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Domingo, 2 de diciembre de 2007

PLASTICA > LOS CUADROS DE MAURO BERGONZOLI

El ojo con que se mira

¿Cómo encontrar el placer y el equilibro en medio de la abrumadora violencia sensorial que parece haber copado las ciudades? A caballo entre el pop y el ojo publicitario, el italiano Mauro Bergonzoli, participante de la última Bienal de Venecia, presenta por primera vez en Buenos Aires su muestra CaosCity’s, en la que busca la salvación a través del detalle en medio de esa muralla de ruido y color que es a veces la realidad.

 Por Natali Schejtman

En el texto crítico que acompaña la primera muestra de Mauro Bergonzoli en Buenos Aires, el curador y presidente del Museo del Parco, Daniele Crippa, llama al italiano “chamán contemporáneo”. Se podría decir que esta categoría se deduce de los muchísimos indicios que sus obras arrojan en forma de exceso y detalle (y exceso en el detalle: ojos desperdigados como espías de una cultura milenaria incrustada en los árboles, colores estrafalarios que parecen producto de alguna rara alquimia lisérgica y rasgos aplanados de imaginería egipcio-oriental sazonada por la pimienta cubista y la sal de anfetaminas del comic). Bergonzoli, en cambio, preferirá hablar de una continuación del “pop art” como aquello que mejor –y también más vagamente– define a su obra.

Se trata de imágenes condensadas, en cuyo trazo fanático y frenético se observa cierto automatismo y grafomanía. El lo asume. Cuando empieza un cuadro no sabe exactamente para dónde va, pero no para: “Tengo una vaga idea, pero mi mano entra en una especie de trance y si me preguntás qué estoy haciendo te digo que no sé”. Pero pronto ese lienzo, más grande o más pequeño, se inunda de líneas como si fuera un ejercicio digital o un juego del celular, de esos que terminan plasmando laberintos y desafíos escurridizos, y luego se llena de color. Así, en “Sosta”, vemos a un motoquero de Los Angeles cargándose a una rubia, mientras otra castaña –igual de ajustada y tetona– camina con su caniche toy. De fondo, una pareja voyeurista mira la escena. Al lado, un patrullero y su policía también los miran. Más en el fondo, las cientos de ventanas de las decenas de edificios miran, y más en el fondo, un avión y el sol se suman a esta contemplación. Pero por sobre todas estas personas y construcciones, inundan los detallecitos: las costuras de la ropa de la rubia, el tatuaje del motoquero, el altoparlante del policía y la compleja ingeniería de la moto, todo está puesto, como en un mismo plano, irradiando una enorme cantidad de información por centímetro cuadrado.

Claro, CaosCity’s es la expresión que Bergonzoli no se cansa de pronunciar y que engloba buena parte de su obra, en la que destaca el dinamismo y movimiento por sobre todas las cosas: “Ahora todas las ciudades del mundo son CaosCity’s. Y en ellas buscamos el equilibrio”.

Aparecen retratadas –con rasgos identificables por todos– París, Londres, el Oriente mitificado y bastante Buenos Aires (que fue pintada incluso antes de conocerla), prestando especial interés en cómo se viste la gente, las actividades típicas y las relaciones humanas (mediadas casi siempre por el sexo y la seducción, con una predominancia absoluta de las chicas lindas y casi desnudas), y acentuando la pose exagerada y el show off cotidiano: “Lo que intento es poner a la persona enfrente de la realidad, como frente a una fotografía de un momento”.

Este afán comunicativo –sus cuadros, como el del Mr. Moto y su rubia, relatan múltiples situaciones– es uno de los protagonistas de su obra, y evidencia el contacto con su actividad diurna: la publicidad.

El estrés que se le endilga a la vida contemporánea está enfatizado en el ruidoso y eléctrico mundo de la publicidad. Y pareciera que el camino “purificador” del arte –en sus movimientos, sus trazos, el tiempo que demanda– se choca con una pintura que se mantiene en los decibeles publicitarios. Sin embargo, esto se resuelve de una manera natural. Todas las escenas retratadas se refieren al ocio, sea el sexo, el baile, el teatro o la lectura, las imágenes plantean irónicamente una pregunta: ¿es posible relajarse en la gran ciudad?

La respuesta parece ser que sí, siempre y cuanto exista el poder de observación (en varios de sus cuadros aparece “el observador”, una figura en blanco y negro que está adentro y afuera a la vez) a la inmanencia del detalle, a la multiplicidad de elementos fascinantes que rodean la vida cotidiana y, sobre todo, a las posibilidades múltiples de entretenerse, en equilibrio.

CaosCity’s Espacio de arte y diseño “Autoría Bs. As.” Suipacha 1025. De lunes a viernes de 9.30 a 19.30, sábados de 10 a 14 y de 16.30 a 20. Hasta el 27 de diciembre.

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