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Domingo, 5 de enero de 2014

NIEBLA PÚRPURA

MUSICA Se crió en Chile escuchando nueva canción chilena y, de adolescente, ya de vuelta en Argentina, formó una banda y poco después, como solista, empezó a tocar en recitales de poesía, haciendo covers de Ricky Martin o Néstor en Bloque –un camino diferente en la formación habitual de cantautora–. No es lo único diferente de Violeta Castillo: a los 24 años tiene cuatro discos y son todos Eps de cinco canciones, y todos los sube a Internet, incluso el último, Hasta abajo, que con sus dejos ochenteros y una lírica ingeniosa la posiciona como una voz brillante y diferente que invita a bailar.

 Por Mercedes Halfon

“No voy sola/ soy una ola del mar/ sólo espero que/ la marea me devuelva”, canta Violeta Castillo en el primer tema de su último disco Hasta abajo. Un Ep con cinco canciones donde se conjugan la dulzura de su voz, pegadizas y oscilantes melodías pop, con letras juguetonas, agudas y flashazos de reflexión, como en “Las señales”, donde dice “Es la vez/ número cien/ que me encuentro pidiéndole a Dios por algo/ que podría haber resuelto yo/ mucho tiempo antes”. Difícil imaginar qué puede estar rogando al cielo esta chica que con 24 años ya lleva cuatro discos editados: Uno y Otro, que fueron grabados y mezclados por Juan Cruz Palacio en los estudios YoConVoz de Tucumán y salieron juntos; Horizonte, Ep grabado en vivo precisamente en Radio Horizonte, de Santiago de Chile, para el programa de Guillermo Tupper, y ahora este cuarto disco, Hasta abajo, donde Violeta se ha rodeado de una banda poderosa, integrada por Guido Lousteau, Pablo Vega, Joaquín Ferrer y Nicolás Pedrero. Viene, además, de tocar este año en el inmenso escenario de Tecnópolis y de abrir el show de Julieta Venegas en el Gran Rex.

Violeta Castillo nació en 1989, de madre argentina y papá músico chileno. Cuando tenía un año la familia atravesó la cordillera para vivir en Chile durante siete años, primero en el campo y después en la ciudad de Santiago. “De ese tiempo recuerdo que en mi casa se escuchaba muchísima música de la nueva canción chilena: Patricio Manns, Illapu, Inti Illimani. Eramos de aprendernos mucho las letras con mi hermana y cantar a morir.” Hoy, años después de esa foto, Violeta mantiene una relación de admiración y amor con la escena independiente de Chile. Es amiga de Fakuta, Felicia Morales y Dadalú, entre otras figuras. Sigue siendo un poco transandina.

Ya en Buenos Aires, entrando en la adolescencia, proyectó un futuro como bailarina clásica y decidió entrar en la Escuela Municipal de Danza. “Fue mi actividad central de todo el secundario. Quería bailar, estar en una compañía. Después, la rutina de la escuela de danza me fue quitando las ganas. Cuando terminé, un poco por inercia me metí en el IUNA, pero era un ritmo bastante intenso, había que estar sólo viviendo para eso y yo tenía que trabajar. Empecé con cinco materias y terminé sólo con yoga. Fatal.” Esa desilusión fue paralela a un descubrimiento. O un redescubrimiento, ya que la música nunca había dejado de estar presente, aun mientras recorría salones con pisos de pinotea y pianos de cola donde se podía practicar. Gracias a un novio del Oeste, Violeta empezó a frecuentar shows, recitales, reuniones y tomar clases con partícipes de la movida musical que por aquella época se daba por allí, e incluía a Juanito el Cantor, Guille Beresñak, o Defórmica. La banda propia llegó ahí mismo. Se llamó Castillo Violeta. “Fue un momento de mucha inspiración y mucha inocencia. Había descubierto muchas cosas: el amor en pareja, cierta libertad, un lugar de pertenencia. Me di cuenta de que quería hacer eso de verdad, entonces disolví la banda que tenía, que era medio un hobby para los demás, pero no para mí. Me hice solista y empecé a tocar con la guitarra en cada lugar que podía o me invitaban.”

