamos el chiste de que sólo aceptaríamos si venían a filmar ala Argentina y reflejaban cómo es trabajar acá”. También hubo una oferta para ingresar a la firma Donna Karan por una cifra que también rechazaron, decididos a hacer foco en el proyecto propio.
Ahora, como es de rigor, presentemos a los nuevos favoritos de los fashionistas. Gaba y Thomas compartieron años de formación en la escuela de estilismo Bercot, equivalente parisino del Central Saint Martins, y aseguran que el responsable de que en diciembre de 2001 emprendieran la odisea de hacer moda para el circuito internacional desde la Argentina fue un amigo portugués, diseñador de accesorios y drag queen.
Ella, 27 años, es una chica de Corrientes educada en Suiza y París, hija de un ex gobernador mesopotámico y sobrina de Adolfo Pérez Esquivel; con su peinado savage rocker y su tono entre provinciano y afrancesado, asistió en ateliers a franceses como Jean Collone o Martin Sitbon, y a Gilles Dufour en Pierre Balmain. Presentó su primera solo collection -”Couture a morte”– durante 2000, en el espacio Grafa de Buenos Aires. En verdad fue un homenaje post mortem a su madre: incluía modelos con ropas desgarradas que dejaban ver la piel, luces de velatorio, una banda en vivo con integrantes de Sugar Tampaxx y Dios vociferando los nombres de las modelos y las primeras botas en punta que se vieron en los catwalks locales.
El, 28 años, nació en París y pertenece a una familia muy ducha en el arte de mudarse con frecuencia. Antes de la rigurosidad de la moda conoció la disciplina de un conservatorio de ballet. Debutó con una pasantía en John Galliano y pasó por el atelier Givenchy en los comienzos de Alexander McQueen donde, además de compartir almuerzos y tímidas conversaciones en la cantina con el jefe, bordó una chaqueta de la colección Oda a Audrey Hepburn y cosió un abrigo de la colección inspirada en el film La lección de piano.
Después se pasó un año y medio reciclando el estilo de los 80 para Thierry Mugler y desafiando el raro método urdido por el diseñador para filtrar consultas de su staff. “Primero sacás una cita con la secretaria y después te atiende o no, según la luz –roja o verde– que marca el semáforo que tiene frente a su despacho”, revela Thomas. Luego tramó sublimes piezas negras junto al tunecino Azzedine Alaia y en 2001 una colección de haute couture para Jean-Paul Gaultier.
En la Argentina, siguiendo a rajatabla la consigna de la escuela Bercot de sumergirse en l’air du temps, hicieron primero un viaje a Salta, con la excusa de asistir a un pase de lo más representativo del nuevo cine independiente, y allí, además de ponerse a tono con las estéticas de Lucrecia Martel y Pablo Trapero, a Thomas se le apareció un gaucho ataviado de gala que sin dudas fue el detonante de su línea de refinado prêt-à-porter con raíces criollas. Siguieron las instrucciones de unos lugareños y dieron con el paradero de la bordadora Antonia, habitual realizadora de las broderies que engalanan los trajes de Los Chalchaleros. Ella fue la que bordó muchos de los detalles que hoy se exhiben en las vidrieras de Bloomingdales.
De regreso en la ciudad, la búsqueda del estilo argentino incluyó viajes a la villa 31 –donde residen los amigos gitanos de Gaba–, jornadas junto a los modelistas de La Tablada, varias visitas a la biblioteca del Museo Histórico José Hernández, cenas en casa de Graciela Borges o Luna Anchorena y la participación en el gran cacerolazo del 20 diciembre, con Gaba esquivando gases lacrimógenos sobre sus zapatos Manolo Blahnik amarillos mientras Thomas transmitía los últimos acontecimientos vía teléfono portátil a su maestro Azzedine Alaia.
“Aunque nuestros representantes dicen que nos quita credibilidad, nosotros peleamos para demostrar que desde Buenos Aires se puede trabajar”, deslizan mientras dan forma a las prendas para el verano 2003 desde un nuevo estudio en Palermo. “El hilo conductor de la colecciónanterior fue jugar con una mujer francesa que arma su guardarropas en la Argentina y entra en un apartado llamado caprichosamente fashion resort, que es la ropa que se destina para cuando las mujeres muy ricas se van de vacaciones. Nosotros los vendimos a precios irrisorios y ya cuestan una fortuna”, dice Gaba.
El dúo advierte que la próxima colección ya no tendrá juegos con tablas ni proporciones afines a los bordados y los códigos de status del gaucho look: “Va a abundar el puro algodón argentino, un material muy básico que otros usan para hacer remeras. Nosotros procederemos con él como en las antiguas casas de alta costura”.
Sobre el método para trabajar de a dos, dicen: “Cada uno dibuja por separado y luego el otro corrige. En verdad somos muy críticos y destructivos, como Madame Ruckie, la célebre directora de Bercot, que cuando te recibís, un día antes de entregarte una cinta rosa que perteneció a Coco Chanel, te advierte que tu colección es una mierda”.

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