satira

Dos mil ocho, la crisis te abrocho

Por Rudy

Este año 2008 más que un año parece un siglo, o un segundo, una década, un santiamén, un lustro, un ratito, una eternidad, un minuto, una era geológica ... todo depende del reloj de quien se esté mirando. Y, encima, tuvimos varios cambios horarios que nos llevaban a hacia el futuro, hacia el pasado, otra vez al futuro, nuevamente al pasado, y así.

Finalmente terminamos con el país dividido en dos... Una parte le va llevando una hora de ventaja a la otra parte, aunque no sea tan simple de dilucidar si la parte que lleva ventaja es la adelantada, o bien la otra. El poder ver qué pasó, y vivirlo una hora más tarde, quizá le da a ese sector una cualidad de visionario, o incluso de adelantado: “Ustedes necesitaron llegar hasta las 5 para conseguir lo que nosotros ya teníamos a las 4 y un minuto”.

La cuestión es que este “país dividido en dos” no lo era solamente por el reloj. También la soja adelantaba en un sector del país y atrasaba en otro. “El precio del poroto” (¡qué titulo para una telenovela de amor, poder, engaños, sexo y corrupción!) se elevó por las nubes, en cualquier momento nos llovían porotos y nosotros sin paraguas o, para ser más exacto, sin “paraporotos”; los porotos caían de punta y el gobierno no tuvo mejor –ni peor– idea que tomar el poroto por las astas, o sea, retener parte de los mismos: “Si caen muchos porotos de punta, nos quedamos con una parte, pero si no caen, no los retenemos”, dijeron... Y eso provocó la total, irremisible, indómita e impresionante revuelta del sector porotero.

La revuelta de porotos sorprendió al país y al mundo. Cortaban la calle, cortaban los caminos, cortaban las rutas, hasta la leche se cortó.

“Todos los porotos por nosotros”, era el grito de guerra agrario, que cambió el Grito de Alcorta por el de Figueroa Alcorta.... Con sus cacerolas, sus ollas y sus salsas, las señoras y sus cocineras salieron a la calle a protestar por el modelo: “Que se vaya, que se vaya, que se vaya”, era el grito común, aunque más de una no tenía muy claro quién tenía que irse... ¡es el efecto alucinógeno del poroto... ¡provoca cosas, provoca cosas! La gente se alporota, digo, se alborota y empieza a pedir que se vaya, que vuelva, que se quede, que sí, que no, que el mundo fue y será una porquería, que vuelva el pasado, que se vaya el futuro, que el país se transforme en Bélgica, “que la tortilla se vuelva, que los pobres coman paaan y los ricos mielda mielda” y todas las cosas que una semilla de poroto mal digerida puede provocar en el ser humano, y que no vamos a nombrar aquí por razones de buen gusto, o para no caer en la escatología, usted elige.

El asunto es que la retención del poroto creó flor de desporote, digo de despelote. El país cayó en el desconcierto, la gente no sabía si reemplazar el lomo por porotos, o los porotos por garbanzos. El Gobierno quería tranquilizar al pueblo “el que puso porotos, recibirá porotos”, pero las entidades agrarias insistían: “Nosotros queremos porotos de oro, y los queremos todos” “¡Que se vayan ellos!, decían (arriesgándose a que Piero les haga un juicio por plagio), “Y para que no crean que discriminamos, que se vayan ellos, ellas, y ella!”.

No se podía viajar a ninguna parte, pero por otra parte nadie tenía ganas, si en todos lados había lo mismo “¡porotos!”. “¡Ufa ma, otra vez porotos!” “¿Y qué querés, Luisito, si otra cosa no dejan pasar!”. Se temía que las vacas, ovejas, choclos, maníes bicicletas tomaran a su vez medidas por sentirse discriminados: “¡Ufa che, tanto lío por unos porotitos!”, pero la cosa no pasó a mayores, porque ya estaban en mayores.

Los poroteros insistían: “Queremos que el poroto sea el nuevo patrón monetario” “¡Queremos imponer la dictadura del porotariado!” “Seamos realistas, pidamos el fin de las retenciones” “Los muchachos porotistas todos unidos triunfaremos”. Y así.

