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Domingo, 20 de noviembre de 2011

ENTREVISTAS > MARISA MONTE HABLA DE SU PRIMER DISCO EN CINCO AñOS

Monte a la vista

Lo último habían sido dos discos simultáneos en los que hacía arqueología y rendía tributo al samba. Cinco años después, dedicados al hogar y la crianza de sus hijos, Marisa Monte volvió a grabar un disco que ella llama “feliz”. Con sencillez y sofisticación, Gustavo Santaolalla en varias canciones, componiendo junto a sus amigos Tribalistas Antunes y Carlinhos Brown, y hasta versionando un viejo tango de Juan de Dios Filiberto de moda en el Brasil de los ’50, O que vôcé quer saber de verdade explora la intimidad del amor y la verdad.

 Por Mariano del Mazo

En un país donde debajo de cada baldosa sale un marcador de punta y una cantante, Marisa Monte se incorpora a la extraordinaria tradición de voces femeninas brasileñas con una serie de herramientas sencillas y a su vez sofisticadas. Flor de la minoritaria pero poderosa clase media carioca –esa que tomó la cuadratura del samba para procesarlo en bossa nova y conquistar el mundo– de chica tuvo a su disposición profesores de guitarra y piano y hasta el pasaje para un viaje iniciático a Italia para estudiar canto lírico por un año. Además, curtió el rock brasileño de los años ‘80, ese rock del que emergieron figuras notables en su genio y originalidad como Arnaldo Antunes y Cazuza, y en un momento se embelesó con el samba que escuchaba su padre, un ingeniero dedicado a la economía que ostentaba una discoteca brutal con joyas de Lupicínio Rodrigues, Ary Barroso, Clara Nunes, Paulinho da Viola, Joao Gilberto. La pasión la volcó en la excelente película O misterio do samba, un documental donde Marisa abrazó la mística de los viejitos de la Velha Guarda da Portela. El trabajo fue de indagación y búsqueda: antropología musical a la manera melancólica de Buena Vista Social Club y origen de sus discos simultáneos consagrados al samba: Infinito particular y Universo ao meu redor, de 2006.

Después se dedicó a criar a sus dos hijos y ahora, tras estrictos cinco años lennonianos de hogar, cochecito, plaza y pañales, vuelve con O que vôcé quer saber de verdade. Se trata de una serie de composiciones nuevas –salpicada por algunos covers– que escribió una a una hasta percibir que tenía un álbum y que ese álbum tenía una idea. Marisa Monte es una mujer de ideas.

Utiliza Internet para todo y, de hecho, por Internet lanzó primero el disco y por Internet habló con la prensa brasileña. Habrá que tomar como deferencia la charla telefónica: “Encontré en la red una oportunidad legal de llegar igual a todo el mundo. Siempre soñé con eso, con esa clase de democracia. Para mí la música es comunicación; es finalmente, exactamente, lo mismo que hacen ustedes, los periodistas. Creo que es interesante este momento. Y no sé si éste es mi último CD con el concepto tal cual lo conocemos, que es heredero del LP. Tal vez lo próximo lo vaya lanzando de a dos canciones por vez, por la red, y recién al final le daré un soporte físico para que se venda en las tiendas. Volvimos a los años en que se editaban simples. Volvimos a Carmen Miranda, que lanzaba dos músicas para Carnaval, otra para Sao Jorge y una más para fin de año...”.

¿Es decir que este disco sí lo pensaste como un CD?

–Ni siquiera. Las composiciones fluían y recién cuando ya tuve unas cuantas advertí que era un CD y que había un concepto.

¿Cuál sería ese concepto?

–Es muy simple: es un disco feliz. Un disco de la felicidad, del optimismo. Un disco positivo, sobre la búsqueda del disfrute, sobre la experiencia de aprovechar la vida. Hay canciones que hablan de amor, pero que no tienen relación entre sí. Yo lo llamo un disco solar.

El amor de algún modo atraviesa todo el álbum...

