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Domingo, 6 de septiembre de 2009

CINE > LA VIDA DE HILDEGARD KNEF, LA MUSA ALEMANA DE POSGUERRA

Tanto Garbo

Comenzó filmando con la simpatía de Goebbels durante el último año del nazismo, y la sombra de un amante, alto funcionario del Reich, la persiguió durante el resto de sus días. Sin embargo, consiguió poner su vida a la altura de la historia alemana. Se convirtió en una estrella, filmó el primer desnudo del cine alemán, desató boicots y censuras, se negó a cambiarse el nombre, llegó a Hollywood para casi regalarle al mundo una segunda Garbo, triunfó en Broadway, grabó más de 20 discos con un centenar de canciones propias y volvió a Alemania convertida en una gran musa. Su nombre fue Hildegard Knef y la película Hilde, en el Festival de Cine Alemán que empieza la semana próxima, da una imagen más ajustada de ella que el personaje que habría inspirado en la nueva de Tarantino.

 Por Mariano Kairuz

Según un par de notas publicadas en las últimas semanas a propósito del estreno de Bastardos sin gloria, la actriz alemana Bridget von Hammersmark, el personaje que interpreta Diane Kruger en el nuevo desborde de Quentin Tarantino, está modelado sobre la diva alemana Hildegard Knef. Y aunque las similitudes entre ambas no son obvias, la conexión parece ser el cine de propaganda del Tercer Reich, su star system y, por supuesto, la sombra de Goebbels que cubrió a toda la producción de la época. Es, en todo caso, un vínculo algo vago: la ficticia Von Hammersmark resulta ser una espía para los aliados, contacto del batallón de “bastardos” a la hora de asestar su golpe más duro al Führer, mientras que Knef hizo apenas algunos films durante el último año de la guerra, varios de los cuales ni siquiera se estrenaron y, cuando bastante más tarde se convirtió en una de las mayores estrellas alemanas de fama internacional, aún cargaba con las sospechas sobre su pasado, aunque menos por su inicio artístico en 1944 que por haber sido amante de un hombre del Reich. El grado de su relación con el nazismo es un asunto que Knef se llevó con ella a la tumba en 2002, pero que cruzó buena parte de su vida y su carrera. Así lo cuenta Hilde, la película de Kai Wessel que se estrenó este año en la Berlinale y que podrá verse durante los próximos días en la novena edición del Festival de Cine Alemán que tendrá lugar en los cines Village Recoleta.

La historia de Hilde, la película, empieza con el regreso de la estrella consagrada a la Berlín dividida en 1966; luego retrocede hasta sus inicios en la actuación, cuando el propio Goebbels ha declarado que, con “su bonita sonrisa, su carisma y su mirada transparente, representa muy bien a Alemania”, aunque, agrega, “tiene que arreglarse la nariz” (que ya había pasado por una cirugía anterior debido a un golpe de su madre). Aunque fue aceptada por la autoridad cinematográfica del Reich, la mayoría de las películas que filmó en este período no vieron la luz, o bien porque no satisfacían al ministro de propaganda, o porque sus escenas terminaban cortadas (y en un caso fueron destruidas por las bombas). Esto probablemente ayudó a que Knef no quedara pegada de manera total y certera al nazismo en la posguerra, y que las mayores dudas sobre sus simpatías quedaran vinculadas a su relación con Ewald von Demandowsky, al parecer mano derecha de Goebbels, dato que Hilde negó conocer por años. Hacia el fin de la guerra debió huir disfrazada de soldado ante el avance de los soviéticos (convencida de que los aliados que llegaban por el Este la violarían y la matarían). La primera película importante de su carrera data entonces de 1945 y fue una producción de los estudios del Este, la DEFA: Los asesinos están entre nosotros, de Wolfgang Staudte. Considerado el primer Trümmerfilm, es decir, uno de los primeros films que lidiaron con el amargo destino de los sobrevivientes en las ruinas de la guerra. En él, Knef interpretaba a una ex prisionera de los campos de concentración que disuade a un ex médico militar de perpetrar una venganza por mano propia para en su lugar permitir que los criminales nazis sean ajusticiados en los tribunales. La película fue vista por 4 millones de personas en Alemania del Este, y recorrió el mundo. Para algunos historiadores, con su aspecto en este film –la cara límpida, sin maquillaje, su manera de hablar pausada– Hilde se convirtió en una auténtica representante de la Nueva Alemania.

Su siguiente hito llegó en 1950, cuando protagonizó La pecadora, del director Willy Forst, donde filmó el primer desnudo del cine de su país, causa de un escándalo a escala nacional, con boicots en los cines, la Iglesia Católica echando humo y la gente esquivándola en restaurantes y otros lugares públicos. Ella diría en más de una ocasión: “No entiendo todo este escándalo... ¡cinco años después de todo lo que pasó en Auschwitz!”.

