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Domingo, 9 de diciembre de 2007

CINE > ESTRELLAS, EL NUEVO DOCUMENTAL DE FEDERICO LEON

Avanti morochos

Con humor y una mirada extrañada, los directores Federico León y Marcos Martínez abordan la historia de Julio Arrieta, un ex militante que supo vivir en la Villa 21, la dejó y volvió para formar su miniproductora y convertirse en algo tan específico y curioso como un manager de no actores villeros. Al efecto revulsivo de la actividad de Arrieta, que abre infinidad de preguntas, se le suma un tratamiento para nada militante, casi glamoroso, donde cada participante es una de las Estrellas.

 Por Mercedes Halfon

Estrellas parece estar hecha de las escenas que quedaron fuera del cine argentino llamado nuevo de la última década. Si los grandes temas y las grandes actuaciones fueron dejadas de lado por los nuevos realizadores, y esa polémica entre el nuevo cine y el anterior no se concretó, las tensiones entre las formas de producción y estilos que nacieron de este cambio salen a la luz en Estrellas. Pero no solamente como documental de behind the scenes de otra película –y de muchas otras películas– sino como cristal multiplicador de imágenes y preguntas acerca de dos tópicos que una y otra vez aparecen en pantalla: el complejo dúo arte-pobreza y la dicotomía que existe entre ficción y realidad.

Hay que decir que estos cuestionamientos ya estaban en el trabajo anterior de ambos realizadores. Como director de teatro, Federico León despuntó de muy joven con obras como Museo Miguel Angel Boezzio, Cachetazo de campo y Mil quinientos metros sobre el nivel de Jack, en las que la ficción teatral se pervertía con atisbos de realidad en los objetos que se usaban o en las personas que intervenían, que volvían raros y peligrosos los hechos de la escena. Marcos Martínez por su parte es fotógrafo y director de cine y venía trabajando en cómo representar la Villa 21 desde hacía un largo tiempo.

Aterrizaje en la Villa

Por un lado y por otro llegaron a Julio Arrieta. Un ex militante peronista que abandonó la vía política, pero se quedó con los contactos y el manejo de gente. Por esa razón fue convocado reiteradamente por proyectos televisivos o cinematográficos para conseguir personas —morochas— que oficien de extras en filmaciones. Después de que su teléfono sonara más de diez veces para lo mismo, Arrieta decidió organizarse, armó un equipo de gente, les sacó fotos, puso su miniproductora en la Villa 21 y se convirtió en algo tan específico y curioso como un manager de no actores villeros. “Por qué contratar a ricos que hagan de pobres cuando podemos hacerlo nosotros, que ya tenemos portación de rostro”, dice en la película, con una lógica innegable.

Además de lo particular del trabajo de Arrieta, León y Martínez fueron atraídos por otra iniciativa del agitador cultural: un largometraje llamado El nexo, basado en un cuento de él, que iba a dirigir Sebastián Antico, en el que se narraba una invasión extraterrestre que tenía lugar en la misma villa. “Los villeros también nos merecemos tener marcianos”, dice Arrieta, en otra de sus frases matadoras, frases que quedan rebotando y que no son sólo lo que dicen, sino que tienen algo en su construcción que funciona como una primera aproximación a su fascinante cabeza.

Federico León explica el primer armado de Estrellas: “Muchas ideas fueron funcionando a modo de link. Esto de ir a filmar una película de ciencia ficción que se estaba realizando y a la vez nosotros y nuestros equipos llegando a la villa como si fuéramos extraterrestres”. Marcos Martínez agrega: “Arrancamos a filmar El nexo y en ese rodaje fue apareciendo nuestra película, en el diálogo con Julio y lo que veíamos. Tomábamos notas, después escribíamos, volvíamos y le comentábamos esas ideas a Julio. La película se construyó con trabajo de mesa de nosotros dos y con lo que nos sugerían la villa, Julio, su familia, estar ahí quince horas durante dos años; encontró su forma mientras la estábamos haciendo. No había un guión preestablecido ni sabíamos adónde queríamos llegar”.

