satira

La casa estaba en orden

Por Rudy

¡¡Veinticinco años, lector, un cuarto de siglo!! Y nosotros, y usted (o mejor dicho, usted está incluido en ese “nosotros”), seguimos compartiendo sábado a sábado la tragicomedia nacional, continental, mundial, universal, si quiere estratosférica, que supimos conseguir.

SátiraI12 salió al mundo el primer sábado de septiembre de 1987 (¿Rompió el cascarón? ¿Fue parto natural? ¿Cesárea programada?), y no fue un nacimiento fácil. Sus padres éramos primerizos, y no sabíamos qué hacer con este ser que trajimos al mundo, del que nos debíamos ocupar, que semana a semana nos reclamaba alimentos y que, desde el indicio, se mostró muy interesado por conseguir la sonrisa, la risa, la carcajada, de cuantos se hallaran a su alrededor.

Por supuesto que ese nacimiento nos colmó de alegría, al tiempo que nos asustaba. ¿Con qué alimentarlo? ¿Que límites ponerle? ¿Qué consejos seguir y cuáles desechar? ¿Tiene frío, tiene hambre, tiene sueño, se está haciendo encima, hay que cambiarlo, hay que educarlo, hay que dejarlo que haga su experiencia, hay que mandarlo a terapia? Preguntas, preguntas, preguntas que no tienen respuesta, cosa que no nos angustia (al menos, no más), ya que hemos descubierto que tanto Sátira como su padres amamos las preguntas, las disfrutamos, y nos gusta mucho

que las preguntas nos lleven a otras preguntas, y así.

Por supuesto que después del “caos de nacimiento”, muy poco después, descubrimos que “toda criatura necesita un cierto orden”, incluso para poder transgredirlo. Entonces nos planteamos dedicarnos a “un tema por semana”, como manera de darle cierto encuadre, de que todos entendamos de qué estamos hablando. Y así fue, así es, desde hace 25 años hasta acá.

Y en este cumple, en este aniversario, nos dieron ganas de recordar. De recordar juntos, lector. De recordar lo que pasó, y lo que nos pasó. Por eso pergeñamos una serie de cinco “suples aniversario”, para abarcar, cronológicamente, un lustro (5 años) en cada uno.

En este primer número vamos a tomar el período 1987-1992.

En 1987 existía la URSS, Menem era gobernador de La Rioja, Alfonsín era Raúl, y era Presidente, nadie tenía celular y muchos estaban en el plan Megatel para conseguir teléfonos, que –dicho sea de paso– eran nacionales, como el gas, la luz y la nafta (que volvió). Ronald Reagan no era Nixon, y el Irangate no era el Watergate, los contras azotaban Nicaragua, y el discurso de Fidel en Cuba todavía no había llegado a los 30 años.

En España el socialismo proponía estar en la OTAN, y Saddam Hussein era buen, muy buen, amigo de EE.UU. y de la URSS, porque el malo era el ayatolá. Irak peleaba contra Irán, y llamativamente esta vez la letra “k” era apoyada por los conservadores. La glasnost y la perestroika no eran vintage, y en Paraguay presidenciaba Stroessner desde hacía 35 años. Los carapintadas conseguían betún importado y obediencia debida. Y con el peronismo unido, el ’89 era “pan comido”.

En 1988 empezó el invierno del Plan Primavera, hubo Olimpíadas en Seúl, en Villa Martelli “lamentablemente gracias a Dios no hubo víctimas” (histórico fallido). Alfonsín fue silbado en la Rural por quienes 23 años después aplaudirían a Alfonsín (pero Ricardito), Bush padre gana las elecciones en EE.UU., que pierden las elecciones.

En el año de gracia, o de desgracia de 1989, el ayatolá confunde a Salman Rushdie con un país extranjero, y le declara la guerra. El “carachazo” es el preludio de varios “azos” más. Nicholas Brady propone un plan para salvar a los bancos, a pesar de que no estaban en riesgo de extinción. En la Argentina, el lema “ni yanquis ni marxistas, neoliberales” hace furor, y gana las elecciones un candidato que propone un dólar recontraalto, el salariazo, la revolución productiva y “no hacer nada de lo que prometí” (aunque esto último lo dice en voz bajita). La híper-súper-mega inflación está a la vista, pero nadie la ve porque hay cortes de luz. El Muro de Berlín se cae a pedazos y “hasta que cada uno no haya recibido un cascotazo, nadie tiene derecho a recibir dos”.

En 1990 la Argentina sale subcampeón del Mundial Italia ’90, y Alemania sale campeón, lo que demuestra que no había dos zonas, “acreedores” y “deudores”. “El que puso australes, recibirá bónex”, parece ser el lema del país. En el fixture de guerras, a Irak le toca, después de Irán, EE. UU., pero deciden postergarla hasta el ’91, por el mal tiempo. Menem manda a sus opositores a “la vereda de enfrente” y decide privatizarla, como a todo lo demás. Los carapintadas aprovechan el día que viene Bush a la Argentina para rendirse.

En 1991 el Monstruo de Economía se llama Mingo. Propone que la Argentina vuelva a tener peso, y la moneda nacional sea el dólar, pero de otro color. La convertibilidad nos convierte en... ¡no, mejor no digo en qué nos convierte, usted ya lo sabe, lector! EE.UU. e Irak pueden jugar finalmente su guerra, y todos saben quiénes pierden. Se anuncia la desregulación, por lo cual todo lo que hasta entonces era “regular” ahora pasa a estar “mal”.

En 1992... bueno, de 1992 hablamos la semana que viene.

¡Feliz cumple, lector!

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