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Domingo, 7 de febrero de 2010

CINE > SE ESTRENA LA NUEVA VERSION DE EL HOMBRE LOBO CON BENICIO DEL TORO EN EL PAPEL DE LON CHANEY JR.

Luna llena

Tercero en importancia y popularidad entre los monstruos clásicos del cine, detrás de Drácula y Frankenstein, el Hombre Lobo vivió su gloria en los años ’40, dentro de las películas de terror producidas por Universal. Diseñada como un proyecto comercial escrita por Curt Siodmak, y protagonizada por Lon Chaney Jr., aquella El Lobo Humano original fue todo un éxito que ayudó a salvar al estudio de la bancarrota. Pero luego de varias secuelas cayó injustamente en un olvido que se extendió por medio siglo. Ahora, a pocos días del estreno de la nueva versión del El Hombre Lobo, con Benicio del Toro y Anthony Hopkins, Radar desempolva la historia de uno de los monstruos más famosos y menos revisitados del cine de terror clásico.

 Por Alfredo Garcia

Era el único monstruo clásico bien muerto. Pero Larry Talbot, el que se llenaba de pelos en las noches de luna llena encarnado por Lon Chaney Jr. en la década de 1940, finalmente lo revivió en el siglo XXI, en un film protagonizado por Benicio del Toro que se estrena este jueves en los cines argentinos.

En el ranking de monstruos clásicos del cine, primero viene Drácula, luego sigue Frankenstein, y en tercer puesto el Hombre Lobo. Sin fuentes literarias como las novelas de Mary Shelley y Bram Stoker que lo antecedan, el Hombre Lobo surgió de antiquísimas leyendas folklóricas de Egipto, Grecia y Roma. En La República, Platón menciona un caso de licantropía.

Pero la fama del Hombre Lobo no deriva de los estudios filosóficos, sino simplemente de una película de 1941 que prácticamente salvó de la bancarrota a los estudios Universal. The Wolfman (El Lobo Humano, de George Waggner) presentó a Lawrence Talbot, es decir al lobisón más famoso de todos los tiempos. El personaje que inmortalizó a Lon Chaney Jr. fue explotado y liquidado malamente por el estudio, que no lo mató con una bala de plata, sino con un sistemático desdén que derivó en argumentos kamikaze como una curación a la licantropía y una última aparición cómica en una legendaria parodia de los monstruos clásicos de la Universal protagonizada por Abbott & Costello.

A diferencia de los otros monstruos de la Universal, Larry Talbot no dio señales de vida en más de medio siglo (ni tuvo un lejano parentesco con lobisones de los ’80 como los de Aullidos de Joe Dante, o El Hombre Lobo Americano de John Landis). Tal vez sea que Larry Talbot en realidad no es un monstruo. El vampiro es un ser maligno que suele disfrutar del mal que provoca con sus poderes sobrenaturales. En cambio un licántropo como Talbot es “un hombre de corazón puro, que pronuncia sus plegarias nocturnas...” sin poder evitar convertirse en un monstruo peludo y homicida toda noche de luna llena. Y siempre al borde de “destruir lo que más ama”. En cualquiera de sus versiones de ficción, pero sobre todo en la que concibió el guionista Curt Siodmak para The Wolfman de 1941, más que un monstruo, el personaje es un buen tipo con un grave cargo de conciencia por su comportamiento monstruoso.

Curt Siodmak podría haber pensado en Platón, o al menos en alguna novela u obra de teatro más o menos popular de principios del siglo XX. En cambio, muy honestamente explicó en entrevistas la motivación para crear a un personaje tan torturado como Lawrence Stewart Talbot: “Me llamó el productor y me dijo: ‘Tenemos 180 mil dólares, a Bela Lugosi, Claude Rains, Ralph Bellamy, y el hijo de Lon Chaney. En 10 semanas tiene que empezar el rodaje, y el titulo sí o sí tiene que ser The Wolfman, así que ponete a trabajar!’”.

Por motivos insondables, en tiempos de guerra el cine de terror funciona especialmente bien. El público quedó atrapado por The Wolfman, y con el paso del tiempo Siodmak elaboró una complicada y no muy verosímil tesis sobre la analogía entre los tormentos del pobre Talbot y sus propias experiencias personales en la Alemania nazi –que dejó para radicarse en Hollywood, como tantos otros colegas alemanes de la época–. Lo que no se puede negar es la estética expresionista aplicada al film por el director, y especialmente por el excepcional director de fotografía Joseph Valentine, que distorsionó todo lo que pudo los encuadres para que el backlot del estudio pareciera un páramo aterrador. Para entender la importancia de The Wolfman en la historia del cine fantástico, basta señalar que Valentine, luego de estudiar minuciosamente el trabajo de Greg Tolland en El ciudadano de Orson Welles, hizo preparar especialmente para este film barato de terror unos lentes angulares que le permitían llevar al límite las posibilidades de la profundidad de campo y las distorsiones de personajes y decorados, lo que convirtió al film en uno de los más estilizados del terror clásico de la Universal.

El elenco no tenía desperdicio, empezando por el gitano Bela (o sea, Bela Lugosi) como el hombre lobo original que contagia a Lon, más Claude Rains (papá Talbot, que en la nueva versión es Anthony Hopkins), la scream queen Evelyn Keyes (ahora Emily Blunt) y la ominosa gitana Maleva, Maria Ouspenskaya (¡ahora Geraldine Chaplin!). Los implacables ejecutivos de la Universal trataron tan mal a Larry Talbot como a Lon Chaney Jr. Los defensores del estudio aseguran que el hijo de El hombre de las mil caras se la buscó, con su pésimo comportamiento, que incluía no soportar las horas y horas de maquillaje a cargo de Jack Pierce (más o menos el triple de lo que aguantó ahora Benicio del Toro en manos de Rick Baker) y luego arruinarse la cara arrancándose los pelos a tirones al final de cada día de rodaje. Al pobre Chaney Jr. lo mandaron a hacer de momia ultrabarata en las peores secuelas del estudio, y a ambos –el actor y su taquillero licántropo Talbot– los incluyeron en varias secuelas que a veces ni siquiera incluían su nombre en el título. Lo más increíble es que todas –Frankenstein contra el hombre lobo, 1943, La guarida de Frankenstein, 1944– eran buenas, además de exitosas. En La mansión de Drácula (1946), Talbot lo arruinaba todo curando su licantropía en un imposible final feliz que podría considerarse herético dentro del género.

Tal vez para liquidar para siempre a Chaney los ejecutivos del estudio volvieron a contagiar de licantropía a Talbot en la inolvidable Abbot y Costello contra los fantasmas (1948) con Lugosi como Drácula, Strange como Frankenstein y un cuasi protagónico Chaney Jr. como el torturado “hombre de corazón puro”. Es una de las mejores comedias de terror de la historia, pero también puede ser considerada como el fin del horror clásico hollywoodense. Chaney no se recuperó nunca, y sólo repitió un hombre lobo con cierto parentesco con Talbot en un film mexicano protagonizado por el comediante Tin Tan, La casa del terror (Gilberto Martínez Solares, 1960).

Contada esta historia con pelos y señales, queda claro que una película que intente revivir al Larry Talbot original inspirándose en el viejo guión de Curt Siodmak, tiene que ser buena en serio, o al menos tan divertida como una parodia de Abbott y Costello. Es que si no lo reviven bien a Talbot, sólo les queda su criatura ecológica de los ’50, El monstruo de la Laguna Negra...

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