–Es que soy una cantora en el sentido tradicional. Me gustan las melodías, los estribillos y la temática sentimental. Hay una relación entre el canto y el amor ancestral. Hasta los pajaritos cantan cuando se quieren atraer. Es algo de la naturaleza. En el disco quise cantarle al amor de una manera real, no al amor idealizado. Hay un tema que dice “amar a alguien no tiene explicación”. Para mí el amor es una forma de la inteligencia, tal vez la mayor de las inteligencias. En este momento hay un montón de transformaciones en el mundo de las relaciones humanas: todo cambió, las relaciones familiares, las de pareja. Los modelos del pasado ya no sirven más. Me parece importante cantarle al amor porque es una cuestión verdaderamente relevante.

Si bien es cierto que la resbaladiza idea de la felicidad está presente en el disco –una idea un tanto estereotipada, de sobrecito de azúcar, del tipo “si vos sos feliz, yo también”–, más inquietantes resultan los comentarios sobre la verdad. Ya desde el título del disco, o desde canciones como “Verdade, uma ilusao”, Marisa Monte cuestiona la idea de verdad y dice que finalmente la verdad puede ser el nombre de la mentira. “No existe una verdad colectiva. La verdad pertenece a la intimidad de cada uno”, dice.

El disco fue producido por la propia Marisa y mezclado por Patrick Dillet (Mary J. Blige, Fatboy Slim, David Byrne) y Mario Caldato Jr. (Beastie Boys, Manu Chao, Jack Johnson) y abre con el tema que le da nombre: “O que vôcé quer saber de verdade”. Es una canción compuesta junto a Arnaldo Antunes y Carlinhos Brown y marca el carácter del álbum: de alguna manera Marisa Monte retorna al despojo sonoro de Tribalistas y elige reposar en esa levedad casual que la cantante define como “sencillez” y que la revista Veja –único medio brasileño que le dio un palo– acaba de calificar como “previsible”. “No quiero caer en la crítica de la crítica. Cada uno tiene su rol y ocupa su lugar. Pero creo que hubo algo que les molestó más allá de lo musical”, dice y hace silencio.

EL MUNDO ES UN PAÑUELITO

Marisa escribió dos canciones más con Antunes y Brown, “Depois” y “Verdade, uma ilusao”, y una muy especial con el ex Los Hermanos, Rodrigo Amarante, la preciosa “O que se quer”, que finalmente grabaron juntos en Los Angeles, donde reside Amarante. La carioca también rescató una canción de 1964 de Jorge Benjor, “Descalço no parque”, y un viejo tango de Juan de Dios Filiberto de 1920 que fue famoso en el Brasil de los ‘50 en la voz de Dalva de Oliveira: “El pañuelito”, reconvertido en “Lencinho querido”.

Con el espíritu de la versión de “Nada” (Dames y Sanguinetti) que Caetano Veloso hizo en portugués memorando la que escuchaba de chico en la radio, Marisa Monte tomó el “Lencinho querido” de Dalva de Oliveira. “El tango era muy popular en Brasil. Había grandes intérpretes, como Orlando Silva. Se puede pensar en una analogía entre el tango y el samba, aunque me parece que los músicos de tango son más eruditos y los de samba más rústicos. Sí creo que ambos trabajaban con elementos nobles, con sentimientos legítimos. Hice algunas cosas con Gustavo Santaolalla en Bajofondo y en Café de los Maestros, y realmente son grandes músicos.”

