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Domingo, 11 de mayo de 2008

POLEMICA > GOOGLE VS. BARBARA CASSIN

Google respoooooooooonde

El domingo pasado, aprovechando su visita a Buenos Aires para presentar su libro Googléame. La segunda misión de los Estados Unidos, Radar entrevistó a la filósofa francesa Barbara Cassin para hablar del buscador más usado de Internet. En la nota, Cassin exponía los argumentos fundamentales de su libro y explicaba los aspectos negativos de Google en relación con la democracia, el saber y la información. Después de leer sus declaraciones, la oficina de Google Latinoamérica responde y aclara lo que considera una serie de inexactitudes y errores.

 Por Natali Schejtman

A propósito del artículo sobre la filósofa francesa Barbara Cassin y su libro Googléame. La segunda misión de los Estados Unidos publicada el domingo pasado en Radar, Alberto Arebalos, director de comunicaciones y asuntos públicos de Google Latinoamérica, que ya cuenta con oficina colorida y amigable –hasta tiene una sala de masajes y comida gourmet para la planta–, puso a disposición de este suplemento la perspectiva de la empresa, explicando que, según ellos observaban, en los razonamientos de la autora francesa hay una serie de saltos lógicos, inexactitudes o, directamente, errores.

El primer equívoco que él quiere señalar es la relación entre Google y Bush. Cassin encuentra puntos de contacto conceptual entre el Bush mesiánico post 11-S y los dos lemas corporativos de la firma: “Nuestra misión es organizar toda la información del mundo” y “No seas malvado”, lema que, aclara también Arebalos, “es una cuestión interna. No es algo que mercadeamos”: “Yo viví seis meses en California cuando empecé a trabajar para Google, y llevo viviendo 14 años en Estados Unidos. Empresa menos republicana que ésta no hay. Sugerir que Google forma parte de una conspiración norteamericana para la dominación del mundo no tiene asidero. No podés tomar ese salto lógico y deducir que, de la misma manera que Bush es mesiánico, porque la empresa dice Don’t be evil o dice que queremos ordenar y hacer accesible toda la información util, es equiparable con el regimiento Nº 83 aerotransportado que está en Irak. No tiene nada que ver ni ideológica ni política ni económicamente. Nosotros nunca ocultamos que somos un negocio, pero lo hacemos sin joder a nadie, por lo menos no conscientemente. Entonces poner en la misma bolsa China, los objetivos de la compañía, Estados Unidos y Bush, si bien vende, ¡no es cierto!”, dice el hombre que tiene accesible en su pantalla la cuenta regresiva de cuánto le queda a Bush en el gobierno. “Google fue la única empresa que cuando el gobierno de Estados Unidos pretendía mantener la data privada cinco años, apeló y ganó en la Corte Suprema de Justicia.”

Otro de los núcleos a responder involucra al buscador en sí. En su estudio, Cassin expone cómo funciona el algoritmo de búsqueda de Google y observa en una de sus cualidades más características –la cantidad de enlaces que apunten a una página es uno de los criterios de jerarquización, la cantidad de clicks, más o menos directamente– el tema de que la calidad podría verse como una característica emergente de la cantidad. PageRank, además, se anuncia desde Google como “un campeón de la democracia”: “El algoritmo, que es una forma matemática que jerarquiza los sitios, tiene 200 variables, una de esas variables son las referencias, con lo cual toda la deducción de que es una democracia o no, si el número o la cantidad... Hay que saber exactamente cómo funciona el algoritmo, y para entender cómo funciona el algoritmo hay que ser matemático, son fórmulas súper complicadas. Google tiene que ver, clasificar y ordenar más de 6 mil millones de páginas. Es un trabajo muy complicado, y el algoritmo se ha ido refinando con los años. En los primeros buscadores de Internet buscabas algo y venía con un montón de basura porque lo que hacían era comparar palabras. Larry (Page) y Sergey (Brin) dijeron: tiene que haber una forma en que la información sea relevante. Es todo un trabajo de interpretación de la intencionalidad del que busca para definir el algoritmo. Primero están las páginas que hacen referencia a ese sitio, los links que salen de ahí, qué nueva o qué vieja es la información de ese sitio, cada cuánto se renueva, se actualiza, la calidad de cómo está hecho el site... tiene toda una serie de cuestiones que van más allá del ‘voto’ de la gente”.

