satira

¡¡¡Tres, dos, urna!!!

Por Rudy

Lector, el voto es secreto, obligatorio, único, especial, maravilloso, particular, expresionista, impresionista, surrealista, dadaísta, armónico, melódico, rítmico. El voto realza la natural belleza de piel, le da color a su pelo, le quita las arrugas del cutis, lo ayuda a eliminar esos molestos rollitos en la panza, le provee de vitamina B, previene embarazos no deseados y ayuda al buen desarrollo de los deseados.

El voto come, educa, cura: si usted sigue al voto, no lo va a defraudar. Dicen que el voto es aburrido, pero no, estamos condenados al éxito votando un país en serio.

Gracias al voto tuvimos campañas como “Tenga fe en la efe” (era Frondizi en el ‘58, no Francisco en 2009, ojo); “Con seis meses de colimba, Teddy o nada” (los demoprogresistas, 1963); “Herminio Iglesias, justicialista y trabajadooor, a votarlo compañero, a votarlo el pueblo entero, con Herminio triunfa el pueblo de Perón” (provincia de Buenos Aires, 1983); “Compañero, compañera, la elección ya está resuelta, ganaremos la primera y no habrá segunda vuelta” (Frejuli, 1973); “Con la G de grandeza, la O de orden, la L de liberación, la E de estabilidad, la S de seguridad, goles, goles, goles, para ganaaaaar... los argentinos, queremos goles, porque los goles son la verdad” (Nueva Fuerza, Alsogaray, 1973... sí, decía “Liberación”); “¡El pueblo reclama pacificación, Balbín solución, Balbín solución” (UCR, 1973); “Ezequiel Martínez, presidente joven, sabe y puede” (1973, sosteniendo la candidatura del brigadier E. Martínez).

Hubo un tiempo que fue hermoso y hubo jingles de verdad. Ahora hay mediatismo, sonrisas odontológicas, mucha promesa de Paraíso y de Apocalipsis, y la presencia del candidato en la tele reemplaza al acto masivo en el que por lo menos te daban una hamburguesa de origen no necesariamente vacuno, pero a nadie le importaba.

¡Hagamos que el acto electoral sea trascendente, lector! Exijamos a nuestros políticos buenas promesas, buenos jingles y hamburguesas para todos! Así podremos decirles a nuestros hijos: “No somos ricos, no somos lindos, no somos rubios, ¡pero somos divertidos!”. Y para que todos los gobernadores del mundo, yanquis, europeos, yemenitas o congoleños, se enamoren de una mujer argentina, ¡las más lindas del mundo! (Si esto le suena delirante, lector, es que usted no leyó las declaraciones de algunos candidatos).

Hasta el sábado, lector.

¡Vote bien, vote con salud!

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