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Domingo, 17 de junio de 2012

DVD > LA COLINA DEL DIABLO: EN LA LARGA TRADICIóN DEL GORE NAZI

SS&M

 Por Alfredo Garcia

Hace unos años Quentin Tarantino y Robert Rodríguez hicieron un proyecto juntos, Grindhouse, un homenaje a los viejos cines de doble programa en el que cada uno dirigía una película, que fueron Death Proof y Planet Terror, respectivamente. Lamentablemente en la Argentina ambos films se estrenaron por separado, desarticulando el doble programa, y lo que es peor, eliminando varios trailers de películas inexistentes que venían con las dos películas, pero que todos los fans argentinos de ambos directores conocen gracias a distintas ediciones en DVD. Uno de los trailers estaba dirigido por el mismísimo Rob Zombie y correspondía a un film titulado Werewolf Women of the SS, que es algo así como “Las mujeres lobizonas de las SS”, basada en la historia supuestamente real de los experimentos de los nazis para ganar la guerra utilizando a las licántropas de marras (tiempo después, otro de los trailers, Machete, terminó convertido en una película de verdad, a cargo de Rodríguez).

Este guiño de Zombie/Rodríguez/Tarantino obviamente es un homenaje a cierto extraño subgénero del gore y el terror, las películas dementes con nazis, zombies y sexo maso y morboso. Subgénero setentista como pocos, pero que de vez en cuando reaparece con distintas variaciones, como por ejemplo en la reciente película de terror clase B neocelandesa La colina del diablo (The Devil’s Rock), dirigida por Paul Campion y editada hace algunas semanas en la Argentina directo al DVD, sin pasar por los cines, por la firma SBP.

Aquí el tono es distinto de otras fantasías morbosas con nazis y disparates de ese tipo –que combinan Segunda Guerra y muchas veces campos de concentración con S&M y elementos sobrenaturales–, ya que una característica especial de este sólido y original film clase B es que, a diferencia de la mayoría de los films gore de bajo costo que se hacen en la actualidad, se toma el asunto muy en serio, logrando buenos climas ominosos.

La colina del diablo muestra a dos soldados neocelandeses afectados a maniobras distractivas en la víspera del Día D para hacer creer a los alemanes que la invasión a Europa vendrá por un lugar distinto al de las playas de Normandía. La misión los lleva a una isla en la costa francesa (la Roca del Demonio del título original), donde hay un castillo de aspecto atemorizante lleno de cuerpos de soldados nazis destripados, y donde se escuchan alaridos que hielan la sangre. En el lugar sólo queda en pie un malísimo oficial de las SS que custodia a una extraña prisionera que aúlla como un demonio, y que tiene la cualidad de lucir como la mujer amada de quien sea que la esté viendo. A quien se encuentre en esta situación, la prisionera aulladora le suplicará que por favor la libere de sus cadenas.

El director maneja muy bien la mezcla de géneros, ya que la película tiene la tensión y la violencia de un film de guerra: finalmente el demonio custodiado por el oficial de las SS con la intención de que se coma crudos –literalmente– a los soldados aliados, no es otra cosa que un arma experimental de la división esotérica de Hitler. Los fans del gore seguramente disfrutarán con las generosas dosis de truculencia y hemoglobina a granel regada por Paul Campion, aunque tal vez los seguidores de este subgénero entenderían que la mezcla de nazis y gore no se completa del todo si no contiene además un poco de sexo casi explícito, aquí a cargo de la endemoniada seductora Gina Varela –ella misma todo un motivo para ver el film–.

Es que el superclásico en la materia, justamente el que inspiró el trailer de Rob Zombie ya mencionado, es más una película de sexo y violencia que de terror, todo un éxito de la era dorada del sexploitation, es decir, la década de 1970. El clásico en cuestión es Ilsa, She Wolf of the SS, un film dirigido por Don Edmonds en 1975 y protagonizado por Dyanne Thorne en el temible rol del título (en España se llamó Ilsa, la perra de las SS, y llegó justo para la aparición de los cines softcore clasificados “S” de la era del destape). Ilsa era la jefa a cargo del Campo 9, donde practicaba todo tipo de “experimentos” científicos destinados, entre otras cosas, a demostrar que las mujeres podían provocar más daño y dolor que los hombres. Cualquier gesto o respuesta o mirada, o incluso la falta de toda respuesta, podía generar los más severos castigos a cargo de Ilsa, por lo que los fans del gore saben que si bien esta película tal vez no sea demasiado buena, sin lugar a dudas nunca aburre con sus constantes escenas de mutilaciones y suplicios de todo tipo y calibre, incluyendo una celebrada castración del pobre hombre que no supo cumplir la performance sexual exigida por la protagonista. Dyanne Thorne volvió a interpretar a Ilsa en tres películas más (en realidad una era una película de la sádica Greta, un invento de Jesús Franco para subirse a la ola, pero luego fue retitulada Ilsa para vender más entradas). Años más tarde, la actriz aseguró que haber encarnado a esa terrible villana le provocó muchos disgustos personales y dañó su carrera, ya que la gente tendía a confundirla con su personaje. Al director, en cambio, la saga de Ilsa le dio un lugar en la industria, llegando incluso a producir True Romance (Escape salvaje) la película de Tony Scott escrita por Tarantino.

El género del que Ilsa fue máximo exponente cinematográfico tiene un antecedente en una suerte de literatura pulp del Holocausto: el Stalag, que solía describir escenas de guardianas de las SS, sexies y sádicas, de botas y látigos, que seducían y abusaban de los pilotos aliados mantenidos prisioneros en los campos. Muchas historias terminaban con los pilotos victimizados, violando y asesinando a sus torturadoras en venganza. El Stalag reconoce un origen aún más serio: el primero fue un libro testimonial, no de explotación, titulado Casa de muñecas, de 1953, diario de una chica judía de 14 años abusada sexualmente y obligada a prostituirse en Auschwitz. Aunque muchos creen que fue inventado, se ha escrito que el libro se convirtió para muchos chicos israelitas en el equivalente a El diario de Anna Frank para los americanos, una suerte de primera y brutal exposición de los chicos al Holocausto. El primer Stalag propiamente dicho fue Stalag 13, que fue publicado en 1961, año del juicio a Eichmann, y contaba la historia de un piloto británico que caía prisionero de las SS, y en el campo era atacado por dos pelotones de soldados nazis mujeres de “pantalones ajustados, botas brillantes y cinturones que se cruzaban sobre sus pechos erguidos”. Las dominatrix más famosas de estas ficciones fueron eventualmente Ilsa Koch (la “Perra de Buchenwald”) e Irma Grese (la “Bella Bestia de Auschwitz”).

Hace poco la secuela Ilsa, Harem Keeper of the Oil Sheiks (dirigida por Edmonds en 1976) fue exhibida en el Bazofi por los responsables del programa Filmoteca TV, Fabio Manes y Fernando Martín Peña, que seguramente preparan alguna programación similar para el inminente “Bazofi D’Hiver” que anuncian para las vacaciones de invierno en la sala del Sindicato de Operadores Cinematográficos. Mientras tanto, para terror nazi, se recomienda La colina del diablo.

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