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Domingo, 29 de septiembre de 2013

PINTURA > POLICASTRO: NUEVA MUESTRA Y HOMENAJE DE 50 ARTISTAS

La vida de los cuadros

Es uno de los artistas más sólidos y excepcionales del arte argentino y, sin embargo –y a pesar de la reciente recuperación de su figura–, para las nuevas generaciones suele ser un desconocido e incluso pasa desapercibido. Por esto esta nueva muestra de y sobre Enrique Policastro, 50 artistas y un maestro, además de poner luz sobre obras menos conocidas, es un justo homenaje –del que participan entre otros Carlos Alonso y Eduardo Stupía– a una obra formidable, de sobrio realismo y espesor social.

 Por Verónica Gómez

“Lo puse a Policastro con otros artistas porque si lo dejo solito se me muere, no viene nadie. Policastro no es muy taquillero que digamos”, confiesa con una mezcla de tristeza y rebeldía Teresa Nachman, directora de la Galería Hoy en el Arte, donde tiene lugar una muestra homenaje a Enrique Policastro que incluye 21 obras del artista, 54 obras concebidas especialmente para la muestra por artistas invitados y una serie de ocho paisajes inspirados en la obra de Policastro realizados por Carlos Alonso. ¿Pero cómo es posible que un artista de tamaña estatura corra el riesgo de pasar desapercibido o, peor aún, caer en el olvido? ¿Es factible que las generaciones más jóvenes, tan enteradas en cambio de las últimas tendencias, lo desconozcan? Por suerte no es completamente así. Artistas como Pablo Suárez y Marcia Schvartz han revisitado, cada cual a su modo, la obra de Policastro. Y la Fundación Alón, que posee una de las mayores colecciones (la otra es la de Teresa Nachman), ha brindado una muestra formidable en el Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori, reseñada en este medio hace poco más de dos años y publicado en un catálogo que, si bien no es exhaustivo, da un pantallazo de la obra de este artista ermitaño y profundamente radical. Exceptuando un fascículo del Centro Editor de América Latina, que pertenece a la serie de Pintores Argentinos del Siglo XX, y el catálogo mencionado, no hay otro libro que nos ponga al alcance la obra de Policastro. Se dirá que corren peor suerte otros tantos artistas argentinos. Y es cierto. El asunto de patrimonios ocultos, perdidos, olvidados o ignorados merecería un SOS lanzado directamente al corazón de cada historiador del arte.

Nacido en Buenos Aires en víspera de Reyes, el 5 de enero de 1898, de padre italiano obrero del calzado y madre andaluza, Enrique Policastro tuvo clara su vocación desde temprano: ser un artista. Sin embargo, su precaria realidad económica no volvería su objetivo nada fácil. Tras la muerte de su padre, en 1911, debió suspender sus estudios primarios y entrar a trabajar en una empresa de maquinaria agrícola para sustentar a su familia. Luego, ya convertido en artista, trabajaría como empleado en la Secretaría Electoral del Juzgado Federal hasta su jubilación, momento en el cual emprendería sus viajes al norte, a la pampa y al sur argentino. La sensibilidad de Policastro se hizo eco, junto con Antonio Berni y Demetrio Urruchúa, de la posición política del Grupo de Boedo en su preocupación por un arte que evidenciara las miserias sociales.

Si de excepciones se trata, entendiendo la excepción como aquello que escapa a la regla, esquiva el canon y es irrespetuoso con la moda del momento, Policastro fue una de las más sólidas excepciones que tuvo el arte argentino. Y, coincidentemente, la colección de Teresa Nachman ofrece también excepciones: la mayoría de las obras de Policastro presentes en la exposición escapan, más o menos levemente, al lugar donde acostumbraríamos ubicar al artista. Algunas pinturas, como Paisaje con tormenta, pertenecen claramente a eso que Policastro solía hacer de manera tan contundente: experimentar la tierra desde adentro, de una manera carnal y opaca al mismo tiempo, expresar la pesadumbre amarilla de los cielos turbios, sentir en la materia pictórica la dimensión física y terrestre de lo espiritual. Si Policastro habla de pobreza, no es simplemente por los motivos que elige (ranchos, gente miserable, paisajes yermos) sino por la manera en que lo hace: poca descripción y mucho espesor. Bastan un par de gestos, bien amasados, para dar la idea del conjunto (se dice que lo mismo hacía con las palabras, las usaba poco para decir mucho). El romanticismo de Policastro era un ánimo exprimido y despojado de altisonancias hasta transformarse en el realismo más elocuente. Un ensimismamiento encapotado hacía que la luz en sus cuadros –sol, luna, reflejos en el agua– debiera realizar un esfuerzo tremendo por atravesar la densidad de la atmósfera y sacarle destellos al paisaje. Pero Policastro no sólo podía ser tremendo hasta lo trágico. También sabía percibir la ternura en las formas y la torpeza hasta el borde del ridículo, sin perder un ápice de su actitud respetuosa. Tal vez porque él sabía de aquella vida que sus cuadros narran. El, como sus personajes, era pobre. Uno podría pasarse horas descubriendo las decisiones compositivas que llevaron a Policastro a ubicar cada elemento (desde las velitas clavadas en la tierra, hasta la estatua del santo y el grupo congregado por debajo) en una de las joyitas de la muestra: San Francisco-Peregrinación, de 1961, que recuerda, en su sentido religioso, sobrio y mágico, la obra de Santiago García Sáenz.

Descubrimos con sorpresa en esta selección de sus obras cierto gusto por los colores saturados. El azul vibrante del agua en la obra Mar Chiquita es casi un escándalo en el contexto Policastro.

Una arista jugosa que la muestra ofrece es la posibilidad de vislumbrar cómo cada artista aborda el acto de homenajear de manera distinta. Algunos estudian la obra, la copian, recorren un camino parecido para conocer mejor al maestro, al punto de hacerse irreconocibles como sello y hallar lo propio en lo ajeno. Otros artistas no abandonan su sello personal y abordan a Policastro sin perderse en él, lo cual hace menos interesante la apuesta. Un punto intermedio aparece en los artistas que buscan un lugar de resonancia, una zona compartida entre su manera y la del homenajeado.

Fermín Eguía, Eduardo Stupía, Armando Sapia, Rosa Rovira, Ana Tarsia, Jorge Argento, Mónica Caputo y Norberto Onofrio, entre muchos otros, son los artistas convocados a homenajear a Enrique Policastro. Ojalá sea contagioso.

Enrique Policastro
50 artistas y un maestro
Del 12 de septiembre al 5 de octubre
Hoy en el Arte Galería
Juncal 848-CABA

MAR CHIQUITA.

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San francisco Peregrinación, 1961.
 
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