satira

Yo quiero a Lola

Por Rudy

Hay modas, hay “ondas”, hay “fashion”; hay maneras de estar en el mundo más personales, y más impersonales. Hay gente que se quiere distinguir, y otros que piensan que la manera de distinguirse es que nadie las reconozca, ser igual que los demás. Hay gente que necesita tener lo que los otros tienen, y hay gente que necesita tener más de lo que los otros tienen. Hablar de “necesidad” en estos casos es metafórico, pero también es cierto que nos lo venden como necesidad, y más de uno/a cree que si lo/a/s tiene más chiquito/a/s que los demás, se va a quedar afuera (en algunos casos literalmente), va a ser discriminado o, y para algunos esto es peor aún, no va a ser tenido en cuenta.

Lectores, lectoras, lectoritos, parece que el tamaño... importa. ¿El tamaño de qué? De lo que uno tenga, o para ser más explícitos, de lo que uno tenga chico. O para ser más directísimos, lo que uno crea que tenga chico, o lo que uno crea que a los demás les va a parecer que uno tiene chico. O lo que a uno/a le dijeron que tiene chico/a. De la cabeza a los pies, deteniéndonos en otros sectores del cuerpo, particularmente sensibles a la grandeza y la pequeñez. Y sobre todo, si tiene que ver con lo sexual. Los varones nos las ingeniamos para mantener oculta nuestra pequeñez hasta último momento, y entonces ya es tarde. A esa altura, una de dos: o el tamaño ya no le importa, o el tipo ya no le importa. Pero las chicas, las mujeres, la verdad es que están más expuestas: los senos, las lolas, las tetas, las mamas, las mellizas, las gemelas, los pechos, son, muchas veces, lo primero que el varón ve... y otras veces, lo único que el varón ve. O lo que la mujer cree que el varón ve. O lo que los medios, sus amigas, los consultores fashion, o “los códigos” le dijeron que es lo que el varón ve.

Y entonces, muchas mujeres deciden que si quieren atraer a un varón, se tienen que hacer las tetas grandes. Y que si quieren rechazarlo, se las tienen que hacer más grandes todavía, inconmensurables, estratosféricas, de manera de poder rechazar cualquier insinuación desubicada mediante un tetazo que deje fuera de combate y de lugar al pretendiente no pretendido.

En cualquier caso, parece que “la estética” está de moda. Mujeres de todos los barrios, ciudades, países y planetas hacen la cola, y también la teta, esperando que su cirujano plástico tenga a bien transformarla en otra, en una que ella cree más atractiva, que es ella y no es ella a la vez. Que es una que ella soñó ser, o una que ella cree que los varones sueñan que sea.

Se trata de ser otro/a, de no ser más uno mismo. Y sin embargo, nosotros seguimos siendo nosotros mismos. No nos hemos puesto siliconas en nuestra cabeza, para que a la hora de pensar los chistes nos salgan “más grandes”. Y entonces, seguimos intentando atraerlo a usted, lector, a usted, lectora, y a ustedes, lectoritos, con nuestro humor, para ver si podemos mantener un vínculo que ya lleva más de 21 años. Eligiéndonos cada sábado.

Hasta la semana que viene, lector.

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