De la mano del legendario productor del expresionismo Erich Pommer (que durante la guerra se exilió en Estados Unidos y volvió a su país como oficial norteamericano para la reconstrucción cinematográfica en la posguerra), Knef llegó a Hollywood. No duró mucho: David O. Selznick la mandó a estudiar inglés, y pretendió sin suerte que se cambiara el nombre y se hiciera pasar por austríaca; esto, sumado a que durante un tiempo estuvo sujeta a papeles secundarios y sin interés, terminó en un rompimiento de contrato y su vuelta a Alemania. Hubo otras oportunidades para trabajar con productores y actores de Hollywood, pero algunos se vieron frustrados por las sospechas que aún caían sobre ella: se cree que la lituana Cornell Borchers le arrebató el protagónico junto a Montgomery Clift de Sucedió en Berlín (1950), delatando su pasada relación con Von Demandowsky ante los productores. Pero Hilde volvió a Estados Unidos de la mano de su primer marido, un soldado checo-norteamericano, y su segundo acto en Norteamérica fue exitoso: fue Ninotchka en una duradera puesta teatral basada en la célebre película con Greta Garbo, y de la mano del productor Darryl Zanuck filmó Decisión al amanecer (del director Anatole Litvak, con quien tuvo un affaire que precipitó el fin de su matrimonio), Misión diplomática en Trieste (con Tyrone Power) y Las nieves del Kilimanjaro. Por esos años se convirtió en la primera estrella alemana en Broadway, con la venia del autor de la obra, Cole Porter, y la de Ella Fitzgerald, quien supuestamente dijo de ella que era “la mejor cantante sin voz”. Por esos años de decenas de películas y cientos de funciones teatrales, la periodista Hedda Hopper escribió: “Finalmente se ha convertido en una sensación en Hollywood, porque casi cumple un viejo sueño de la industria: encontrar una segunda Garbo”. En los ‘60, ella misma se reinventó como cantante, con un estilo vocal rasposo y profundo e inspiradas letras propias. Llegó a componer 139 canciones y a grabar 23 discos, pero la película Hilde, donde la interpreta la notable Heike Makatsch, llega hasta acá, hasta el comienzo de su consagración. En sus últimas décadas volvió a ser recibida en su país como una de sus máximas musas, y su autobiografía El caballo regalado fue un best seller enorme (en Alemania y luego en Estados Unidos), traducido a 17 idiomas y con más de 4 millones de ejemplares vendidos. Para algunos críticos, la razón de su éxito descomunal fue que Hilde se las ingenió para convertir sus avatares personales en una historia a escala de Alemania, aunque también contó su lucha contra el cáncer y otros problemas de salud que la acecharon en los últimos treinta años de su vida.

Desde poco antes de su muerte a esta parte, Hilde inspiró musicales, documentales e infinidad de artículos periodísticos; Volker Schlöndorff quiso filmar sus memorias en los ’90, pero el proyecto quedó en la nada; y para cuando Wessel emprendió el guión de Hilde, ya contaba con numerosas fuentes: entre ellas, cinco biografías que permitían equilibrar o complementar un poco la versión que ella misma dio de su relación con el nazismo. “Su forma de abordar el tema fue evitarlo”, dice Wessel. “Hay una zona gris, y es cierto que ella tenía sólo 17 años cuando empezó a trabajar, y que el nazismo no llegó a representar más que un año en su vida. Pero también es cierto que siempre supo olvidar rápidamente las cosas malas y mirar hacia delante, y que se enamoró del poder y tuvo suerte de que su carrera comenzara lo suficientemente tarde y la guerra terminara lo suficientemente pronto.”

el ciclo

Además de Hilde, en la novena edición del Festival de Cine Alemán, que se

realizará en los cines Village Recoleta entre el 10 y el 16 de septiembre, podrán verse, entre otras películas, Los Buddenbrooks, adaptación de la novela de Thomas Mann, retrato del ascenso y la caída de una familia de comerciantes inserta en la aristocracia en Lübeck; Whisky con vodka, la nueva película del director Andreas Dressen, centrada en un actor alcohólico y egocéntrico en desesperado esfuerzo por mantener su estrella; Cara Norte, de Philipp Stoelzl, sobre un grupo de alpinistas olímpicos que emprende camino hacia la cumbre más peligrosa de los Alpes en el verano de 1936; y el documental pereSTROIKA, de Christiane Buechner, sobre los padecimientos de quienes deben lidiar con el mercado inmobiliario en San Petersburgo. El ciclo quedará cerrado con la proyección en copia restaurada de un clásico mudo que está considerado además como la madre de las películas de espías: Spione (1927), de Fritz Lang, la intriga alrededor de un banquero criminal, un agente infiltrado, una asesina a sueldo y un affaire inesperado.

Más información en
www.cinealeman.com.ar

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A la izquierda, Hildegard Knef en el protagónico de la producción norteamericana Svengali (1954), adaptación del libro de George L. Du Maurier, donde interpretó a la musa hechizada por el siniestro músico hipnotizador.
 
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