Por el año 2009 se la podía ver/escuchar a Violeta Castillo frecuentando lugares como La Usina, donde compartía escenario con poetas como Mariano Blatt o Fernanda Laguna. Ella, que acababa de cruzar la barrera de los veinte años, cantaba muy decidida, como una trovadora posmoderna, versiones pop pero muy sentidas de temas como “Una calle nos separa” de Néstor en Bloque, “Fuego de noche, nieve de día”, de Ricky Martin, o “Tu cárcel”, de Gilda. Allí mismo fogueó sus propias canciones, las que quedarían registradas en Uno y Otro, hits en los que, como “La madera”, canta romántica e irónica: “Te vi partir... una madera/ con el canto de la mano / Impresionante, impresionante”.

Dentro de sus referencias musicales se conjuga Lucas Martí –con quien comparte músicos– con las letras de Rosario Bléfari –con quien hizo un taller de canciones–, Leo García –con quien colaboró–, el electropop de la chilena Javiera Mena, o raperos como Kanye West o M.I.A. Influencias que aparecen sobre todo en este último disco en el que el sonido de Violeta se complejiza, oscurece un poquito y da lugar a canciones como “Las cremas” o la mencionada “Las señales” sutilmente bailables, con dejos ochenteros. Siempre con una lírica ingeniosa y atenta a los mensajes que el mundo manda a través de textos de los envases de shampoo, o las respuestas automáticas que emiten las computadoras.

En este disco, como en los anteriores, el formato es el Ep: “Me gusta porque se pueden cerrar ideas más fácilmente, cinco temas más una idea y listo. Es como una cápsula de un momento y no tenés que esperar demasiado tiempo para que salga. Con un disco largo corrés el riesgo de que los temas no tengan nada que ver entre sí”. Pero además de la corta duración, todos estos discos tienen como denominador común que fueron subidos directamente a Internet. Respecto de eso, Violeta tiene una postura tomada: “Hacer discos, por el momento de la industria que se vive hoy, es muy caro y yo nunca estuve segura de si valía la pena. Veo un montón de amigos que tienen cajas y cajas de CD en la casa, que por ahí ya están haciendo un disco nuevo y tienen todavía para deshacerse del anterior. También hay otros que los venden todos en los shows; con todo lo que toco tal vez ya los habría vendido, pero igual nunca me pareció invertir tanta plata que por ahí nunca iba a recuperar. No soy tan fan del objeto disco. Me parece que hoy estando en Internet ya está, es suficiente. Me parece más acorde”.

¿Acorde a qué? Al tiempo en que ella vive. Violeta no sólo sube su música a Internet sino también sus palabras. En el blog http://labatalladelmovimiento.tumblr.com/ se puede leer una suerte de diario donde escribe cada día impresiones cotidianas, vinculadas a experiencias con la música y la ciudad. Hay desde aventuras por la calle Talcahuano averiguando precios de guitarras, a giras mágicas y misteriosas, pasando por una tarde plácida donde Violeta hornea una torta de mandarina. El año que viene, igualmente, tanta virtualidad tendrá un coto, ya que va a salir su primer disco físico, un compilado con temas de todos sus Ep, editado por el sello Estamos felices.

“Dame unos minutos para actuar/ y hacer efecto/ como las cremas” , canta Violeta en Hasta abajo. Hacer efecto con su música y el uso del tiempo como una promesa que hay que confirmar en cada segundo, dos de las principales cualidades que Violeta hace brillar y constituyen su fortaleza. Un castillo donde todos estamos invitados a bailar.

Hasta abajo se puede escuchar http://violetacastillo.com.ar/

Otros discos de Violeta Castillo http://violetacastillo.bandcamp.com/

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