satira

Gastópollis

¿Cómo le va, lector, cómo está? ¿Está ahí? ¡Ojo, no confundir esta
inocente pregunta satiresca con el “tajai” Massivo (con dos
eses, por Massa), que quiso ser masivo con una sola ese, pero finalmente
fue más Ivo, por Ivo Cutzarida, que llegó a ser candidato en las
PASO, aunque por otro partido.
No, lector, nuestra pregunta no es partidista, de ninguna manera,
aunque sí puede llegar a ser política, depende de cómo se la considere.
Ya sabemos que todo puede ser pensando como político, sobre todo
por los políticos, filosófico por los filósofos y económico por los psicoanalistas,
o los economistas, que no son lo mismo, aunque a veces...
Bueno, entonces, lector, volviendo a nuestra pregunta iniciática, queríamos,
queremos, saber, si usted esta ahí. O sea, acá.
Si está con nosotros, si su mente, su cuerpo, su espíritu, o lo que sea
que usted considere que es, está presente.
¿A qué viene esta absurda pregunta de sábado a la mañana?, podrá
preguntar usted. Y seguramente tendrá razón.
Pero, bueno, coincidirá usted con nosotros, espero, que vivimos en
un mundo lo suficientemente absurdo como para que podamos decir
“una mancha más qué le hace al intendente de Tigre”.
O sea. O no sea. Esa es la cuestión.
Insistimos, lector, si a usted lo que acaba de leer le parece absurdo,
el domingo pasado, a la noche, usted estaba en otro país. No estaba
acá.
Pero si estaba, y apostemos a que estaba, al menos con su atención
puesta en los avatares políticos de nuestra patria, y de la ciudad que es
su capital, coincidirá usted con nosotros en que ciertos discursos superan
nuestros absurdos a lo largo, a lo ancho, a lo alto, a lo rico, a lo
gordo, e incluso a lo absurdo.
Tanto así que algunos colegas comenzaron a hablar del “Che Mauricio”,
mientras que otros prefieren mencionar a “San Mauricio Liberal,
patrono de los humoristas”, ya que con sus palabras preclaras, con su
discurso cuasi revolucionario en medio de tanto conservador atónito,
nos aseguró, a los que tratamos de vivir de hacer chistes, un material
preciso y precioso.
¡De verdad, lector! ¿Lo vio?
¡En medio de la multitud retardataria que festejaba el triunfo pero no
tanto, o la derrota con suerte, o “la jugarreta berreta de Larreta”, en
medio de tanto simpatizante desorientado, que no sabía si arrojar globos
amarillos al aire o salir volando atado a ellos, llegó el Comandante
Mauricio y mandó parar.
“¡Se acabo lo que se daba!”, podría haber dicho, aunque en ese caso
hubiera sido coherente con su ideario anterior, ya que la idea que sostuvo
su movimiento, y lo llevó hasta donde estaba, era, justamente, no
dar nada, salvo que se lo pidiera un juez, de ser posible desde Nueva
York.
Sus hombres y mujeres, aquellos que lo siguen desde hace años,
que lo acompañan en su derrotero amarillo lleno de matices privatizadores,
aquellos que hincharon su pecho con orgullo al oírlo decir que
había que privatizar Aerolíneas (aun si ya estaba privatizada), que había
que volver a las AFJP, que el agua, el aire, la tierra y el fuego podrían
ser mejor administrados por quienes quisieran obtener ganancias personales
por dicha administración, de pronto, ¡se tuvieron que morfar,
ellos también, tremendo sapo!
Un Mauricio inédito, irreverente, inesperadamente inesperado, lejos
de festejar que su partido sigue teniendo la mayoría de las acciones del
gobierno de la capital, lejos de ese discurso que tantos votos le había
valido, ¡se volvió populista, estatista y asistencialista!
¡Hasta pidió que enviaran al Congreso proyectos de ley... que ya habían
ido al Congreso y ya habían sido aprobados! ¡No importa, siempre
está bueno reforzar las ideas, acompañar los proyectos populares,
mostrar que él forma parte del campo nacional y popular... ¡bueno, del
campo!
Por supuesto que a los que estaban allí, que esperaban un gran
triunfo y se encontraron con uno irremediablemente pequeño, la cosa
nos les gustó ni un poquito. Silbaron, reventaron globos, vendieron acciones,
y si hubieran tenido a mano la Marcha neoliberal, la hubieran
cantado con furia.
Pero nosotros tenemos fe de que todo cambiará, Es más, debimos
haber sospechado que, cuando el comandante Mauricio llamó “Cambiemos”
a su movimiento, estaba latente la idea de que el cambio comenzara
por él mismo, para dar un ejemplo a los demás. De hecho,
muchos de sus seguidores le habrán hecho caso y cambiaron... su voto
de primera vuelta. O habrían votado en blanco, como él mismo lo sugirió.
Estas dos ideas, nacidas del corazón, del riñón, del pulmón, de la tiroides
o de la barba durán del macrismo, explican el resultado de las
elecciones pasadas.
Si el mismísimo líder llama a “Cambiar” o a votar en blanco, es lógico
que sus seguidores lo hagan. Y no, como algunos medios claramente
antimacristas se animaron a sugerir, que el triunfo ajustado se debía a
que los votantes se habían ido de vacaciones de invierno. ¡Cómo se
atreven a manchar de esa manera la trayectoria militante de un movimiento
que desde hace 8 años gana las elecciones en la Ciudad? ¿Cómo
pueden tachar de irresponsables a aquellos que desde hace tanto
tiempo eligen globos amarillos con el optimismo de la voluntad de mercado?
No, ésa sí que se cae, ¿verdad lector?
Bueno, más allá de eso, es cierto que las vacaciones de invierno se
han instalado y acá las tenemos. Y hay que ocuparse de los chicos.
Por eso, justamente, le preguntábamos a usted, al inicio, si estaba acá
leyendo, o tratando infructuosamente de entretener a seis criaturas.
De esto último trata este suplemento.
Hasta la semana que viene.

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Sábado, 25 de julio de 2015
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