De acá se desprenden otras cuestiones que hacen al análisis –a veces más valorativo, a veces más técnico y a veces más dedicado a discutir al capitalismo en su conjunto– de Googléame, sobre todo en cuanto a la escisión cada vez más pertinente que la autora expone entre cultura e información.

Una discusión posible es hasta qué punto Google debe tener en cuenta la “calidad” en sus sitios. Según Arebalos, lo que Google no quiere es ser Gran Hermano: “Y por eso tenemos los problemas que tenemos... Porque nosotros tenemos dos fuerzas: tenemos la fuerza de los gobiernos que nos piden información y del otro lado las ONG u otros grupos que dicen no den data. Hay regulaciones de los países que te obligan a mantener la data y hacerla accesible por cuestiones de investigaciones judiciales. Hoy en día, Internet es uno de los lugares en donde se hace el seguimiento de delincuentes, por ejemplo. Por otro lado, pasa seguido que viene alguien y se queja del contenido de algún sitio o blog que no le gusta. Nosotros decimos cuáles son las cosas que no permitimos: incitación a la violencia, discriminación racial, sexual, religiosa. Ahora, si no viola ninguno de estas condiciones, ante la queja nosotros lo que decimos es: ‘Necesitamos el fallo del juez que diga que ese posting, por ejemplo, viola alguna ley local y nosotros sí lo vamos a sacar’. Porque entendemos que pueda molestar, pero también entendemos la libertad de una persona a colgarlo. Preferimos equivocarnos siempre para el lado de más libertad de expresión que para menos. Y tratamos siempre de no ser nosotros los árbitros del contenido”. Mientras que Google, entonces, ratifica lo lejos que quiere estar de un Gran Hermano, Cassin lo califica así en función del asunto, por ejemplo, de las publicidades laterales que aparecen en el Gmail y vende productos con relación al tema de la correspondencia.

Por otro lado, en Googléame se menciona el caso de la censura de Google en China, y Arebalos se detiene: “Primero, hay que entender que quien censura el contenido en China es el gobierno chino. En China está la opción de tener los resultados filtrados, que los filtra el gobierno chino, o podés acceder a resultados sin filtro, pero a riesgo de que te corten la conexión a Internet por un año o por toda la vida. Nosotros le decimos al usuario chino: ‘Ojo, esto ha sido filtrado, acá pueden tener los resultados sin filtrar, pero usted asume las consecuencias’. Si vos me preguntas qué opino, a mí me parece que es terrible que haya censura en cualquier país, pero son muy pocos los países en los que la libertad es absoluta. Incluso países europeos: en Alemania no podés hacer un sitio con una bandera o un logo nazi. El problema de China es desde 1946. Entonces me parece que lo que tendrían que hacer las ONG o la gente interesada en la libertad de expresión no es decirle a Google ‘no vayas a China’, es decirle al gobierno chino ‘no censure a sus ciudadanos’”.

Por último, Arebalos explica –ante inquietudes y acusaciones variopintas, más o menos fundadas– por qué Google no podría convertirse en un monopolio, como el que condenó a Microsoft a ser un personaje de imagen bastante demoníaca para el usuario básico, si bien reconoce el volumen monumental que tiene la marca hoy: “El 65 por ciento de la población que usa Internet en el mundo usa el buscador de Google. ¿Vos te creés que si mañana aparece uno que es mejor que el de Google la gente no lo va a usar? ¿Y quién impide hacer un buscador mejor que el de Google? Como nadie le impidió a Larry y a Sergey hacer un buscador mejor que el que había antes. Eso es parte de la competencia, pero vos no estás agarrando a nadie e impidiéndole que vaya a otro lugar. En Internet es muy difícil establecer un monopolio. Google es un negocio diferente: reside, como yo lo llamo, ‘en la nube’.”

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