satira

All you need is light

Por Rudy

¡Lector, lectora, lectores, empieza la primavera! Y éste es un hecho inexorable, más allá de lo que diga la oposición. Que seguramente va a señalar que llegó “a pesar del Gobierno”. Que debería haber llegado antes, y que el Gobierno debería haber previsto la llegada, y que el Estado no le saca a la primavera el provecho que la coyuntura internacional permitiría. Y que nadie sabe cuántos funcionarios se están aprovechando de la llegada de la primavera para disfrutar del sol que pagamos entre todos. Y que no es justo que los que no trabajan tenga la misma primavera que los que sí lo hacen. Y que el Gobierno puso a propósito las elecciones en octubre para que caigan en primavera, así la gente se olvida del frío y los vota.

Y podría pasar que desde algún sector oficialista se lance el plan “primavera para todas y todos”, y se suba el “mínimo no abrigable” en varios grados centígrados, para que los que menos sobretodos y bufandas tienen no deban usarlos. Mientras que otros paguen el “impuesto al calor agregado”. Puede pasar. O no.

Lo cierto es que, como cada 21 de septiembre, es el Día de la Primavera, y del Estudiante. Y hay picnics, en los que las chicas llevan la comida, los chicos, la bebida, todos llevan repelente para los mosquitos, algunos/as llevan preservativos, y lo que está muy bien es que también llevan la alegría, la juventud, los ideales, la energía, los ipods, los ipads, los celulares, y todo eso que no puede faltar en un picnic de estos tiempos.

Todo es más complejo, lector, en los tiempos que vivimos y, a la vez, más superficial. O eso parece. Y lo más importante es lo que parece, ya lo sabemos. Aunque no nos guste.

Si un Premio Nobel de la Paz dice que puede atacar otro país para que no se ataque a sí mismo, millones de personas se lo creen. O hacen como si se lo creyeran. El resultado es similar. Y alguno alza la voz diciendo: “Che, ¿no van a hacer lo mismo que en Vietnam, en Irak, no?”. Y ellos: “Nooooo, vamos a ser cuidadosos, o en todo caso vamos a bombardear solamente a los que se lo merezcan. O en todo caso, después vamos a pedir disculpas”.

Y uno se pregunta: “¿Quién decide que otro merece ser bombardeado?”. “El Premio Nobel de la Paz.” “Ah, bueno, entonces nos quedamos tranquilos.”

Y seguramente ya estarán vendidos los derechos de la televisión, y la película, y el videojuego. Que ahora se pierden el negocio, porque todo se postergó por mal tiempo político.

¿No le suena absurdo todo esto, lector? Sí, ¿verdad? Quizá se trate de tiempos difíciles. Bueno, ¿cuáles no lo fueron? ¡Acaso los troyanos no la pasaban mal, con los griegos sitiándolos 10 años seguidos? ¿O los griegos de Leónidas, los famosos “300” de la película, cuando todo el ejército imperial persa se le tiró encima? Y de ahí, para acá.

Pero, dicen, las cosas antes eran más pesadas. Ahora se puede hacer la guerra sin moverse de su casa, e incluso perder su casa sin necesidad de ir a la guerra. Basta con que el Premio Nobel de la Paz decida que su casa es un arma de destrucción masiva.

Y después los medios sospecharán del gasista, o del encargado de su edificio. Y todos tendrán sus 15 minutos de fama, aprovechando que se vienen las elecciones y hay que disimular que nadie tiene una idea que valga la pena debatir.

O si la tienen, la guardan bien guardadita para cuando estén, ya electos, ocupando su silla en el Congreso. Si es que ése es un buen momento para sacarla. Porque por ahí, ya que es la única idea, vale la pena guardarla para las elecciones de dentro de dos años. Y así.

Todo superficial, todo liviano, todo light. Porque viene la primavera y hay que estar más liviano. Porque lo liviano tiene más aceptación. Consigue más “me gusta”. Más seguidores, más contactos, más tuits. Y ésa es la medida de la aceptación. “¡Vos querrás cambiar el mundo, pero yo tengo más tuits!”

La dieta, la terapia, la pareja, la política, la economía, la vida light. De eso se trata este suplemento. Y nosotros, como siempre, presentes a la hora de su desayuno de sábado, con nuestras medialunas, tostadas o ensaladas de fruta. Pero siempre, tratando de hacerlo reír.

Hasta la semana que viene, lector.

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