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Domingo, 12 de enero de 2014

PASARSE DE LA RAYA

TELEVISION Estrenada originalmente en Colombia en 2012, llegó a las pantallas argentinas Pablo Escobar, el patrón del mal, la telenovela sobre la vida del líder del cartel de Medellín muerto hace veinte años que marcó a la región y se convirtió en un personaje ambiguo en su país. Y así, con claroscuros, está retratada su figura: asesino, protector, mentiroso y afectuoso, indefinido ideológicamente, el Escobar interpretado por Andrés Parra tiene la virtud de no seguir ninguna lógica binaria, y de unir inteligencia con melodrama latino.

 Por Natali Schejtman

Como si fuera un síntoma de época, la telenovela sobre la vida y obra de Pablo Emilio Escobar Gaviria se estrena en la televisión argentina de aire, curiosamente, al mismo tiempo que en los cines de nuestro país se puede ver El lobo de Wall Street, otra parábola sobre cómo ganar dinero –mucho, muchísimo, groseramente–, en el siglo XX y al borde de la ley. En ambas historias de ascensos y descensos empinados, aparece el tentador triángulo del sexo, el dinero y las drogas, pero así como uno recorre los recovecos de hacer dinero con la especulación financiera mientras se droga, el otro hace dinero con el narcotráfico, de la mano de un liderazgo carismático que lo convirtió en un icono controversial asociado a violencia, la muerte y también a cierta beneficencia en los barrios pobres, y cuya onda expansiva todavía perdura en Colombia. Es justamente ese país el que le hincó el diente a esta historia para lanzar al mundo una nueva narconovela, en la forma de superproducción, sobre su último mito.

COCA LIGHT

“Repartiste mucha plata por los barrios/convertiste a mis hermanos en sicarios”, dice la cortina musical de Pablo Escobar: el patrón del mal, antes de que empiece el capítulo, y ésa es la tensión, la ambivalencia y a veces hasta la esquizofrenia de una serie que pinta a un héroe y le da piñas y patadas a la vez. Interpretado increíblemente por Andrés Parra, El patrón del mal narra la vida de Escobar desde sus primeros años en los negocios, y junto con la suya la coyuntura de un país en el cual el narcotráfico se hacía un elemento más de la vida urbana.

Así, observamos la sutileza y los vaivenes del vínculo del capo narco con la política, con la prensa o con la guerrilla, a los que buscó y también combatió, todo a la vez. No tan sutil es la mirada sobre su relación con las mujeres, que exceptuando a la madre y tal vez a Regina Parejo, el nombre en la ficción de Virginia Vallejo, su amante más constante, cumplen un rol más bien grotesco. Pero a su vez le aportan el color de la telenovela a una serie que no busca renunciar a los recursos del melodrama latino.

METRALLO PARA TODOS

Producida ambiciosamente por Caracol TV, los más de cien capítulos de El patrón del mal se filmaron en unas 500 locaciones con una enorme cantidad de actores. La serie, así como le deja servido al mundo una nueva entrega de lo que el mundo quiere ver en esta región –ilegalidad, pobreza y pasión caribeña–, tiene el mérito de habérsele anticipado con una mirada ciertamente propia y conflictiva sobre una temática no resuelta.

Antes de cada capítulo, una voz repite: “El que no conoce su historia está condenado a repetirla”. Eso, sumado a que en la producción de la serie participan herederos de un par de las víctimas más conocidas del líder del cartel de Medellín, podría llevar a pensar que la serie tiene una mirada definitivamente negativa sobre su figura. Pero lo sabemos: pocos dramas que valen la pena pueden sostenerse en una lógica binaria de la bondad y la maldad, y entonces tenemos a un Pablo Escobar asesino, protector, mentiroso y afectuoso. Millonario y a veces también un poco perdedor. Ni qué hablar de su postura y definiciones ideológicas. En la línea de House of Cards y su retrato sobre un claroscuro político estadounidense, esa complejidad de los “malos” es lo que hace atractiva la serie y también lo que la ha convertido a El patrón del mal en controvertida desde su estreno, en 2012, ya que algunas voces han advertido sobre los peligros de la empatía mediática con su figura y su estilo de vida. Incluso en Medellín sacaron de la circulación un álbum de figuritas que apareció a propósito del furor en una de las comunas de la ciudad. Claro: de la figurita a la estampita pagana ni siquiera hay un paso. Otras críticas giraban en torno de aquello que el programa, en su afán historizador, prefería eludir. Pero hay quienes responden que es una serie necesaria para no olvidar a las trágicas víctimas del narcotráfico, a la problemática en sí y, de paso, para conocer el pasado de algunas figuras políticas que han sabido reciclarse.

La novela, en definitiva, carga con las virtudes y las incomodidades de hacer una ficción sobre una historia muy reciente y también inconclusa. Pero a juzgar por sus rotundos éxitos de rating, esto no hizo más que contribuir a hacerla atrapante y adictiva.

Pablo Escobar, el patrón del mal se emite de lunes a viernes a las 22 por Canal 9.

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