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Domingo, 16 de marzo de 2014

MúSICA. LORDE, LA ESTRELLA ADOLESCENTE DEL POP REFINADO QUE TOCARá EN EL LOLLAPALOOZA LOCAL

TÍMIDA PRINCESA DEL SUR

 Por Micaela Ortelli

Antes de que se popularizara la visa de trabajo y vacaciones que convirtió a Nueva Zelanda en el Bariloche de los veintipico, ese país resultaba tan remoto para los argentinos como éste para los kiwis, que viven en una burbuja, primer comentario de los que vuelven. Una burbuja limpia y segura donde todo funciona, los precios no aumentan, se puede ahorrar y vivir tranquilo, alegato de los que se quedan. Y de hecho así, “la burbuja”, llaman los mismos locales a Devonport, un pequeño suburbio costero ubicado en la isla norte, a un corto viaje en ferry de Auckland, la ciudad más grande y con más movimiento del país, que no es su capital (Wellington está en la isla sur). De ahí –Devonport– surgió la más reciente y joven estrella pop internacional, Lorde.

El salto a la popularidad fue coherente con los tiempos: rápido, vía Internet; pero el proceso de construcción del fenómeno fue más bien convencional y tomó sus años: a los 12 Lorde, nacida Ella Yelich O’Connor hace muy poco –en 1996–, cantó una canción de Duffy en la escuela y la escuchó alguien con un contacto en Universal. A los 13 firmó un contrato “de desarrollo” con la discográfica, que implicaba algo así como buscar productores que trabajaran con ella hasta dar con un concepto, un estilo y eventualmente un disco o muchos. Le presentaron varios pero, al parecer, era una niña con mucha personalidad que no dejaba que la mandonearan y recién el asunto prosperó con la llegada de un tal Joel Little, lo suficientemente talentoso y flexible para lidiar con una adolescente post Internet igual de talentosa y, además, muy despierta.

Fuera del estudio, Ella hacía lo que cualquiera de su edad, sólo que quizá le dedicaba más tiempo a la lectura que cualquiera de sus amigos: Kurt Vonnegut, Raymond Carver, Tobias Wolff eran los autores preferidos de una digna heredera de Sonja Yelich, poeta reconocida y premiada en NZ. La pasión de Ella por la literatura –su primer acercamiento al arte fue escribir cuentos cortos– y su poco conocimiento musical –no toca ningún instrumento– hicieron que naturalmente el foco de su música estuviera en la voz y las letras. La prueba no está sólo en el sonido logrado –un electropop pequeño a base de teclado, batería y mínima programación inspirado en James Blake tanto como en Lana Del Rey– sino en la insólita campaña de prensa que en septiembre acompañó la salida de su disco debut, Pure Heroine: en lugar de trailers y afiches con su cara aparecieron las letras de las canciones en distintos lugares de la ciudad: colectivos, vidrieras, paredes (y faxes de editores).

Aunque poco se la conocía de vista, para entonces Ella ya era Lorde (también es una apasionada de la realeza, sobre todo de sus historias trágicas, de ahí el alias que se inventó, feminizado con la “e” al final) porque su primer EP, The Love Club, fue todo un éxito online. Quiso subirlo a Soundcloud y no venderlo para que lo escucharan los de su edad (“quién tiene tarjeta de crédito a los 16”), y en su viralización mucho tuvo que ver Grimes –la audaz compositora canadiense, paradigma de lo contemporáneo–, que llegó a él de casualidad y lo recomendó en Twitter. De los cinco temas que lo componen, “Royals” es el hit que enamoró: lleva ganados dos Grammy y ya se escucha tararear en el subte de Buenos Aires. Lorde pide por favor que dejen de pasarlo en la radio para no aburrir.

Con su enorme melena enrulada, encandilante palidez y atuendos de princesa vampira, tiene un look muy personal, distinto del de todas las ídolas teen de las que también la separan la edad (ella es, efectivamente, una adolescente) y las letras, según ella misma, porque hablan a jovencitos comunes y corrientes –aburridos, tecnologizados, contradictorios, de clase media– y no fantaseados por productores. Así, critica los ideales de belleza en “White Teeth Teens”, la fascinación por la violencia y el culto a la celebridad en “Glory and Gore”, la chatura lírica del hip hop y el mismo pop comercial en “Royals”. Tiene otras más chiquitas, menos políticas, que hablan de paseos en auto y fiestas en casas, pasatiempos para los que Nueva Zelanda es el país ideal por sus distancias cortas, paisajes soñados de praderas silenciosas y mares siempre cerca (también por su estrictez con el consumo de alcohol en menores). Me pasas a buscar y me llevas a casa. Otra vez la cabeza fuera de la ventanilla. Seremos superficiales pero somos valientes, dice en “400 Lux”. Me siento grande con vos en tu auto, ya sé que es una tontería. Nos comemos las uñas, me muerdes el labio, me muerdo la lengua, en “A World Alone”. Apurada como una mariposa, ya le canta a la fama: Todavía me gustan los hoteles pero creo que eso va a cambiar. Todavía me gustan los hoteles y mi fama recién descubierta, en “Still Sane”. Y todo suena fresco y despojado como un jardín recién podado, aún con sus estribillos venenosos de Radio Disney (probar también con “Tennis Court” o “Team”).

Bruce Springsteen hizo un cover de “Royals” en un show en NZ. La elogian desde David Bowie (dijo que escucharla era “el mañana”, él, David Bowie) a Pharrell Williams. Rechazó una colaboración con David Guetta y salir de gira con Katy Perry, pero compartió escenario con el dúo electropop del momento, Disclosure. Si no alcanza ya para definir posición, criticó y borró de los charts a Miley Cyrus, últimamente la más tonta y obvia –y prensable– del pop comercial. Eso le dio mucha entrada en los medios, pero la polémica no parece ser su estilo: Lorde es tímida, al menos así se la vio en alguna que otra aparición en televisión, como en enero cuando fue a recibir el Grammy por la canción del año. De pies a cabeza en reluciente negro, el pelo planchado peinado al medio, los labios de furioso bordó, sostenía el premio con las dos manos –la madre la miraba con las suyas entrelazadas– y simplemente agradeció a su familia y productor, “y a todos los que hicieron que la canción explotara, porque fue una locura”. Tan poco grandilocuente y jactanciosa como si tuviera cientos de ésos. O mejor, como si tuviera toda una vida para ganarlos.

“Royals” llegó tan lejos que Lorde lo hizo a América latina. El martes 1º de abril se presenta en la primera fecha del Lollapalooza, a las 18.15, en el escenario Alternative. Ya sólo quedan entradas carísimas: $ 680 el pase por día y $ 1200 los dos.

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