satira

A la derecha de su pantalla

¿Cómo le va, lector, cómo anda? Sí, ya sé, no hace falta ser telépata
para saber que usted, nuestro lector, se esta preguntando:
“¿Otra vez lo mismo?, ¿no les había respondido ya?, ¿por qué insisten,
por qué gastan papel que podrían destinar al pago de las jubilaciones,
o a pagarles a los fondos buitre –aunque usted, nuestro lector,
eso último no lo piensa– para averiguar algo que ya sabían?
Bueno, lector, no se lo tome a mal, los balotajes son así: son como
los obsesivos... Te vuelven a preguntar lo mismo, y uno vuelve a responder,
aunque no necesariamente de la misma manera.
Porque ahí está su ventaja, lector. Nosotros le preguntamos la misma
cosa, pero usted tiene todo el derecho del mundo a sorprendernos
y sorprenderse, cambiando a gusto su respuesta. y logrando que
los que hacemos este suplemento renunciemos a ser “boca de urna
de sus estados de ánimo”.
Usted puede decir que:
■ “Bueno, el sábado pasado me sentía solidario, nacional y popular,
pero éste me siento individualista y egocéntrico, debe ser porque vino
de visita mi suegra, y no me la banco.”
■ “La semana pasada les dije que estaba bien, fantástico, que mejor
era un lujo, que todo era maravilloso, y era lo que sentía de verdad.
Pero consulté con mi párroco y él me dijo que en realidad todo eso
era falso, que era una manera de sobreadaptarme a la realidad que no
quería ver, que formaba parte de una imagen que yo quería darles para
que ustedes me quisieran y me dieran más bolilla que a sus otros
lectores.”
■ “La otra vez les dije que estaba razonablemente bien, sin apuros
económicos, pero ahora me entró la duda. ¿Ustedes no mandarán este
suplemento a la AFIP? ¡Y si después vienen ellos y me dicen que
de acuerdo a mi declaración jurada de buenos humorespersonales yo
debería estar triste, incluso deprimido? ¿Y si dicen que de ninguna
manera mis ingresos anímicos declarados dan como para que pueda
decir que estoy bien? Así que para compensar les voy a decir que estoy
‘como el tujes’ más o menos durante un cuatrimestre, según me lo
sugirió mi contador... de chistes.”
Y así podríamos seguir, y seguir, y seguir.
Pero, lector, entendemos su aburrimiento frente a la pregunta que
se repite. Le pedimos, por nuestra parte, que entienda usted nuestra
necesidad de saber de usted, porque no lo queremos perder, ni como
lector ni como comprador de este diario, ni como amigo, ni como
cliente, ni como votante. Usted nos elige sábado a sábado, y nosotros
tenemos que cuidar a nuestro electorado.
Ahora, si usted nos reclama. ¡Pero, bueno, esto ya me lo preguntaron
hace poco, ¿para qué de nuevo?! Ahí le vamos a pedir que lea el
diario atentamente, no el de hoy sino el de estos días, y se va a dar
cuenta.
Pero si no se da cuenta usted se lo decimos nosotros en una sola
palabra: “Grecia”.
A ver si soy claro, y se lo cuento como si fuera una fábula de Esopo:
“Hace muuuucho tiempo, o muy poco tiempo (sabemos que el concepto
de tiempo es relativo), había un país que invadió a otro, se llevó
toda la plata que había y le dio un pagaré que decía ‘Auvidersen’ o
‘Reclamenshtung tzu magoyentzung’ debidamente firmado por las autoridades
del momento, que cordialmente les comunicaron al país
‘prestamista’ que no debían preocuparse, ya que el dinero estaba garantizado
por el pueblo (no aclaraba si el pueblo invasor o el invadido,
pero ya somos grandes para saber por cuál).
El tiempo pasó, el invasor-deudor se fue, perdió la guerra y se dedicó
a enriquecerse de diversas maneras, ya sea:
1. olvidarse de las deudas contraídas,
2. excusarse con que “fue otro régimen con el que no tenemos nada
que ver”,
3. pedir perdón, pero no a los acreedores sino a los que tengan la manija
ahora y puedan presionar adecuadamente o incluso
4. decir ‘lo pasado... ¡¡pisándensen, auvidersen, olvídensen!!’.
Pasó el tiempo (¿¡pero qué cosa con este tiempo, no hace más que
pasar y pasar!?) y los viejos deudores del ayer, tal vez para redimirse
de sus malos actos, se dedicaron a prestarles dinero a los países más
pobres que ellos, que no tenían otra opción que aceptarlo, y devolver
mucho más, porque así vienen los préstamos, eso lo sabemos todos.
Y los viejos acreedorópulos del ayer se transformaron, por arte de
mágiensen, en deudoritakis.
Y... no me lo van a creer, pero ¡volvió a pasar el tiempo!
Y en el país antes acreedor ahora deudor surgió un gobierno nuevo,
popular, que frente a las demandas de sus viejos deudores, hoy acreedores,
les recordó los viejos tiempos. Y los nuevos acreedores los
miraron con una sonrisa, del tipo de esas que hacen los Corleone
cuando te quieren indicar que ‘si no les pagás, ya sabés’. Mientras
que les explicaban que “ las deudas hay que pagarlas, sobre todo
cuando ustedes son los que deben, y nosotros somos los que cobramos”.
Los nuevos deudores decidieron llamar a un referéndum en su propio
país (no tiene sentido llamarlo en el país acreedor, o en Júpiter,
donde los resultados serían aleatorios), y la gran mayoría, coincidiendo
con los deseos del gobierno deudorópulos, dijo “¡Eneo..¡NO!”.
Y frente a esa respuesta, el gobierno popular se paró altivo ante sus
acreedores, y con su expresión más valiente y corajuda, les dijo: “Sí,
okey, cómo no, ya va”. Ahí mismo les pagamos “o algo parecido, podrá
el lector entender nuestra dificultad en entender griego, alemán o
deudor.. Para nosotros, Sí quería decir Sí, y No, quería decir No en
cualquier idioma.
¿O será que escuchamos mal, leímos mal?
Por las dudas, volvemos a preguntar.
Y acá en Buenos Aires pasa algo parecido. Les vuelven a preguntar
a los votantes qué prefieren, porque no pueden creer lo que votaron
hace 15 días, o por algún otro motivo.
Nosotros de eso no sabemos nada, o si sabemos no lo decimos, ya
que estamos en veda.
Pero de eso trata este suplemento.
Hasta el sábado.

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Sábado, 18 de julio de 2015
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