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Viernes, 30 de mayo de 2008

A LA VISTA

Caminos que conducen a Roma, atascados

 Por Juan Tauil

Quienes estuvieron en el Día del Orgullo Gay en Roma coinciden en que su colorido no tiene nada que envidiarle a los carnavales de donde sea, que la emoción que se siente se compara a la de los estadios de fútbol del clásico que fuera y que si tuvieran que imaginar cómo fue la fiesta inolvidable, se la imaginan así, con miles de personas, entre romanxs y turistas, convocados por 50 organizaciones civiles.

Pero ahora desembarcó en Roma Gianni Alemanno, ex neofascista, quien enfundado en su flamante traje de alcalde comenzó con la tarea de “limpiar” las calles de la mítica ciudad. Primero —y fue noticia estos días— empezó expulsando sistemáticamente a los inmigrantes ilegales y, ya que estamos, creyó conveniente borrar del mapa todo lo que “molesta” al italiano de “buenas costumbres”, y entre este ejercicio de limpieza se encuentra la marcha del orgullo, a la que tilda de “exhibición sexual y contra la que creará una fórmula para que este espectáculo no ofenda a nadie. Todo tiene que ver con todo. Con esto, no quiere “que ningún homosexual se ofenda”, claro. ¿Alguien lo pretende acusar de homofóbico? De ninguna manera. “Respeto a las personas homosexuales, conozco a algunas y no estoy diciendo que se las va a discriminar. Pero opino que el día del orgullo es otra cosa, un acto sexual, una exhibición. Y yo estoy en contra de toda exhibición, ya sea homosexual o heterosexual.” Aquí resulta interesante el nivel de corrección política que está aprendiendo a manejar la derecha a nivel discursivo, que se traduce en invisibilidad, atropellos y violación de los derechos humanos a nivel operativo. En otras palabras, sus dichos confirman la hipótesis del mexicano Carlos Monsiváis sobre la lógica reaccionaria: “Para la derecha, lo indecente no es la práctica de un acto sino su exhibición o sus indicios”. Por su lado, el ex diputado socialista Franco Grillini declaró: “Sabíamos que a la derecha italiana, que es la peor de Europa, siempre le molestó esta demostración. Para esta gente, existe el ‘buen homosexual’ y es aquel que se esconde y no defiende sus derechos” —y seguramente es del tipo que conoce el alcalde—. ¿Puede un hombre pequeño cambiar la marcha de la historia? Si no de la historia, al menos ha conseguido cambiar el curso de la marcha que la última semana parece haber encontrado destino en San Pablo, Brasil, donde todo es grande, lo más grande del mundo. Y de eso se jacta el intendente de esa ciudad: tres millones y medio de personas bailaron su orgullo queer para sentar un record y de paso convocar a los y las turistas expulsadxs del viejo continente.

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