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Domingo, 2 de noviembre de 2008

TEATRO > FABIANA REY Y SU PERFORMANCE CON POEMAS DE OROZCO

Palabras luminosas

La poesía de Olga Orozco es misteriosa, física y a la vez esotérica. Fabiana Rey venía poniendo en escena algunos de sus libros, que se habían convertido en parte de ella. Pero su encuentro con la fotógrafa Nora Lezano, otra poseída por las palabras de Orozco, reconvirtió esa exploración en una obra que una actúa y la otra dirige y que recorre la Argentina deslumbrando con una poesía que podría ser oscura y sin embargo ilumina.

 Por Angel Berlanga

Cuando leí Relámpagos de lo invisible no podía creerlo”, dice Fabiana Rey, y manotea un ejemplar de la antología poética de Olga Orozco, le coloca el pulgar sobre el canto, las páginas pasan vertiginosas. Aquello fue hace unos diez años, cuando estaba terminando de estudiar actuación con Augusto Fernandes y, sin saberlo, comenzaba una larga caminata por los universos de la poeta pampeana: las páginas así, pasando como un viento ilegible, son un gesto que significa que tiene ese libro incorporado, entre pecho y espalda. Ese y más, según sugieren los otros volúmenes de y sobre Orozco que acompañan a éste y la aparición de versos de aquí y allá en la boca de esta actriz que vuelve a presentar, con alguna renovación, el recitado-espectáculo-performance al que bautizó con aquel sacudón inicial, Relámpagos de lo invisible.

“Realmente no me imaginaba una poesía así”, dice. “Agarré el libro al azar y vi ‘El sello personal’; empieza Orozco, “éstos son mis dos pies”; doy vuelta la hoja y leo ‘Mi boca’. Yo, que quería trabajar sobre el cuerpo de la poesía para poder interpretarla, me encontraba con una poeta que hablaba así del cuerpo. Fue un impacto muy fuerte”. Pies y boca, recorrido y pronunciamiento: Orozco es fundamental en la vida de Rey, en su trabajo como actriz. Estuvo a punto de conocerla en persona una noche en el bar Morocco, pero esa vez sus caminos no se cruzaron; se encontró allí, en cambio, con Fernando Noy y Marta Paccamici, y enseguida le propusieron hacer algo con los textos de la poeta. “Susana Villalba, que en ese momento llevaba adelante la Casa de la Poesía en Babilonia, me vio y me convocó para hacerlo ahí”, cuenta Rey. “Luego llegó un festival internacional, la Feria del Libro. Orozco murió y no alcancé a conocerla”.

“Había una vez”, “Remo contra la noche”, “El sello personal”, “Presentimientos en traje de ritual”, “Duro brillo, mi boca”, la decimoquinta parte de “Cantos a Berenice” y “La cartomancia” son los poemas que configuran esta versión, dirigida por Nora Lezano. “Hace un año acordé para hacer unas funciones en el Teatro Pan y Arte, en Boedo, y le propuse que dirigiera” cuenta Rey. “Nos conocemos desde el ‘88, cuando las dos cursábamos el CBC: yo bioquímica y ella biología. No nos vimos durante diez años y después empezamos a cruzarnos: Nora tiene una mimetización total con la poesía de Orozco. Y como yo venía haciéndolo sola, a lo sumo consultando con algún colega de confianza, me interesó sumar una mirada artística y, a la vez, romper con esto de que debía ser una ‘maestra de teatro’: estaba bueno que fuera una fotógrafa muy afín a la poesía. Y fue un alivio, porque me empezó a despojar de muchas cosas. Si bien permanecen elementos primarios que sí utilizo en el espectáculo, como las cartas de tarot o unas perlas, el vestuario y la iluminación fueron conformándose en torno con una necesidad de ver conceptualmente. Con cada puesta hay cambios y la estructura se pone más minuciosa”.

Desde hace tres años Relámpagos de lo invisible forma parte del ciclo Café cultura Nación y eso implicó presentaciones en bares y salas de Tartagal y General Pico, en Dolores y en Alta Gracia; también en la cárcel de mujeres de Ezeiza, en el Parque Nacional Lanín y en el Museo Olga Orozco de Toay, La Pampa. “En el interior fui notando que esa poesía, que parece difícil, inaccesible, empezaba a tener feedback con el público”, dice. “El interior es lo más, me fascina ir”. Rey sostiene que allí está instalado el deseo de ir a ver los espectáculos y que eso deriva en querer saber más; este año presentó en varias ciudades, también, El ceibadal azul, sobre textos de Atahualpa Yupanqui, y la respuesta fue similar. “Es hermoso, porque se generan intercambios que van más allá de lo que pueda hacer ahí, en el espectáculo”, dice.

“Había en varios tiempos varias casas que eran una sola casa”, dice, casi al comienzo, el texto; desde ese calidoscopio, la cosa tiende a oscurecerse. “Sí, se viene la noche”, se ríe Rey. “Orozco es eso. Tiene una obra muy compleja; creo que ponerle cuerpo, y los elementos, y la palabra oída dan una significación. La interpretación le da un carácter más terrenal y sensible a lo esotérico de su poesía. Ella habla simultáneamente en los tres tiempos –pasado, presente, futuro– y uno es todos esos tiempos”. La actriz dice que esta puesta cierra una etapa que continuará con el abordaje de Las muertes y muestra un ejemplar del libro que la poeta publicó en Losada, en 1951. “Son las muertes de personajes de ficción, de libros, por ejemplo, de Faulkner y Melville, personajes a los que la lluvia no blanqueará sus huesos, dice ella”, explica Rey. “Orozco era sumamente culta y trabajaba desde la palabra intencional hasta las extensiones de mundos posibles”, concluye. “Nunca se quiso rotular. Era una poeta grande. No sé. Alguien que me inspiró muchísimo. Trajo cosas y gente a mi vida. Todavía está viva”.

Relámpagos de lo invisible
4 y 5 de noviembre, 20.30 hs.
Centro Cultural de la Cooperación
Sala Tuñón
Av. Corrientes 1543
Entrada libre y gratuita

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