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Domingo, 4 de enero de 2009

MúSICA > LOS MEJORES DESCONOCIDOS DEL ROCK Y EL POP DE 2008

Los diez mejores discos del año (que casi nadie escuchó)

Como cada diciembre, las listas con lo mejor del año a cargo de los medios especializados (y no tanto) funcionan como yacimientos de nueva música para quienes no han seguido semana a semana, y mes a mes, los acontecimientos del mundo de la música. Tal como el año pasado, Radar presenta una decena de discos escogidos repetidas veces aquí y allá entre lo más destacado de 2008, pero que aún son perfectos desconocidos de este lado del mundo. Todo un universo –y un año– aún por descubrir.

 Por Martín Pérez

Kasai Allstars, In the 7th Moon, the Chief Turned into a Swimming Fish and Ate the Head of his Enemy by Magic
Seis bandas de cinco etnias de la región de Kasai, en la zona del Congo más rica en diamantes, pero aun así con una infraestructura paupérrima, se reúnen para recuperar música, ritmos y bailes olvidados luego de la época colonial. Veinticinco músicos en el estudio para grabar el disco étnico del año, tercer capítulo de una fascinante serie llamada Congotronics, que los Kasai Allstars llevaron de gira por Europa en una formación reducida (!) de catorce integrantes. El título completo del álbum puede traducirse como En la séptima luna, el jefe se transformó en un pez nadador y devoró las cabezas de sus enemigos por arte de magia, y eso es todo lo que se necesita saber de un disco tribal, mágico y oscuro, con hipnóticos temas que suelen alcanzar los diez minutos y que no se limitan al rescate étnico sino que, cuando es necesario, no se privan de dar ese salto evolutivo que los acerca a la contemporaneidad.
www.myspace.com/kasaiallstars

No Age, Nouns
Con un pie en la distorsión de My Bloody Valentine y el otro en la experimentación sonora de Sonic Youth, el primer tema del celebrado nuevo disco de No Age subraya el espíritu punk thrash del dúo, pero sirve también de antídoto y advertencia sobre todo lo que específicamente no es Nouns. Porque el segundo opus de este dúo de guitarra y batería de Los Angeles está más allá del punk, con el noise y las melodías atravesándolo de comienzo a fin, dejando un regusto de encanto en medio de la tormenta. Extraño aleph post-rocker, No Age se aleja del low-fi, pero sólo en lo estrictamente literal. Sus canciones por momentos son coloridos flashes pop que sólo se permiten quedar en pie después de soportar y abrirse paso por el terremoto sonoro que desatan Randy Randall y Dean Spunt, jóvenes veteranos de la escena skate de Los Angeles, artistas de Sub Pop, el sello que supo descubrir a Nirvana y finalmente encontró una nueva vida después del grunge.
www.myspace.com/nonoage

Glasvegas, Glasvegas
Con el sorprendente apoyo de su compatriota Alan McGee cuando apenas si tenían un par de demos publicados (trece años atrás hizo lo mismo con Oasis), este cuarteto escocés ya era una de las revelaciones del año antes de que su álbum debut viera la luz. Grabado en Nueva York y coproducido con Rich Costey –que trabajó con Franz Ferdinand, Interpol y Muse–, Glasvegas es un disco que está a la altura del hype, y lo primero que se destaca es una pared de sonido a lo Phil Spector, pero sin ninguna referencia retro. Subrayando la influencia de Jesus & Mary Chain, el Observer señala que, donde aquellos son nihilistas, los Glasvegas son jóvenes intensos que rezuman humanidad. Su noise pop, por lo tanto, termina siendo mucho menos distorsionado y gratamente optimista, a pesar incluso de sí mismos. Sus torturadas canciones se imponen primero por el sonido, luego llegan las voces y la melodía, y entonces llega esa grandiosidad poptimista incluso en la peor de sus historias.
www.glasvegas.net