Al final el Gobierno llevó el tema al Congreso y ahí el vicepresidente se apuntó un poroto de soja. A último momento, y cuando nadie lo esperaba, se hizo un análisis de porotemia y cuando todos le preguntaban cómo dio, él anunció: “No es positivo, no es positivo”. Antes ya había dicho que su cabeza le decía una cosa y su corazón le proponía lo contrario. Y finalmente parece que hizo un anunció que cambió radicalmente el panorama político nacional. Dicen que dijo: “Tengo que anunciar algo ... me llamo Cleto”.

Esa noticia desorientó al Gobierno, y a río revuelto ganancia de poroteros. ¿Ganancia? Más o menos, porque el poroto es como la venganza, un plato que se come frío. Bastó que el Gobierno les dijera “Ma sí, métanse los porotos en el silo”, para que el precio de la soja empezara a bajar, bajar y bajar”, como resultado de que en EE.UU. hubo una impresionante crisis inmobiliaria a partir de créditos truchos, que allí tienen el bonito nombre de “subprime”, aunque deberían llamarse “créditos basura” “negocio riesgoso”, “créditos a tasa Corleone” “hipotecas ‘que parezca un accidente’” y así.

Y todos sabemos que el precio del poroto de soja nacional depende en forma directa y exclusiva del éxito de las hipotecas truchas norteamericanas, así que no entiendo a quién pudo haber sorprendido esta crisis.

Más o menos para fines de abril hubo cambio de Fernández en el gabinete, y más o menos para julio hubo otro cambio de Fernández, para restablecer el equilibrio fernándico, que se había vuelto un poco inestable con tanta crisis. El Gobierno, en abril, se dio cuenta de que con tres Fernández no alcanzaba, y agregó un cuarto, pero en julio vio que 4 Fernández eran demasiados, y entonces reemplazó a uno. Podemos decir que seguimos bien de Fernández.

La oposición tuvo un impresionante protagonismo político, pero en una película que no vio nadie. Hubo miles, millones, cientos, decenas de actos, y como todo el mundo estuvo allí y se conoce los discursos, no vamos a repetirlos acá, no hace falta.

En el mundo también pasaron algunas cosas. Barack Obama es el primer presidente “no blanco” de los EE.UU. Bush en cambio es el blanco, de todas las críticas.

La última parte de este año está transcurriendo con una crisis que no se arregla ni con porotos. Todo el mundo está preocupado porque los bancos están perdiendo grandes fortunas... que raro esto, no, porque en general cuando todo el mundo pierde plata los bancos mucho no se preocupan; es más, suelen ser los bancos quienes ganan esa plata, pero ahora, si los bancos pierden, todos debemos preocuparnos, porque esa es la ley de la vida. “Si me mandan al banco voy contento, pero si no me mandan, voy triste.”

No sabemos todavía cuáles van a ser los efectos de la crisis en nuestro país, ya que Cleto no se hizo el análisis de “crisisemia”, entonces no sabemos si le va a dar “positivo” o no, y de eso depende todo. Por eso, hablaremos de esta crisis con más detalle (o, esperamos, con mucho menos, si no pasa nada) en 2009. Lo que es cierto es que deberíamos estar tranquilos, porque cuando una crisis afecta a la Argentina, el resto del mundo dice que es por culpa nuestra, así que ahora que la crisis afecta al resto del mundo, deberíamos decir que es por culpa de ellos y seguir tomando mate, comiendo asados y porotos de soja y jugando al truco y a la Bolsa lo más tranquis.

Los jubilados son todos estatales, así que la gente que se había comprado un jubilado y estaba esperando que aumentase para venderlo, lo va a tener que devolver. Las AFJP deben estar muy contentas, ya que van a zafar de tener que pagar jubilaciones, pero parece que no... Bueno, también tienen derecho a la neurosis. Aunque, que yo sepa, todavía no hay psicoanalistas de AFJP.

En este año pasaron muchas cosas más, muchas. Pasaron los Emos y los Floggers, Delia y De Angeli, Madonna y Moreno. La inflación y la inflación. Y mucho más, cosas buenas y malas. Y Masomenos. Incluso, a último momento, la eliminación de la tablita de Machinea nos hizo creer en Papá Noel, y la decisión de liberar a algunos represores, nos hizo descreer.

Nosotros tratamos, en este suplemento, de resumir con humor sólo algunas, poquitas cosas, de todo lo que pasó.

La seguimos el año que viene, lector.

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