Marisa Monte realizó una serie de shows con Bajofondo y en este disco invitó a tocar a Santaolalla en varios temas. De hecho, el argentino mete su ronroco en el corte del álbum, “Ainda bem”. La historia viene de lejos y la cuenta Gustavo Mozzi, productor junto con Santaolalla de Café de los Maestros y arreglador del “Lencinho querido” que figura en el disco. “En octubre de 2009 se inauguró el Teatro Bradesco de San Pablo, un gran acontecimiento para la cultura brasileña. Para esa velada, como parte de un programa especial, nos invitaron a Marisa Monte y a Café de los Maestros. Con Santaolalla empezamos a imaginar el repertorio y Marisa nos propuso cantar juntos ‘Lencinho querido’, ‘Fumando espero’ y su tema ‘A primeira pedra’. Para que yo pudiera escribir los arreglos orquestales de los tangos, ella me envió unas hermosas versiones grabadas en su casa donde cantaba, tocaba guitarra y percusión junto a Dadi. Me fascinó el abordaje de ‘Lencinho querido’, donde retomaba algo de aquella versión histórica de Dalva de Olivera, pero de un modo absolutamente personal. Sobre esa base sumé las cuerdas y el bandoneón procurando respetar la atmósfera, y creando un diálogo entre la maravillosa voz de Marisa y los instrumentos de la orquesta típica. Para que ella tuviera una referencia del arreglo antes de encontrarnos a ensayar, lo grabamos en el Estudio Ion con Fernando Suárez Paz en el primer violín y se lo envié. Esa versión del arreglo grabada en Buenos Aires es la que finalmente quedó en el disco. En aquella noche gloriosa de la apertura del teatro –con Gilberto Gil entre los maestros de ceremonia– lo tocamos Marisa, Santaolalla, Dadi y yo con cuatro guitarras y la orquesta de Café de los Maestros. Recuerdo que Santaolalla hizo también una memorable versión de ‘Vieja viola’. Parecía que todos hubiésemos tocado siempre juntos.”

¿VUELVE EL TRIBALISMO?

Hay canciones compuestas con Antunes y con Brown, y tres temas firmados entre los tres... ¿No pensaron retomar Tribalistas?

–Es que Tribalistas no nació con ninguna intención: no somos un grupo. Se dio. Cada uno tenía su carrera. Ocurre que somos amigos, nos admiramos mutuamente y si bien la idea era simplemente hacer un disco, el suceso nos superó. Yo recién había tenido a mi hijo y no podía salir de gira. En un principio pensamos que cuando creciera podíamos encarar un tour. Pero enseguida Arnaldo y Carlinhos estaban metidos en sus cosas... No descartamos hacer algo juntos más adelante. Pero estoy seguro de que para la gente siempre va a ser insuficiente. Si hacemos dos shows van a querer diez. Y está bien: a esta altura Tribalistas no da para hacer algo chiquito.

Chopin, Phillip Glass, Debussy, Melody Gardot, Pink Martini, Regina Spektor, Stevie Wonder, Al Green, Mina, Nat King Cole, Originais do Samba, José González, Tom Jobim... Marisa Monte enumera la música que estuvo escuchando últimamente y en ese abanico cromático se observan las claves de los universos que contiene Marisa y que a su vez proyecta. No deja de sorprender la mirada inquisidora de cierta prensa brasileña, que acusa a Monte de cool y de snob. “A mí me interesa que lo que hago le guste a la gente; la prensa es otro carril.”

¿Cómo calificás tu música?

¿La podés analizar desde afuera?

–Básicamente mi música siempre tuvo vocación popular. Para mí la simpleza es una cualidad. Me gustan los artistas que son directos: Roberto Carlos, Tim Maia, Jorge Ben, Cole Porter, Los Beatles. El tema es cómo abordar cuestiones profundas con formas simples. Nunca tuve intención de ser cool o de hacer música para pocos.

Habla de sus hijos de 8 y 3 años, dice que “adoraría” conocer más música argentina (“Conozco lo que todos conocen... Mercedes Sosa, Fito Páez”) y concluye en su endemoniado portugués: “La felicidad, la verdad, el amor... El tema es cómo abordar cuestiones profundas con formas simples. Ese es mi objetivo con la música, con los discos. Que sean un medio de trasmisión de emociones, de filosofía, de poesía. En mi vida la música tuvo un poder de transformación muy grande”.

¿Pensás que tu música tiene ese poder?

–No. No lo sé. Ojalá.

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