Eli “Paperboy” Reed, Roll with you
Todo es posible en el siglo XXI. Incluso que de las cenizas de un rhythm & blues aparentemente condenado a ser sólo carne de sampler aparezca una figura como la de Eli Reed, un blanquito oriundo de Massachusetts que canta como lo haría un jovencito negro en los años ‘50 y ‘60. Con 24 años y dos discos editados, Eli Reed demuestra en el flamante Roll with you ser capaz de reproducir todos y cada uno de los extraordinarios manierismos vocales de ídolos como Otis Redding, Sam Cooke y Wilson Pickett. Pero, sorprendentemente, también alcanza su intensidad y sentimiento, un detalle que no ha pasado por alto a los críticos musicales del Viejo Continente, que han abrazado a Reed, dueño de una música soul visceral y absorbente. Es cuestión de apenas escuchar el tema como el que cierra su disco, el extraordinario “(Doin’ the) Boom Boom”, para caer seducido por su intensidad a lo James Brown, y luego pasar al sentimiento de la balada “It’s Easier”, para apostar todo por este soulman del nuevo siglo.
www.myspace.com/elipaperboyreed

Santogold, Santogold
“Cambiar, cambiar, cambiar/ quiero salir de mi piel”, canta Santi White en “L.E.S. Artistes”, el contundente tema que finalmente la ha convertido en estrella a los 32 años, después de sendas licenciaturas en música y estudios afronorteamericanos, un trabajo como cazatalentos para el sello Epic y dos discos pop-punk al frente del grupo Stiffed, de su natal Filadelfia. Reinstalada en Brooklyn, pasó apenas un año desde que apareció por primera vez bajo el nombre de Santogold en el disco Versus de Mark Ronson –en compañías ilustres como las de Lilly Allen o Amy Winehouse– hasta que vio la luz su ecléctico y contagioso álbum debut. Allí, desde una base de punk y ska, recorre un arco que va del hip hop a la new wave, siempre con un groove pop irresistible que la transforma en algo atrevido y familiar al mismo tiempo.
www.myspace.com/santogold

The Bug, London Zoo
Productor discográfico, periodista y músico, Kevin Martin atravesó gran parte de la década pasada y la actual inmerso en la escena musical británica. Pero es con este tercer álbum de su seudónimo The Bug que ha logrado la unanimidad crítica alrededor de su obra. Al tope de casi todas las listas de fin de año en las islas, The Bug es dancehall a la máxima potencia, con letras confrontativas y políticas. Si el descubrimiento de la electrónica británica del año pasado era el autismo y la soledad de Burial, London Zoo es un llamado a la fiesta sobre los escombros, escondido detrás de bajos irresistibles y tal vez por momentos demasiado populistas. Pero es la poesía dub que se filtra a través de las voces de sus cantantes invitados lo que construye la esencia transgresora de la contundencia musical construida por Martin, como si los monos fiesteros de Madagascar en realidad fuesen los chimpancés a los que Terry Gilliam hizo anunciar el fin del mundo en 12 Monkeys.
www.myspace.com/thebuguk

Fucked Up,
The Chemistry of Common Life

La gran tradición del hardcore norteamericano tiene una nueva encarnación en esta banda de Toronto, cuyo nombre es impublicable en los grandes medios: al aparecer entre los mejores del año en el New York Times, donde debía leerse “Fucked Up” había puros asteriscos. Formados hace casi un lustro, con un primer simple titulado No pasarán –así, en castellano– y un álbum debut de un par de años atrás, con su segundo opus el quinteto es número puesto en las listas de 2008, un derecho ganado por su intensidad y su compromiso político. En una época de hiperinformación, el grupo no tiene casi site oficial propio en Internet, y hay más rumores que hechos a su alrededor. Lo cierto es que The Chemistry of Common Life es un álbum contundente, tanto gracias a la voz del cantante Pink Eyes y la pared de sonido –acoples antes que velocidad– del guitarrista 10.000 Marbles. El resultado es increíblemente hipnótico y urgente a la vez.
www.matadorrecords.com/fucked_up

Deerhunter, Microcastle
Según anuncia Jon Pareles, el rol de Perry Farrell para una nueva generación –un tipo flaco, extraño y con voz aflautada, que ama el ruido pero también tiene un lado soñador– ha sido oficialmente ocupado por Bradford Cox, el líder y cantante –a veces travestido– de este quinteto oriundo de Atlanta, Georgia. Con su tercer disco, los Deerhunter han dado un paso sustancial al abrazar la canción dentro de lo que ellos denominan ambient punk, que es más bien una capacidad increíblemente heterogénea de recorrer todos los géneros en pos de un resultado siempre ensoñador e inquietante. Si su álbum anterior, el a veces cacofónico Cryptograms (2007), les permitió dar un primer salto a la popularidad, con Microcastle son al mismo tiempo más extremos y también más tradicionales. Hermosas canciones recorren un álbum lleno de descansos, que editaron incluso junto a un disco completo extra, titulado Weird Era Cont y grabado unos meses después del primero.
www.myspace.com/deerhunter