Una película de ciencia ficción de bajo presupuesto, un manager de no actores que no para de decir slogans poéticos, la marginalidad como reiterada fuente de inspiración artística y además, sustento económico, siempre y cuando se ajuste a las reglas del mercado. Arrieta cuenta en un plano largo y cargado de suspense, la visita de Alan Parker a la Villa 21, cuando estaba buscando locaciones para su film Evita, y cómo finalmente desechó el lugar por tener demasiadas antenas de TV. Ese relato está en la película no sólo por la curiosidad de la anécdota y los guiños irónicos que puedan hacerse al respecto. Arrieta afirma que él y su gente podían hacerle a Alan Parker una villa en dos horas. Y entonces lo hace en Estrellas: construyen una casilla en tiempo real, registrada en un plano fijo, sin cortes, con un cronómetro que se clava en los 3,23 minutos.

Alan Parker no lo vio

La ficción aparece en Estrellas para representar aquellas ideas que no podrían aparecer desde el documental más llano y que piden otro formato. La casilla que se construye, otra escena en que dos patovicas recorren la villa pidiendo silencio para filmar y un debate acerca del candente tema actores-no actores que tiene lugar nada menos que en la Asociación Argentina de Actores. Allí Adrián Caetano toma la voz de los directores que se enamoraron de los rostros y voces no profesionales, y un gremialista (sobreactuado) habla de las consecuencias que podría tener esa práctica si se extiende. León dice: “Creo que en la película hay porcentajes de ficción, algunos más visibles, otros menos. Nosotros no queríamos que fuera todo artificial. Uno puede dudar, creer que la historia de Alan Parker la está contando por primera vez, puede parecer que muchas cosas fueron armadas por nosotros aunque no lo hayan sido. En algún momento nos llegaron a preguntar si Julio Arrieta existía o fue una invención nuestra”.

En esta mixtura de géneros y en la delicadeza con que está filmada, Estrellas logra un tono completamente diferente de cualquier acercamiento anterior a la realidad que muestra. Arrieta mismo arriesga una opinión sobre eso en el film: “Es muy fácil venir acá y robar una imagen de un chico con los mocos colgando o una mujer con las patas sucias”. Martínez refuerza: “Queríamos abordar la temática marginal no desde una mirada romántica de Julio llevando a cabo un proyecto artístico. Y en ese sentido nos parecía que el humor era fundamental. A veces hay algo solemne de no poder reírse de la villa. Nosotros generamos un trabajo conjunto en el que Julio también empezó a proponer, había cosas que contaba que generaban humor, que para nosotros estaban bien y las buscábamos.”

¿Con la politica a otro lado?

El humor en los diálogos y la ausencia de subrayados en relación con la consabidamente triste realidad de vivir en una villa, podría ser un señalamiento posible para Estrellas. Sin embargo esta omisión no indica una falta de profundidad en el tratamiento sino más bien todo lo contrario. “Julio y la temática que mostramos piden un contenido social o político que la película no tiene, porque Julio es eso. No tiene el proyecto de cambiar la villa o cambiar un sistema. De algún modo está pidiendo entrar dentro de un sistema, para vivir y modificar desde lo artístico”, dice Marcos Martínez. Y agrega León: “Su aporte es claramente desde lo artístico; él está preocupado por cómo aparece la villa en las películas. Nosotros ya vimos este tipo de representaciones y es como si esta película diera por sentado las anteriores, o la forma de representar las villas, que es usual. Pero más allá del contenido social, hay muchos clichés desde la producción: filmar con la cámara en mano, o esto de que uno va ahí y tiene que tener una actitud de respeto absoluto porque es ‘otro mundo’. Yo creo que en el momento de trabajar en conjunto con un material artístico hay una irresponsabilidad necesaria para la construcción. Y ésa fue nuestra manera de trabajar con Julio.”

Da la impresión de que cuanto más se aleja del documental impostado y de registro, cuanto más artificial y glamorosa se pone Estrellas más logra esa crítica que parece omitir y de una manera que ninguna ficción ingenuamente mimética ha podido plasmar. Al representar la construcción de una casilla en cuatro minutos y poner luego a los villeros tomando mate adentro, también pone en relieve la precarización de sus vidas. Cuando Arrieta produce las fotos suyas y de su familia en un estudio profesional posando de la forma más top, también se está escribiendo un signo de igualdad entre un mundo y el otro. La película recrea con la figura de Arrieta el tan cimentado imaginario holywoodense de “nacimiento de una estrella”, y así la vemos terminar. El actor y su mujer viajan en el Falcon familiar con estética de back projecting, cabellos al viento, y se van haciendo chiquitos en una ruta donde pronto van a aparecer las primeras estrellas, las verdaderas, las nocturnas.

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Julio Arrieta, el ex puntero peronista que organizó la productora encarnando el trabajo que ofrece: arriba, él interpretando un papel de nuevo rico.
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