satira

Habemus disco

Por Rudy

Lector, ¡estamos contentos! ¡Nos encanta que la gente se exprese! ¡Que baile, que recite, que bese, que abrace, y sobre todo... que cante! Porque como decía una vieja canción popular ( bueno, era de la tele, así que era popular) “pueblo que canta, sus males espanta”, y porque cantando se puede pedirle a Dios que la guerra no me sea indiferente, o pedirle al viento que le diga a la lluvia que al final mi nido destruirá, o preguntarle al psiquiatra “por Dios qué me has dao que estoy tan cambiao no sé más quién soy”, se puede cantar con esperanza “amanecida como un querer”, o con “bronca y junando”. Uno le puede cantar a su “Buenos Aires querido cuando yo te vuelva a ver, no habrá más penas ni olvido”, pero también a su “Santiago querido, Santiago adorado, contigo he soñado y tú a mí me has dado todo lo más puro de mi corazón” o a “Puerto Mo-o-ooo-nt” o a “Niu York, niu Cork”, o a la casita de mis viejos, al bulín de la calle Ayacucho, al pisito que puso Maple en Corrientes 248.

Se le puede cantar al amor, al “rencor, amargo rencor”, al miedo, al dolor. Uno puede ir al médico y explicarle que “de cada amor que tuve, hoy tengo heridas” o al cardiólogo “ya no estás más a mi lado, corazón”, o al dentista “herida la de tu boca, que lastima sin dolor”, puede hacer ofertas de mercado “Yo vendo unos ojos negros”, hablar de política “hoy un juramento, mañana una traición”, de los pactos electorales (hace falta que te diga que me muero por tener algo contigo), de la inseguridad “por ser bueno, me pusiste a la miseria, me dejaste en la palmera, me afanaste hasta el color”. Puede quejarse a Macri por el mal estado de la ciudad “Caminito que el tiempo ha borrado, la casa tenía una reja pintada con quejas”, de los cortes de energía “Y todo a media luz”, de todo.

Sí, en Sátira nos encanta que la gente cante, exprese sus opiniones y sentimientos. Porque, cantando, no hace mal a nadie. O, en todo caso, hace mucho menos mal que, qué sé yo, invadiendo, decretando, estableciendo normas que le complican la vida a mucha gente, prohibiendo.

Por eso está muy bien que el Papa cante y esperamos que éste sólo sea el inicio, queremos el CD de Obama (Dont cry for me, Afganistán), el de Putin (Kiss my balalaika) el de Berlusconi (Bambola, fa cosí), el de Chávez (Bolivarian Top Hits), el de Fidel (Caminito al socialismo que el tiempo ha borrado), El de Carrió (Apocalypse now!), El de D’Elía (Ritmo piquetero) el de Fino (Rock de la cárcel). Y muchos más, muchos más.

Y nosotros, como siempre, cantamos bajo la ducha, y hacemos chistes para usted, lector

Hasta el sábado que viene.

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