Neon Neon, Stainless Style
Aun cuando supuestamente se trata de un álbum conceptual sobre el diseñador de autos John De Lorean, Stainless Style es un trabajo retro ochentoso, donde temas como “Dream Cars” o “I Told her on Alderaan” recuerdan cómo era escuchar esa música entonces. Neon Neon –sin dudas un gran nombre para un grupo cuyo sonido recuerda aquella época– es en realidad un dúo integrado por el productor Boom Bip y el cantante Gruff Rhys, líder de los galeses Super Furry Animals. “El disco es mitad celebración de la tecnología y mitad lamento”, apuntó en su momento Rhys, pero en lo que respecta a su resultado es todo celebración, recordando aquí y allá los mejores clichés sonoros de la época. “De Lorean es más un tipo de los ’50 y ’60, pero elegimos el sonido de los ’80 porque nos convenía”, explicaron –y casi se disculparon– sus autores. Pero no hace falta: Stainless Style suena con vida propia. Y no hay concepto que valga.
www.myspace.com/neonx2

Black Kids, Partie Traumatic
Como los Jackson Five remojados en los momentos más festivos de The Cure: así es como suena este juvenil y entusiasta quinteto multirracial de Jacksonville, Florida. Si bien Partie Traumatic es su primer disco propiamente dicho, aparecieron en escena un año antes con Wizard of Ahhhs, un demo de apenas cuatro temas con producción de Bernard Butler (ex Suede). Festiva pero con el corazón roto: así suena la robertsmithesca voz de Reggie Youngblood, que durante muchos temas cambia de género desde su primera persona, rodeado por un grupo de familiares (su hermana Ali toca teclados) y amigos. Con títulos como “No voy a enseñarle a tu novio cómo bailar con vos” o “Menosprecié mi encanto (otra vez)”, los encantadores temas de Partie Traumatic son ideales para una fiesta que no presuma demasiado de serla, pero que aún queden ganas de bailar. Ah, y –como buenos nativos de Florida– son el aperitivo perfecto para cualquier verano.
www.blackkidsmusic.com

Los mejores (de verdad)

Más allá de esta selección de los artistas menos conocidos dentro de las listas de los medios especializados, los verdaderos discos del año son, sorprendentemente, varios debuts de grupos que, antes de 2008, eran poco o nada conocidos. Como el quinteto norteamericano Fleet Foxes, cuyo primer disco no falta en ninguna lista. Y lo mismo sucede con Bon Iver, el nombre bajo el cual el cantautor Justin Vernon grabó For Emma, forever ago, compuesto en la soledad de una cabaña en Wisconsin. Si no hubiese sido tan contundente su aparición, al punto de que fueron número puesto entre lo mejor del año desde la edición de sus discos, seguramente hubiesen merecido un lugar en esta selección. El premio a la revelación también debe ser para debutantes como los Vampire Weekend y el dúo neoyorkino MGMT, que también aparecen en otros lados. Otro omnipresente es Nick Cave, que no deja de sacar discos memorables cuanto más se acerca a los 50 años. Con Dig Lazarus Dig! volvió a sorprender al frente de sus Bad Seeds. El regreso de Portishead tampoco puede faltar, así como el extraordinario nuevo disco de TV on the Radio, Dear Science, que aparece siempre en los primeros puestos de todas las listas. Otros discos del año son el de los islandeses Sigur Ros así como los nuevos opus de The Hold Steady, Stephen Malkmus y Kings of Leon. Erykah Badu aparece con su New Amerykah: Pt. One (4th World War), y también en lo más alto no falta el rapper Lil Wayne y su flamante Tha Carter III. Y, por supuesto, loas al último trabajo de Metallica tampoco faltan.

Para esta selección fueron tomadas en cuenta las listas de los mejores discos del año de los diarios The New York Times, Los Angeles Times, The Guardian y The Observer; las revistas especializadas Mojo, Uncut, Q, Rolling Stone, Inrockuptibles, New Musical Express, Spin, The Wire, Magnet, Paste y Blender, y el site alternativo Pitchfork.

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