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Viernes, 11 de diciembre de 2009

LUX VA A HUMAN CLUB

Material humano

Discoteca nueva, ubicación privilegiada frente al río, no apto para veranos enredados en este otoño tardío que obliga a seguir saliendo con bufanda. Qué importa. Lux estuvo allí, recién bajadx del avión que lx trajo desde NYC, para notar que si bien humanxs sobran, lo único que paga es el cyber.

No me había terminado de sacar de encima el jet lag que me quedó tras el vuelo que repatrió mi zarandeado cuerpo desde la ciudad de Nueva York (lo primero que hice, sí, no bien puse un pie en Ezeiza, fue sacarme de encima unas latas de caviar que le había robado a una azafata desprevenida, y que por el peso hicieron que la tanga que yo tenía puesta se convirtiera en un calzón XXL), cuando Juancito, mi mejor amigo gay, me llamó para darme la bienvenida. “¿Vamos a Human hoy?”, me dijo cuando la conversación ya declinaba, sin que al principio yo entendiera del todo (en parte por el sopor sabatino, pero también por el Rivotril que me había tomado) si su propuesta tenía que ver con alguna mesa redonda sobre Derechos Humanos en algún centro cultural, o con algún lugar del circuito gay que, entre tantas invitaciones que recibo a lugares del circuito ídem, se me había pasado por alto. “Es una discoteca que abrió hace unos meses en Punta Carrasco y que se llena de gente”, alcanzó a decirme antes de que le cortara el teléfono y le dijera que sí, que contara conmigo, más por las ganas de reanudar mi siesta que por deseo genuino. (Rectifico: primero le dije que sí y después le colgué el teléfono). Lo cierto es que el sábado, una vez más, allí estaba yo, lookeadx con cuanto trapo me había traído de NY, poniéndole el cuerpo al ventarrón que venía del río ya que Punta Carrasco, para quien no sabe, queda en la Costanera. Y si este sábado no fue precisamente un anticipo de los calores que se esperan para esta temporada (una marica insolente pretendió ver en mi piel de gallina signos de celulitis: “¡Antes muertx!”, le dije con cara de pocxs amigxs), el verano llegó de golpe cuando entramos a Human y vimos, valga la redundancia, el material humano que había. A Juan —casi un habitué en la corta historia de esta discoteca— obviamente no le sorprendió tanto como a mí ver tanto chico lindo, tanto musculito suelto, tanto gay descamisado moviendo las caderas al compás de la música electrónica. Eso, mientras estuvimos en la pista principal, ya que en la pista número 2 el calor del pop y de la música latina encimaba aún más los cuerpos sudorosos, los que podían desahogarse dando apenas un paso en dirección al patio de palmeras (si no eran palmeras, le pego en el tronco, digo, en el palo) con privilegiada vista al río. Tal imprecisión botánica la atribuyo a que mi visión XRay de Súpercronista no estuvo tan pendiente de detalles de este tipo, sino más bien de las miradas que iban y venían. Miradas que en pocas ocasiones, según mi contabilidad, pasaron a mayores. “¡Hay que besarse más!”, grité en un momento de desesperación y fueron pocxs los que reconocieron la cita encubierta. “Acá se hacen todxs lxs lindxs y después salen y se van corriendo al chat para regalarse con cualquiera”, dijo un muchacho al pasar, con tono de resentimiento en su vocecita. “Y bueno, ¿qué otra salida queda?”, le dije cuando empezaba a amanecer a Juan, a punto ya de dejar un surco de tanto yirar en el patio. Y ahí nomás partimos, temerosos de que la luz del alba pulverizara nuestros cuerpos vampirescos, al primer cibercafé que nos salió al paso. El en una máquina, yo en la de al lado, unidxs en un chat frenético, como dos buenxs amigxs.

HUMAN CLUB
AV. COSTANERA NORTE Y AV. SARMIENTO

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