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Domingo, 10 de junio de 2007

CINE > SPARTAN, DAVID MAMET EN LA INTRIGA INTERNACIONAL

Un soldado espartano

 Por Mariano Kairuz

Mientras que Hostel II despliega su trama de chicos y chicas occidentales secuestrados por una red que los pone al servicio de burgueses aburridos que ahora hacen turismo criminal y torturan por hobby, en Spartan, la última película como director de David Mamet, una chica blanca, rubia, anglosajona, protestante y rica, es secuestrada por una red que la pone al servicio sexual de árabes millonarios con ganas de probar delicatessen occidentales. Y todo en el megaproyecto urbanístico del futuro: Dubai.

Ocurre que, sin saberlo, esta vez la organización se llevó a la hija del presidente. Robert Scott, agente de una célula especial del ejército (Val Kilmer, que con esta actuación y la de Entre besos y tiros demostró que tenía mucho más para dar que todo lo que hizo en sus veinte años de estrellato previos, siempre al borde de la clase B) es reclutado para encontrarla en menos de 48 horas, el tiempo que el servicio secreto estima que el asunto tardará en filtrarse a la prensa. Lamentablemente para la hija del presidente, su secuestro tiene lugar en plena temporada preelectoral, y a los asesores les parece conveniente sacrificarla y fortalecer la campaña, sensibilizando al electorado.

Mamet probablemente desconozca las resonancias que la idea del hijo muerto poco antes de la reelección tiene para el potencial público argentino de Spartan (que acaba de llegar directamente a los videoclubes locales con el título Búsqueda desesperada), pero lo cierto es que su película ya tiene tres años; es decir que fue concebida y estrenada el año de la reelección de George W., a cuya administración están claramente dirigidos los dardos (on-liners ingeniosos y cada vez más cínicos) del cineasta-dramaturgo. "Fui criada por lobos", dice la ex hija del presidente, ya entregada a su nueva vida cuando va a su rescate Scott, el ex agente del gobierno que, consciente de que ha sido manipulado (el artilugio central de un típico argumento Mamet, desde Casa de juegos, su debut como director, hasta Heist y Mentiras que matan, uno de sus mejores guiones), se convierte en un ejército espartano de-un-solo-hombre. De ahí el título original de la película. En su momento, el crítico del semanario neoyorquino Village Voice escribió: "¿Qué no daríamos por poder ver la reacción de las chicas Bush ante esta película?". Pero claro, todo esto fue antes de Leónidas y sus 300 cinematográficos, cuando todavía se creía (Michael Moore y Fahrenheit 911) que una película podía ayudar a demoler el imperio texano.

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